PICAS FORESTALES

La palabra Pica de amplio uso en las comunidades rurales de Venezuela designa a “un sendero provisional abierto en un lugar montuoso”, tal como nos enseña Don Lisandro Alvarado en su Glosario de voces indígenas de Venezuela. Es voz de uso frecuente que en otros diccionarios la señalan como sinónimo de Trocha. Con tal significación se emplea también en Colombia y Ecuador. La historia patria la registra en 1821 cuando Páez para apresurar su entrada a la gloria de Carabobo atraviesa la nombrada Pica de La Mona que une a Nirgua y Valencia. También la historia y la geografía señalan que en 1940, el explorador y baquiano amazonense Melicio Pérez inició la apertura de la llamada “Pica de los Piaroa” que uniría a Puerto Ayacucho con Manapiare sobre un trayecto de 170 kilómetros, la cual serviría de guía para la apertura de la carretera. En el ámbito jurídico se usa con propiedad este vocablo tal como se muestra en el artículo 35 de la Ley Forestal de Suelos y Aguas: Cuando se trate de la apertura de picas, ordenadas por la autoridad judicial en juicio de deslindes ….. En otro contexto esta palabra se utiliza para referenciar las áreas de investigación en las que se ubican ensayos de diferente índole como los de la Pica 8 de la Estación Experimental Caparo o la Pica Garciera, del bosque universitario Caimital. Por último, no podía faltar la exaltación de las picas en el ámbito de la poesía popular como se muestra en los versos arvelianos: por estas picas tan solas; por la pica de una canta; se me cerraron las picas. etc., o bien en coplas populares, como las referidas a los peligros que encerraba la montaña de San Camilo y que conllevaban a la pérdida de los baquianos: Se metió montaña adentro - Por una pica que había.
Se ha escogido el nombre de PICAS FORESTALES para identificar esta página dado que la connotación de la expresión se compagina bien con la trayectoria seguida por el responsable de la misma en sus faenas forestales que a la vez acompañaba con la de baquiano, a lo largo y ancho del país. Bajo esta fundamentación se presenta una serie de relatos originados en las experiencias acumuladas en una cincuentena de años de trajín en la ruralidad, en un entorno lleno de picas que se entrecruzaban en uno u otro derrotero y de cuyo tránsito brotaron centenas de anécdotas

24 septiembre 2018

ROMANCE A ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA



Foto tomada de Vivencias Llaneras

Omar Carrero Araque
Baquiano
2018


¡Grita!, grita siempre Ángel Custodio
Con ese grito certero



Hoy 24 de Septiembre se cumplen 33 años del regreso al seno de la tierra de Ángel Custodio Loyola, el más grande de los cantadores llaneros, el mismo que cambió su propio su grito de arreo por ese Tañío con el que precede al canto recio, un Tañío que ahora retumba en los confines de las dos orillas del legendario Arauca. 

El cantador había nacido en Mata Arzolera, un caserío enclavado en los bajiales del suroeste guariqueño, vecinito del punto de enlace de las planitudes de Guárico, Barinas y Cojedes. En este rincón dio sus primeras correrías como cantor cuando apenas era un mozalbete de 14 años. En sus  coplas viejas recuerda los rincones que dieron los primeros cincelazos en su alma. Allí quedaron para siempre los nombres de Mata Arzolera, La Unión, Ave María Sanchera, Boca del Pao, Mata Oscura, Fangurrial, Oliveros y Corocito, entre otros. 

Para recordar al cantador en esta fecha luctuosa se escogió el poema que abajo se presenta, cuya versión original fue grabada, en tono de exaltación, por Víctor Morillo. Se plasma en estos versos el perfil del cantador, a quien se le debe haber iniciado y avivado la conversión de Venezuela en un país musicalmente llanero.

(Nota: No se pudo conocer el autor del poema, pero considerando su estructura métrica así como el lenguaje y las expresiones allí plasmadas, se apunta hacia Manuel Graterol Santander (Graterolacho) como su autor. Si alguno de los lectores conoce el nombre del compositor, se le agradece hacerlo saber).


ROMANCE  A  ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA

Llanero te  bautizaron
De pura cepa llanero
De la punta del talón
A la copa del sombrero
De la silla, del caballo
De la totuma, del rejo
Del corral hasta el caney
Y del relincho cerrero
Eres como el viento libre
Que fecunda los esteros
Y que galopa en el llano
Sin rumbo ni paradero
Como galopan los astros
Por las sabanas del cielo
Ángel C. te bautizaron
En la capilla del pueblo
Y del llano, en el registro
Tu  procedencia escribieron
Para que todos conozcan
Cuánto vale un guariqueño
Qué muere por su palabra
Aferrado a un sentimiento
Venezolano, criollo
Patriota ciento por ciento
Tu corazón es el llano
Y del llano es tu lamento
Tu bandera es la sabana
Y tu escudo, el llano adentro
Tu himno, la libertad
Que vocalizan los vientos
En los bordones del arpa
Tiples de un seis por derecho
Del pajarillo sus alas
Llevas el trino ferviente
Del  seis por numeración
Audacia y temperamento
De la Quirpa, su coraje
En las coplas y en el verso
Que brotan como el arroyo
Del manantial de tu pecho
Tigre de Masaguarito
Del llano el cantor más recio

De la soga su abanico
Llevas el grito altanero
Del paisaje, sus creyones
De la llanura, el estero
De la patria cuando gritas
Al adiós de tu pañuelo
Encarnas con el pasado
Con ese grito guerrero 
Astucias de  Vuelvan Caras
De las Queseras del Medio
Ángel Custodio Loyola
Cantador y parrandero
Venezuela te conoce
En todos sus paralelos
Y no hay rincón de la patria
Donde no cuaje tu verso
En frutos de admiración
Del cariño y del aprecio
Tu retrato, Ángel
Tu retrato es el retrato
Que distingue a los copleros
Una soga y un caballo
La cobija y el sombrero 
Un corazón en el alma
Prendido del lado izquierdo
Por  donde corren arterias
Con  la sangre de mi pueblo 
¡Grita!, grita siempre Ángel Custodio
Con ese grito certero
Grito de revolución
De libertad y  derecho
Que mientras el pajarillo
Brote y brote de tu pecho
Loyola será Loyola
Del llano, el cantor más recio



Para oír el Romance:


https://www.youtube.com/watch?v=YefT_TmEnBY 





12 septiembre 2018

LAS ACEQUIAS DE PEDRAZA



Algunas partes de este relato se visten de imaginación y abren la puerta para posibles y muy bien aceptadas correcciones.
LAS ACEQUIAS DE PEDRAZA
Fotografía tomada de: venelogia.com
Omar Carrero Araque
Baquiano
2018

El primitivo distrito Pedraza en el estado Barinas con una superficie de 14.300 Km² colindaba en su frontera noroccidental con los cerros andinos, de cuyo flanco se desprendían profusas corrientes de agua, tal vez en el más alto número que registrara distrito alguno en Venezuela. Entre las más importantes pueden señalarse a Navay, Caparo, Otopún, Yaure, Suripá, Santa Bárbara, Pajén, San Antonio, Capitanejo, Chameta, Quiú o Mene, Zapa, Michay, Batatuy, Mirí, Socopó, Bumbúm, Ticoporo, La Acequia, Canaguá, Curbatí y Pagüey. Tal profusión de afluentes le ganó a este Distrito el emblema de “Capital de los Ríos de Venezuela”.
Entre estos ríos llama la atención uno identificado como La Acequia, que comienza su descenso desde los 3.600 m en la mole andina hasta la planicie barinesa. Su caudal claro e impetuoso que se ha hecho muy conocido entre los amantes del deporte conocido como “rafting”, pues antes de tocar la tierra plana, presenta largos trechos de saltos y rápidos que lo hacen especial para la práctica de ese difícil deporte.
Llama la atención que un río de las características del mencionado, con abundante y atropellado caudal sea llamado acequia, cuando este nombre se aplica a una zanja o canal por donde corren aguas de riego. Desde siempre había buscado una explicación a tal singularidad hasta que encontré un libro de la Profesora Marlene Páez que podría dar luces al respecto. De la lectura del libro se logró conocer que a comienzos de Siglo XX era práctica común entre los grandes propietarios de tierras del Distrito Pedraza la apertura de zanjas para llevar agua desde un río hasta sus terrenos de cultivo. Estas zanjas se conocen con el nombre de acequias.
Se cuenta que entre estos propietarios figuraba el señor Silvestre Bazán, rico propietario, a quien sus vecinos llamaban afectuosamente “El Conde de Ticoporo”. Este caballero, en su oportunidad, mandó a abrir una de estas acequias para regar sus extensas plantaciones de cacao. A su muerte, sus descendientes descuidaron “la boca” de la acequia al no darle el mantenimiento necesario, lo que ocasionó un creciente agrandamiento de este boquete original.
Se produjo así el aumento progresivo del caudal desviado, que a la final terminó por torcer el cauce primitivo del Ticoporo, llevando a este río a la condición de Madrevieja. Esta desviación debió haber ocurrido a finales del siglo XIX y comienzos del XX porque ya en 1909, según cita esta autora, la “Madrevieja de Ticoporo” aparecía como referencia limítrofe en documentos de registro de propiedades. Al parecer la acequia abierta ahora convertida en río conservó este nombre hasta convertirse más tarde en el Río La Acequia.
Así vemos que con esta denominación, después de abrirse paso por entre cubarrales y platanillales y haber capturado otras corrientes menores, se llega hasta el poblado de Mijaguas. Después de este punto geográfico toma el nombre de Anaro con el cual rinde sus aguas al Suripá. Del Ticoporo viejo sólo quedó una Madrevieja, con aguas corrientosas en época de lluvias. 

Se señala en el trabajo de la Profesora Páez que el Ticoporo antiguo, es decir el anterior a la desviación, fue navegable hasta un punto conocido en ese entonces como Puerto de Sumba. Se presume que este puerto era un activo enlace comercial entre Pedraza y otros lugares de la república.

Además del nombre impropio que este caudaloso río luce, ocurre también algo curioso dado que al parecer su nombre se origina en la tierra plana y con él remonta hasta la cumbre. Cuando La Acequia pasa bajo el puente en la Troncal 5, ya lleva las aguas del Sinigüís, un río más caudaloso que sin embargo cede su nombre ante la corriente creada por el “Conde de Ticoporo”.
Puente Viejo. Fotografía tomada de barinas.net.com

Este relato tal vez explique la razón del “inapropiado” nombre que luce este río, visitado por numerosos deportistas y temporadistas, el cual además conserva como hito histórico, un puente de la época de Juan Vicente Gómez.



Consultas en:
Páez, Gladys M. 1993. Pedraza de Barinas. Fondo Editorial Tropykos. Caracas. pag. 53.

Nota: Madrevieja es el nombre con el que se conoce en el llano al antiguo cauce de un río, generalmente de aguas estancadas.

18 agosto 2018

CHIPOLA



CHIPOLA
Nuestra Chipola se parecía a esta lámparita indonesia
Foto tomada de pankajagrawalji.blogspot.com



Omar Carrero Araque

Baquiano
2018


Chipola es una de esas palabras a la que podríamos catalogar de “endémica” pues su uso se restringe a un espacio bien definido y estrecho: los espacios rurales del Llano.


Las acepciones que se presentan en los diccionarios siempre hacen referencia a  “sones y bailes populares” – “aire popular de movimiento vivo, muy usado en nuestros campos” o “aire musical folclórico del género del joropo, de ritmo rápido, que se canta y se baila”. 

Como se ve la palabra chipola está unida invariablemente al ámbito musical, sin embargo cuando se revisa la poesía de Alberto Arvelo Torrealba vemos como el bardo barinés, en algunos pasajes, utiliza este término con  significados diferente al del mero aire musical. Por ejemplo: 

“y de encendidas chipolas – que el rancho del peón alumbran”. Vemos cómo en esta copla se relaciona explícitamente al término chipola con la luz y no con la música, al igual que ocurre en un verso en el que se expresa: “no quieres que me trasnoche – con chipola ni atarraya - sígueme cuando me vaya – en vez de tanto reproche”. 

Estas últimas alusiones trajeron a mí memoria momentos de mi muchachez allá en la casa sabanera: Recordé por ejemplo que un recipiente hecho con una totuma redonda o con una concha de coco se llenaba de un combustible, generalmente aceite, sobre el que “nadaba una araña” de corcho encima de la que se colocaba una mecha de encendido. 

Se tenían entonces así unas lamparitas para el alumbrado nocturno, que se colocaban sobre repisas en los horcones esquineros. Eran éstas las encendidas chipolas a las que aludía el poeta al momento de alumbrar el rancho del peón o la enramada del pescador en noches de atarrayeo. 

Pero también se aprecia otro sentido que la palabra Chipola adquiere en algunos versos de Don Alberto: “Chipolita, Dios te guarde, sola por chaparral….”

Aquí vemos que el término hace referencia a una joven, en clara recordación a una costumbre pueblerina, ya en desuso, de apodar Chipola a una de las niñas nacidas en un hogar, generalmente la primera, en alusión a la luz que esa “lamparita” con su llegada, traía a la casa.

¡Tan oscuro Chipolita – con mi cuatro y tú tan lejos!




02 agosto 2018

LOS "LLANEROS-GUATES" DE LOS LLANOS MONTAÑOSOS DE BARINAS Y APURE: LA COMUNIÓN DE DOS CULTURAS






LOS "LLANEROS-GUATES" DE LOS LLANOS
MONTAÑOSOS DE BARINAS Y APURE:
 LA COMUNIÓN DE DOS CULTURAS




 Omar Carrero Araque
Baquiano
2016


Los espacios de Caparo y San Camilo que ocupan el rincón occidental de Barinas y Apure están montados sobre un escenario llanero-piemontano caracterizado por la presencia de bosques estacionales, sabanas, calcetas, esteros, y al oeste, a lo lejos, la azulada silueta de la serranía. 

Por la presencia de espesas selvas, los pobladores originarios designaron a estos lugares como “llanos montañosos”, en el entendido que estos pobladores llaman “Montaña” a los bosques. La proximidad de esta zona montañosa a las llanuras sabanosas de Venezuela y Colombia, así como al piedemonte andino y a la propia cordillera, conllevó desde tiempo remoto, al establecimiento de un intercambio comercial y cultural entre estas regiones, aprovechando los rumbos de la sabana y los muchos caminos de agua que allí existen. 

Estos movimientos se registran desde la época de la conquista con las expediciones de los Welser (Nicolás Federmann, 1535-1538), Hernán Pérez de Quesada y Ambrosio Alfinger (1530-1541); Alonso Pérez de Tolosa, Pedro de Limpias, Diego de Losada (1547) y desde de Nueva Granada, con el viaje exploratorio de Ruiz Maldonado en 1538, que cubrió la ruta Bogotá - Tunja y navegando por el Arauca llegaba al río Sarare, (1) ese transitar se originó el comercio ganadero entre el Virreinato y Venezuela, y es precisamente en el suroeste del territorio tachirense, en donde entronca el  camino ganadero se comenzaba en El Tocuyo. 

De todos estos caminos ganaderos, el de mayor figuración en la región fue el establecido a mediados de 1800 entre Guasdualito y San Cristóbal, con un recorrido de unos trescientos kilómetros, de los cuales uno 130 cruzaban la selva de San Camilo.(1) 

En 1960 se pone en servicio la carretera nacional de los Llanos (Troncal 5), con una derivación hacia Guasdualito, originando el nacimiento o la consolidación de pueblos como El Milagro, Ayarí, El Piñal, Abejales, San Antonio de Caparo, Guacas de Ribera, Santa Cruz de Guacas y El Cantón. Se produce un flujo de la población andina (Venezuela y Colombia) hacia el suroeste barinés, donde buenas tierras aparecían como ociosas. 

Se trocó el orden establecido por las poblaciones autóctonas que habitaban en la poligonal Guasdualito - Pedraza- Santa Bárbara-El Cantón El Nula-Arauquita. Llegan nuevas influencias que modifican la manera de usar la tierra, hábitos alimenticios, formas de construcción de viviendas, dialecto y léxico, con tal fuerza que hoy se hace difícil encontrar en la zona gente de autóctona baquía, notándose que sólo los pobladores más viejos guardan en su memoria la visión de esa realidad casi desaparecida.

En el contexto actual, el hombre y la mujer que habitan el área de las reservas forestales de Caparo y San Camilo, así como de sus zonas de influencia, reflejan la mixtura del llanero con el andino, dos identidades disímiles, hechura de entornos diferentes. 

El llanero como tal, apareció después que el llano, pues como lo señala Rago (2), cuando los europeos entran en contacto con el mundo americano, el Llano ya existía como realidad geográfica, pero los aborígenes que lo habitaban no eran llaneros. "El término Llanero, según el mismo autor, aparece por vez primera en los trabajos de Humboldt quien los ubica en los inicios de la guerra independentista: "Hombres desnudos hasta la cintura y armados con una lanza recorren a caballo las sabanas f... J. Estos hombres pardos, designados con el nombre de peones llaneros, son unos libres o manumisos, otros esclavos".  

El Llanero se formó al integrarse el indígena con el español y más tarde con el negro. La llegada del ganado vacuno y caballar, así como de algunos instrumentos musicales como el arpa, el cuatro y la bandola) y los bailes ajustados a su música; así como también la formación de estructuras económicas como la hacienda, el hato y el conuco, terminaron de forjar al hombre llanero. 

El llanero se conjuga con el caballo para formar una alianza que a decir del Poeta Luis Alberto Crespo (3) es “la única que es viable en una tierra armada de colmillos y pezuñas en el monte y en el caño, de cuchillos y puñales en el chiribital y los coñales. Apenas lo hizo suyo, el llanero sabía que era su casa errante”     
 
De las actividades prioritarias de la hacienda y de su vida cotidiana, se fue formando una estructura social que viene a definir al llanero veguero y al llanero de sabana. El veguero trabaja la agricultura de subsistencia en las costas de los ríos (vegas). Mientras tanto el hombre de sabana desarrollaba su oficio sobre un caballo y siempre trabajando con el ganado, en unos trabajos de cuya ejecución se originaron los nombres de los oficios de hato: caballicero, becerrero, caporal, el cabrestero, puntero, traspuntero, chocoteros, guisa y el blanco o el dueño. 

Con excepción del dueño todos los demás trabajadores llevaban un modo de vida que rayaba en el nomadismo puesto que nunca se apegaban a un sitio, siendo empujados por  su espíritu errabundo que los llevaban de hato en hato para después volver a su "punto de arranque". Este sistema de trabajo conllevó a que el llanero nunca se preocupara por tener un pedazo de tierra, pues mantuvo la idea de que “el Llano, todo era de ellos”, por lo que sentían la necesidad de tener un documento de propiedad. (4).           
 
El andino por el contario ha estado ancestralmente arraigado a un pedazo de tierra a la  que trabaja con esfuerzo y dedicación generándose en él, un sentido de pertenencia y originando los rasgos de topofilia que lo caracterizan. La permanencia en el sitio le creo baquía sobre su espacio con la cual desarrolló métodos de manejo de los recursos y respeto por la naturaleza. Los ríos, las plantas, los animales y la tierra no le fueron ajenos sino que se juntó a ellos en un sincretismo que atávicamente se mantiene.   
 
El andino logró crear una cultura como resultante de su interacción con el ambiente, la cual podría resumirse bajo un patrón general visualizado a través de las manifestaciones tecnológicas que implementó para manejar su medio: Construcciones de piedras, terrazas agrícolas o andenes, silos subterráneos o mintoyes, acequias, domesticación de plantas (maíz, ruba, tachure, papa y yuca) y animales, santuarios, templos, fortificaciones en los cerros, puentes colgantes y momificación (5).               
 
Las montañas que componen un encierro virtual para el hombre y la mujer del ande, el frío como acompañante perpetuo y el velo neblinoso que limita y distorsiona el panorama, fueron moldeando un espíritu taciturno, melancólico y pensativo que manifiesta intensamente en su expresión cultural a través de su cosmovisión, de donde nace su religiosidad, su denuedo, su música, su arquitectura y su oralidad, entre otras. 
 
El espíritu del andino lo han comparado con volcán dormido pero que al erupcionar se hace indetenible tal como lo atestiguan las andanzas de los guerreros andinos en las montoneras de las centurias pasadas.     
 
La fundición de estas dos etnias resultó en la configuración del hombre y de la mujer de suroeste apureño-barinés conocidos en el bajo llano como los Llaneros-Guates, con rasgos fisionómicos alejados del perfil indígena que caracteriza a los sabaneros. Los llaneros-guates aparecen en Guasdualito y en todos los pueblo aguas arriba. Se conformó con esta mixtura a un ser apegado a la tierra que trabajan con ahínco como agricultores y como vaqueros, que se yerguen desafiantes sobre la bestia caballar, semejantes a un centauro, porque en la tierra plana y abierta el caballo es movilidad y es prestancia.  

El Joropo y el vallenato comparten igual preferencia. Aparecen nuevas palabras y acentos como resultado de la fusión del léxico y del dialecto. Con  los elementos de construcción se tiene que la palma como techumbre y el bahareque en las paredes se conservan preferentemente entre la gente de escasos recursos, mientras que la teja y la tierra pisada o los bloques, son usados por los pudientes. En cuanto a la gastronomía puede  señalarse que ahora se tiene un mejor balance en el consumo de carbohidratos y las proteínas de origen animal puesto que antes,  los llaneros comían mucha carne y los andinos, mucha harina. A la dieta diaria se integran los Caldos antes rechazados por los llaneros, así como la yuca y los topochos que suplantan a las arepas de trigo y al apio.

Como elementos comunes a ambas etnias se mantienen: el apego al trabajo, la unión familiar, el patriarcado, el amor a la libertad, las creencias religiosas y animistas, las fiestas y el baile, la caña clara e indudablemente el galanteo y el amorío. 


Consultas en: 
1.- Maldonado D, Héctor A 2003. Caminos, ganadería, comercio y poblaciones andinas entre Venezuela y Colombia. Siglos XVI-XX. Aldea Mundo Año 8 Nº 15
2.- Rago, V. 1999. Llano y llanero: Contribución al estudio del forjamiento de una Imagen.
Boletín antropológico nº 45 enero – abril, 1999, ISSN 1325-2610. Centro de Investigaciones Etnológicas – Museo Arqueológico – Universidad de Los Andes –Mérida.
3.- Crespo, Luis A. Loa al Caballo Llanero
4.- Pérez, H. 2007. La hacienda y el hato en la estructura económica, social y política de los llanos colombo-venezolanos durante el período colonial. Procesos Históricos. Revista Semestral de Historia, Arte y Ciencias Sociales Número 11. Enero 2007. Mérida-Venezuela. Universidad de Los Andes - Universidad Autónoma de Bucaramanga (Seccional Yopal). Institución Educativa Braulio González (Yopal). [publiop@hotmail.com]
5.- Suárez, N. 2001 Espacio, tiempo y cultura: Encuentros y desencuentros de la memoria prehispánica andina de Venezuela. - Revista de Historia Año 6. Volumen 6. Nº 11/12. Enero-Diciembre, 2001.
Glosario
Baquía: Conocimiento práctico de un lugar o de un arte
Becerrero: Peón que en los hatos cuida de los becerros o que en las faenas de ordeño deja pasar al becerro que el ordeño pide con coplas. Por lo general son jóvenes. "No puede ser Caporal quien no haya sío becerrero" 
Blanco: Propietario del Hato
Caballicero: Persona que en los Hatos y Fundos se encarga del cuidado de los caballos ejecutando además aquellas labores relacionadas con los caballos y con atajos.
Cabrestero: Peón a caballo responsable de guiar rebaños de ganado. Se apoya en cantos y silbidos.
Caldo: Especie de sopa poco espesa que se tiene al hervir en agua, las  carnes, granos o verduras. “llanero no come caldo ni pregunta por caminos” dice un refrán sabanero.   
Caporal: Capataz en un hato ganadero
Chocotero: Persona que ayuda a la Cocinara, por lo general un muchacho o mozalbete.   
Coñales: En las lejuras de llano se llama así a un lugar remoto, agreste y poco confortable dado su ambiente adverso.
Guate: En los llanos occidentales de Apure, Barinas y Portuguesa, persona venida de la cordillera andina de Venezuela o de Colombia, no acostumbrada al ambiente del llano.
Guisa: Cocinera. Término utilizado en el alto llano barinés y apureño.
Puntero: Este es otro nombre del Cabrestero. Guía las “puntas” o manadas de ganado
Ruba: Tubérculo comestible semejante a la papa que sirvió de alimento a los indígenas de los páramos andinos venezolanos. Pertenece a la especie Ullucus tuberosa  
Tachure: Voz quechua que identifica a una planta de color morado, de usos tintóreos y medicinales, también conocida como Tuatua  (Jatropa gossypifolia). Originó el nombre del estado Táchira.
Topocho: Variedad de plátano o cambur que da un fruto más pequeño cuya “concha” se hace notoria porque la unión de sus carpelos forma 3 filos. En Zulia se conoce como Tres Filos.  
Traspuntero: Los traspunteros son peones a caballo que ayudan a conducir los rebaños de ganado. Se sitúan a ambos lados de la manada, detrás del Puntero.