PICAS FORESTALES

La palabra Pica de amplio uso en las comunidades rurales de Venezuela designa a “un sendero provisional abierto en un lugar montuoso”, tal como nos enseña Don Lisandro Alvarado en su Glosario de voces indígenas de Venezuela. Es voz de uso frecuente que en otros diccionarios la señalan como sinónimo de Trocha. Con tal significación se emplea también en Colombia y Ecuador. La historia patria la registra en 1821 cuando Páez para apresurar su entrada a la gloria de Carabobo atraviesa la nombrada Pica de La Mona que une a Nirgua y Valencia. También la historia y la geografía señalan que en 1940, el explorador y baquiano amazonense Melicio Pérez inició la apertura de la llamada “Pica de los Piaroa” que uniría a Puerto Ayacucho con Manapiare sobre un trayecto de 170 kilómetros, la cual serviría de guía para la apertura de la carretera. En el ámbito jurídico se usa con propiedad este vocablo tal como se muestra en el artículo 35 de la Ley Forestal de Suelos y Aguas: Cuando se trate de la apertura de picas, ordenadas por la autoridad judicial en juicio de deslindes ….. En otro contexto esta palabra se utiliza para referenciar las áreas de investigación en las que se ubican ensayos de diferente índole como los de la Pica 8 de la Estación Experimental Caparo o la Pica Garciera, del bosque universitario Caimital. Por último, no podía faltar la exaltación de las picas en el ámbito de la poesía popular como se muestra en los versos arvelianos: por estas picas tan solas; por la pica de una canta; se me cerraron las picas. etc., o bien en coplas populares, como las referidas a los peligros que encerraba la montaña de San Camilo y que conllevaban a la pérdida de los baquianos: Se metió montaña adentro - Por una pica que había.
Se ha escogido el nombre de PICAS FORESTALES para identificar esta página dado que la connotación de la expresión se compagina bien con la trayectoria seguida por el responsable de la misma en sus faenas forestales que a la vez acompañaba con la de baquiano, a lo largo y ancho del país. Bajo esta fundamentación se presenta una serie de relatos originados en las experiencias acumuladas en una cincuentena de años de trajín en la ruralidad, en un entorno lleno de picas que se entrecruzaban en uno u otro derrotero y de cuyo tránsito brotaron centenas de anécdotas

02 febrero 2018

ADIOS AL PROFESOR JOSÉ R. “COCO” GUEVARA


ADIOS AL PROFESOR JOSÉ R. “COCO” GUEVARA
(una despedida que se nos antoja de ficción)
Después de 38 años dedicados a la enseñanza botánica y por consiguiente a favor del lado verde de la tierra, decide su retiro oficial del trajín docente. Este retiro se hace efectivo, hoy 2 de Febrero de 2018, el Día de La Candelaria, al cumplirse 38 años de su apostolado universitario.
Omar Carrero Araque
Baquiano
2018

José Remigio Guevara González, nuestro homenajeado en el día de hoy, nació el primer día de octubre de 1952 en el entonces pequeño y rural pueblo de Cagua. La llegada del párvulo rellenó de alegría el hogar conformado por León Guevara y Dolores (Lola) González. 

Su infancia la vivió feliz entre trompos y papagallos así como su juventud temprana  a la que disfrutó plenamente en excursiones que, junto a sus amigos, organizaba hacia el cerro El Empalao y a las vecinas playas caribeñas de Cata y Ocumare, o también en travesías hacia Puerto Maya; además fue un crónico acompañante de sus tíos, comerciantes de ganado, hacia a las desplegadas sabanas apureñas. La contemplación del campo y su gente, le fue despertando interés por los entornos naturales y sociales. 

La visión de la anchura tanto del mar como de la llanura, así como el esfuerzo requerido para el remonte de las crestas, le fueron moldeando su espíritu de libertad y de lucha. La visión de un mundo más allá de la Cagua pueblerina la fue adquiriendo con sus tempranos viajes a la Capital, pero también con la lectura de libros y revistas que vendía Don León, y con las nocturnas entradas al cine Azteca, cuyo acceso estaba bajo tutela de su progenitora. Su pasaje por la escuela primaria, por lo inobediente de su espíritu, fue un hecho cuasi dramático, De estos trances se recuerda su remoquete de Coco, su suspensión en el tercer grado y el dominio, que sobre él, por fin ejerció la severa Maestra Amelia Dorta. El Liceo Rafael Hernández León le abre sus puertas y allí se distingue por su inteligencia, una condición que al ser percibida por el Profesor Gilberto García, inclinó a este docente a darle su mano como Tutor. 

Ya con el lauro de bachiller sobre sus sienes y sintiendo la cercanía de la Universidad Central, mira hacia la Escuela de Comunicación Social, cuyo acceso desde Cagua era expedito para la época. Su debut como “periodista” se vio truncado por el allanamiento que sufrió esta Casa de Estudios al considerársele como un foco urbano de la guerrilla. Este acontecimiento, vista la incertidumbre sobre la apertura de las aulas ucevistas, lo hace voltear hacia occidente, hacia los campus de la Serrana Altiva. 
Es así como un día llega a la neblinosa ciudad de Mérida en busca de una  carrera universitaria que le valiera para un ejercicio profesional vinculante con el lado rural  que resaltaba  en sus improntas. Allí estaba la Escuela de Ingeniería Forestal que les ofrecía sus aulas, sus laboratorios y sus estaciones experimentales, todas impregnadas con los bálsamos del bosque. Fue así como, en medio de penurias económicas, se vio un día frente a Marcano-Berti, a Rodríguez Poveda, a Jesús Bolaños y a Jorge Virigay, entre otros muchos, atesorando información y experiencias. 

Su paso por el herbario el 1 de Diciembre de 1977, en su condición de Auxiliar, le despertó el interés por la ciencia de Tírtamo, el filósofo griego que hizo la primera clasificación de las plantas y que por la gracia que ponía a sus clases, fue apodado Teofrasto por  su Maestro Aristóteles (en eso de la gracia, cualquier parecido con la coincidencia es pura realidad). Su aprieto económico alivió un poco más al abrirse un concurso para una Preparaduría en Botánica en el que resultó ganador a medias, pues uno de sus rivales lo igualó en calificaciones, por lo que debió compartir su sueldo con aquél. 

Como Preparador trabajó bajo la orientación de los profesores Rubén Hernández Gil, Clemente Hernández Peña y Luis Marcano-Berti, en las materias de Fisiología Vegetal, Botánica Sistemática y Dendrología. Las actividades prácticas en el campo le sirvieron para reafirmar su vocación forestal, sobre todo aquellas realizadas en la Estación Experimental  Caparo, por ser ésta la única en la que se desarrollaba un proyecto de investigación forestal que entroncaba las diferentes disciplinas de esta ciencia, incluyendo la botánica. Por fin, el siete de diciembre del año 79, termina los estudios de pregrado que lo llevan a ser reconocido como Ingeniero Forestal. 

Después de un breve lapso de búsqueda de trabajo fuera de Mérida, es llamado a la Facultad para  ejercer la docencia, firmando el Contrato el 2 de Febrero de 1980, una fecha especial para él  en su condición de creyente, por el simbolismo del encendido de la luz. Así comienza su labor como docente, en cuyo cabal cumplimiento se paseó por las asignaturas de Botánica Sistemática, Dendrología y Ecología Vegetal, mientras que en el Postgrado BOTANE de la Facultad de Ciencias, fue responsable del Curso sobre “Inventarios de Flora y Vegetación”. 

En Caparo fue Coordinador Proyecto Área de Estudios Ecológicos y de Reserva Biológica, y en Guri, dentro del Programa EDELCA-ULA, Coordinó el sub-proyecto Inventario Florístico.

Su reafirmación como Botánico está fundamentada en los estudios de Postgrado y de Doctorado, realizados el primero en la Universidad Central de Venezuela y, el segundo, en la Universitat de Valencia (España). La investigación sobre “Recursos fitogenéticos y relaciones florísticas de la flórula arbórea de las comunidades forestales en la Estación Experimental Caparo, estado Barinas”  y una “Propuesta de Clasificación Biogeográfica para los Llanos del Orinoco, Venezuela” fueron los meritorios trabajos de investigación que le permitieron acceder a la maestría y al doctorado respectivamente. 

Su hambre de conocimientos lo empuja hacia la realización de diversos cursos atañidos  al campo botánico como los de Taxonomía Avanzada, Técnicas Moleculares aplicadas a la Taxonomía y a la evolución de las plantas superiores, Actualización en Manejo de Herbarios, Colecciones de Germoplasma y Recursos Fitogenéticos, y por último, sobre la Conservación de los Recursos Naturales y Equilibrio Ecológico en Venezuela. El Herbario MER “Carlos Liscano” ha sentido su mano conductora desde las posiciones de Curador, unas veces y Director, en otras. En otra oportunidad presidió la Asociación Venezolana de Herbarios.

Todo este esfuerzo del Profesor Guevara no ha sido en vano, pues además de sus Pergaminos de Aula Magna, en varias ocasiones ha recibido reconocimientos como el de Estímulo a la Investigación y de Promoción al Investigador. En Congresos de Botánica, nacionales e internacionales, ha sido Coordinador o Expositor.

Su gusanillo de pensador no le ha permitido quedarse estático ni mucho menos atrincherarse sólo en la botánica, pues otros campos del saber le han despertado su interés, colándose en ellos por la menor rendija. Es así como, gracias a su afán y a su memoria portentosa, lo encontramos montado sobre las plataformas de la ecología, la biodiversidad, la fitogeografía, la astronomía, la religión, las bellas artes, la historia, la astrología, la mitología, la música y las ciencias místicas; moviéndose con propiedad y honestidad en estas ciencias o artes.

Después de 38 años dedicados a la enseñanza botánica y por consiguiente a favor del lado verde de la tierra, decide su retiro oficial del trajín docente. Este retiro se hace efectivo, hoy 2 de Febrero de 2018, el Día de La Candelaria, al cumplirse 38 años de su apostolado universitario.


Hoy con este manifiesto le damos la despedida a nuestro Profesor Guevara, con un adiós que se nos antoja ficticio, pues su figura, sus enseñanzas  y sus lecciones, al igual que la lista botánica del Papiro de Ebers, perdurarán por los años de los años.  

22 enero 2018

LUCERO DEL ALBA


LUCERO DEL ALBA         
“Bien tarde de madrugada y antes del amanecer
hay una estrella que brilla y no puedo dejar de ver”
(Rubén Edgardo Sánchez)
 
El Lucero del Alba fiel compañero de la Luna
 Foto: Stormvisuals.com
El planeta Venus se ha ganado un puesto importante entre nosotros los habitantes de la Tierra por la manera como este cuerpo celeste se nos muestra. Desde la órbita en la cual nos movemos podemos apreciarlo dos veces al día, una en la mañana y otra en la tarde, siempre destacándose por un llamativo fulgor que sólo es superado por el del Sol y el de su compañera, la Luna. 

Al igual que el Sol aparece por el Este y se oculta por el Oeste, adelantándose en su aparición al astro rey, y por las noches, a la luna. Su visibilidad tanto en la mañana como en la tarde no pasa más allá de las tres horas. Cuando aparece en la mañana se le llama Lucero del Alba y cuando lo hace en el anochecer, se conoce como Estrella de la Tarde o Vespertina (1). 

En ambos momentos es el primer astro en aparecer, pues tanto en las mañanas como en la tardes, antecede al sol o a la luna. La espléndida visión de este lucero ha conllevado a su consideración especial por las distintas civilizaciones que han hecho vida en la tierra, impulsando a muchas religiones a considerarlo como un mensajero celestial. 

Los griegos de la antigüedad lo llamaron Phosphoros y Hesperos pues creyeron que sus dos apariciones diarias se correspondían con dos cuerpos celestes diferentes. Los Egipcios lo llamaron Shu (Estrella de la Mañana); los Aztecas Tlahuizcalpantecuhtli, (El Señor de la Casa del Amanecer); los Eslavos lo consideraron como los dioses Zoria y Danica (Estrella de la Noche y Estrella de la Mañana, hermanas mayores del Sol); para los Chibchas o Muiscas era el Dios Fagua (Lucero de la Alborada) y en la tradición nórdica, este lucero personificaba a Aurvandil o Earendel, uno de sus dioses (1). 

Entre los toltecas existió la leyenda de Topiltzin, un niño que por haber sido recibido por el lucero más brillante de todos, es decir el Lucero de la Mañana, se convertiría en el guía de su pueblo hacia un ansiado periodo de paz (2).            

De las interpretaciones que se han hecho de sus apariciones en la biblia han surgido visiones contrastantes, pues en algunos apartes aparece como una representación de Nuestro Señor Jesucristo, mientras que en otras aparece ligado al Ángel Rebelde. Igualmente, en antiguas tradiciones católicas se le une a La Virgen del Carmelo pues su luz guía a los marineros a puerto seguro (1). Parece que por esta última visión le ha valido el nombre de Lucero de La Oración.  

En Latinoamérica, particularmente en las zonas llanas, el asomo del astro sobre el horizonte ha sido objeto de diversas interpretaciones. Se le identifica como el Lucero del Alba o de la Tarde, dependiendo por supuesto del momento de su aparición. Cuando lo hace en la mañana, a eso de las 4, señala la llegada de la luz pues su visión anuncia el claror del día. Algo similar ocurre al final de la tarde cuando a eso de las 5, presagia la llegada de la noche y la refulgencia lunar, y un poco más tarde, del “rebaño de estrellas”. 

Esta última expresión ha servido para que los llaneros del llano occidental, lo hayan apodado “Puntero”, como el vaquero que en los trabajos de llano antecede a los rebaños o “puntas de ganado” que guía hacia los corrales. Es con este sentido que el poeta Arvelo Torrealba, al “pintar” el escenario por donde cabalga el legendario coplero Florentino Coronado, señala: “Puntero en la soledad – que enluta llamas de ayer” ( 3), en un símil que muestra al lucero vespertino medio encubierto por la humareda provocada por las quemas del día anterior, que le merma esa claridad a la que aluden algunas coplas de Maestros como Antonio Estévez en sus Cantos de Ordeño (4); Simón Díaz en Mi Querencia (5) y el mexicano Rubén en La Madrugada (6):   

“Lucero de la mañana
préstame tu claridad para seguirle los pasos
a mi amante que hoy se va”

Esta copla, que con algunas variantes corre en algunos países de América latina dentro del cancionero popular, aparece registrada en Venezuela desde 1903 con la publicación de “Trescientas Cantas Llaneras” de Carlos González- Bona -1837-1911- (6) . 

En las faenas hateras del llano “viejo”, el ordeño se comenzaba a eso de las 4 de la mañana, cuando este astro mostraba su mayor brillantez. En a esta hora cuando comienza su labor el ayudante del Ordeñador, por lo general un mozalbete cuyo oficio se conoce como Becerrero , por lo que el lucero es conocido también con este nombre.             

Por último vale señalar que en las Fundaciones llaneras, como muestra del cariño que se tiene por animales de corral, es costumbre “bautizar” con el nombre de Lucero a los caballos y los toros madrineros que tengan una mancha blanca en la frente, pero es en la vacas de ordeño donde este calificativo gana más acercamiento y familiaridad por el sentido canto del ordeñador cuando es alumbrado el Lucero del Alba.        

Ponte, la vieja Lucero, Lucero,
Lucero de la mañana,
de la mañana, Lucero
Lucero
(Jesús Quintero, "Matanegra")

Consultas en:

1.- Lucero del alba-wikipedia. https://es.wikipedia.org/wiki/Lucero del alba
2.- 'Topiltzin. ://www.informador.com.mx/.../publican-topiltzin-la....
3.- Arvelo T, A. Florentino y El Diablo. Vitrales Editorial. Caracas 1985
4.- Canto de ordeño (Antonio Estévez) - ://www.cancioneros.com/.../0/canto-de-ordeno-antonio-estevez
5.- La copla en México - https://books.google.co.ve/books?isbn=9681212991
6.- González-Bona, C. Trescientas cantas llaneras. (1837-1911) Primera Edición 1903 Fundación Cultural Barinas 2004





10 diciembre 2017

LOS CANTOS DE FAENA O DE “TRABAJO DE LLANO”.

El cambio de la realidad socio-económica en los llanos ha afectado el manejo tradicional del hato  llanero. Las alambradas, las carreteras y la energía eléctrica han ido borrando algunas prácticas de trabajo como la trashumancia, el ojeo, las picas, el arreo, las veladas, entre otras.  Con el “viaje” de estas prácticas se están yendo también los Cantos de Faena. Ante este panorama, la UNESCO elevó  estos cantos comunes en el llano colombo-venezolano, a la categoría de Patrimonio Cultural Inmaterial

LOS CANTOS DE FAENA O DE  “TRABAJO DE LLANO”.
Omar Carrero Araque
Baquiano
2017

ARREO
Foto tomada de flickr.com

Los Cantos de Faena son aquellos que interpreta el llanero a capela, es decir con música creada sólo con la voz, mientras ejecuta “Trabajo de Llano”. Son propios de las sociedades pastoriles y trashumantes. Se sabe que el canto alargado con quiebres de voz proviene de los moradores de los desiertos norteafricanos (Magreb), quienes los  entonaban mientras  cosechaban olivas y naranjas. De aquí lo copiaron los Beduinos que viajaban en caravanas trasportando camellos por los desiertos de África. Estos cantos pasaron luego a Andalucía y desde allí llegaron al llano colombo-venezolano  en la garganta de los cabestreros andaluces (1).

Está comprobado que por algún efecto, el ganado se tranquiliza y se vuelve dócil cuando oye los cantos, de allí que los llaneros entonen estas  coplas rematadas en  tonos alargados y quiebres de voz en los momentos de trashumancia, de ordeño o de vela.  

Las coplas, en las que  se plasma la vida del hato, pueden ejecutarse bajo dos modalidades: CANTOS DE LEJANÍA y CANTOS DE ENCIERRO. Los primeros están representados por coplas cantadas en alta voz, de fuerte  tono, por lo general acompañadas con  gritos. La  última vocal de las coplas se alarga con un tono quebrado. Se empelan en la movilización de las puntas de ganado sobre grandes distancias o,  también en trabajos  de Pica, de Aparte o de pasada de ríos. 

Estos cantos los ejecuta el Cabrestero, algunas veces secundado por los Punteros, mientras que los Traspunteros y los Culateros los apoyan con gritos de empuje (jei, jei, jei  ó  japa, japa, jopa, jopa) y con silbidos. Los  “lecos” de estos cantos se “prolongan en el aire”.  

Los segundos, que son de tono suave tienen el fin de apaciguar el ganado. Pueden separarse en dos grupos: CANTOS DE ORDEÑOCANTOS DE VELA.  

Los  primeros comienzan por lo general a las 4 de la mañana, cuando alcanza mayor brillo el lucero de la mañana llamado también Becerrero o Puntero. Se inician cuando el Ordeñador, con una copla, pide al Becerrero que la acerque el becerro de la vaca que va a ordeñar en ese momento:   Ponte  Ponte Turupial – Tarde negra y noche oscura – que el Ordeñador te espera- con el rejo y la totuma, Turupial, Turupial. Al oír esta copla el Becerro se apresura en traer el becerrito hijo de la vaca de nombre Turupial.

Los CANTOS DE VELA  los ejecutan los llaneros que cuidan o velan al ganado “parado” en la sabana o en los falsos corrales, para evitar que alguna res se asuste y provoque una estampida. Se ejecutan de noche y de madrugada y se  acompañan con silbidos suaves y prolongados.

Los Viejos Llaneros que practicaban estos Aires ya nos están en este mundo o están desapareciendo, como tampoco están las condiciones que le dieron  vida a los cantos porque con la llegada del “progreso”,  el llano  “ya no es llano”. Las alambradas, las carreteras y los camiones o “jaulas” ganaderas dieron al traste con el “trabajo de llano”. 

La preocupación por este hecho condujo a que algunos cultores del folklore llanero realizaran grabaciones de videos en los que se quiere mostrar y perpetuar “en la pantalla” esta manifestación cultural producida en el medio llanero, ahora transformado por fuerzas  dinámicas socio-económicas. En Colombia, cultores como Víctor Espinel (Gallo Giro), Paulino Reyes o Ramón Roa, entre otros, han realizado muy buenos videos que muestran las diferentes facetas de los cantos de faena, mientras que en Venezuela, Jesús Quintero (Matanegra) ha hecho lo mismo en una grabación que llamó “Picadillo Veguero”.  

También en Venezuela el Maestro Simón Díaz sacó del corral a los cantos de ordeño y los llevó a la ciudad bajo el nombre de Tonada,  acompañándolos con música de cuatro, pero despojándolos del olor a corral y a paradero.

En defensa de este patrimonio cultural del llano, ahora muy amenazado, se están realizando  esfuerzos para salvaguardarlo a través de la puesta en práctica de “estrategias pedagógicas que comprenden la celebración de encuentros entre depositarios tradicionales del elemento y jóvenes; proyectos de formación para maestros de escuela; y la organización de numerosos festivales de canto” (2).

Ante el riesgo cierto de que esta práctica cultural pueda desaparecer por siempre, la Unesco, atendiendo el reclamo de los llaneros venezolanos y colombianos, declaró este 6 de Diciembre a los Cantos de Trabajo de Llano, como “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”..

Referencias
1.- Rafael Salazar 2003. Venezuela, Caribe y Música. PDVSA-Fundación Tradiciones Caraqueñas-FUNDALARES Caracas

2.- Seis elementos inscritos en la Lista del patrimonio cultural inmaterial

Consultas en
Víctor Espinel – Paulino Reyes – Ramón Roa – Simón Díaz
https://www.youtube.com/watch?v

28 noviembre 2017

EL SIGLO EN QUE BAJARON LOS CERROS

EL SIGLO EN QUE BAJARON LOS CERROS

Desde la primera mitad del pasado siglo comenzó a moverse, de los andes al llano, un frente colonizador en pos de “las tierras de nadie” que, cubiertas de selvas, se abrían desde el piedemonte andino-llanero hacia la planicie aluvial. La mezcolanza de andinos y llaneros generó la cultura de los llaneros-guates, cuyas características se reflejan en aspectos fisionómicos, culinarios, dialectales, o arquitectónicos, así como en el léxico y en el uso de la tierra. 
Este término Guate está alejado de su similar cumanagoto con significación de excremento, que los forestales conocemos en el Guate-pajarito (Phthirusa sp.), una planta hemiparásita que se dispersa por la cagada de los pájaros.        

LOS GUATES


Fotografía: Orlando "Cholo" Valderrama

Con el nombre de Guate se reconoce en el llano occidental a las personas provenientes de los andes colombianos o venezolanos. Es un término ahora casi en desuso desde que los zulianos, con el apoyo de la gaita, impusieron el vocablo Gocho para referirse a los andinos, así como impusieron por medios comerciales, la palabra Fororo en menoscabo  de la llanera Birú o Birús. 

Hasta hace poco tiempo, “Gocho” en este sector del llano hacía referencia a una persona o a un animal que tuviera un defecto en una oreja. Esta significación sólo se conserva ahora en el vocabulario de los viejos pobladores.

En conversaciones sostenidas con personas de la última  oleada de ocupantes, asentados en tierras de la Reserva Forestal Caparo, queda claro el sentimiento de rechazo por el epíteto con el que los distinguen los habitantes originarios de la región, expresando que "eso de guate les suena a excusado o letrina (por lo de water closet) y que prefieren que los llamen Gochos".    

La palabra Guate nos llegó desde los llanos colombianos en donde al parecer se aplicaba a los compradores de ganado que bajaban desde los pueblos de Boyacá. Entre estos comerciantes de ganado, por su frecuencia y por la importancia de sus compras se destacaban en el Casanare, los provenientes de Guateque, cuyo gentilicio Guatecano fue apocopado en Guate, a fuerza de confianza y de cariño. Esto es sólo una teoría.

LA INFLUENCIA DE LOS “GUATES” 
Desde hace varias décadas la cultura llanero-occidental ha venido siendo alterada por el avance de un frente invasor Guate que se palpa en buena parte de Apure, Barinas y Portuguesa. De Colombia vinieron los desplazados por la violencia y de los andes venezolanos llegaron los “sin tierra”, para aposentarse en algunos lugares-clave, fundando “paraderos” como Socopó en Barinas, transformado ahora, en apenas medio siglo, en una pujante ciudad cuya población roza los 80.000 habitantes, gracias a la combinación de buenas tierras, abundante agua, cercanía de los mercados, buenas vías, pero sobre todo al apego a la tierra y a la voluntad de trabajo que tienen los andinos. 

El flujo “invasor” se movía inicialmente por los caminos de agua como el Uribante y el Arauca o por las rutas ganaderas de San Camilo y la de Tovar-Mucuchachí-Santa Bárbara y, más tarde por la Troncal 5. Los Guates se hicieron sentir con  fuerza como para cambiar, en parte, la cultura original del alto llano, sobre todo en aquellas poblaciones confinantes con la serranía andina. A los habitantes actuales de estas poblaciones se les conocen en el bajo llano apureño como Los Llaneros Guates, cuyo dominio alcanza hasta Guasdualito y más allá. 

Durante el “tiempo vivo” de la montaña de San Camilo se hizo célebre un poderoso comprador de ganado que bajaba de Táchira cargado de morocotas: Era Francisco García Camacho (El Guate García) cuya figura quedó en leyendas y en los poemas. Este mercader a decir de Don José Natalio Estrada, era esperado con ansia en aquellos tiempos en que los ganaderos del Alto Apure azotados por la guerrilla de Arévalo Cedeño, Valentín Pérez y Maisanta, sufrían grandes pérdidas económicas. 

El recordado cantador Ángel Custodio Loyola en una de sus menos conocidas canciones, “pinta” a los Guates “con  la cara capinosa* y el cabello amarillo” señalando a la vez rasgos de su conducta al decir que “que allá en la tierra de ellos son un pozo de cariño”. 

Trueno Abajo Guate Arriba!! 
Así reza una expresión popular que tuvo mucho arraigo a mediados del siglo pasado en la que se mostraba el miedo que los mercantes andinos sentían por las inundaciones de las sabanas, un miedo que los obligaba, apenas se iniciaban las lluvias, a buscar la seguridad de las tierras altas.  

*(Capinosa viene de Capino es decir albino o rubio)


20 noviembre 2017

PALABRA DE HONOR



PALABRA DE HONOR

¿Juráis a Dios, y dais vuestra palabra de honor al Congreso de Venezuela….?
(Sesión inaugural del Supremo Congreso de Venezuela. 2 de marzo de 1811)


Foto tomada de: honorword.blogspot.com


  Omar Carrero Araque
Baquiano
2016


Don José Natalio Estrada (1901-1992) fue un apureño que además de Hatero reconocido dejó profunda huella como Escritor, Poeta y Periodista, con una somera incursión en el campo de la cinematografía. 

En un aparte de su libro María del Llano, publicado en 1967, relata las andanzas de Francisco García Camacho (El Guate García), el más conocido de los compradores de ganado que en el primer cuarto del siglo pasado, bajaba desde Táchira hasta el Alto Apure a través del camino ganadero que cruzaba la Montaña de San Camilo. 

En ese escrito Don José Natalio nos recuerda que “a diferencia de la forma en que se negocia hoy, el arreglo de los ganados negociados se hacía a caballo, en plena sabana, en sendas libretas de bolsillo y sin más garantía que la honradez de los contratantes” (1). En este relato se deja constancia del valor de la palabra empeñada, un valor que se mantuvo vigente, sobre todo entre la gente campesina y pueblerina hasta hace apenas unos 60 años.

En el mismo tenor recuerdo las palabras de mi padrino Dimas, un viejo sabio quien ante situaciones en las que la responsabilidad andaba de por medio, manifestaba a manera de enseñanza: LA PALABRA ES UN DOCUMENTO. Mi Padrino por su sólida formación autodidacta y su condición de “hombre leído” llegó a ser una de las cabezas visibles del pueblo, sobre todo en los aspectos jurídicos, un campo en el que ejerció cargos públicos que demandaban ejemplo y probidad.


El respeto por la Palabra se aprendía desde temprana edad en la propia casa, con el ejemplo de los viejos, pero también en la escuela con el ejemplo del Maestro, porque el Maestro de esa época además de historia, geografía o castellano, enseñaba modales y valores, es decir moral y luces. 

Recuerdo que estas enseñanzas las poníamos en práctica en la misma escuela, a la hora del recreo, cuando perdíamos en una “partida de metras” y quedábamos en deuda, hacíamos la promesa de “mañana te las traigo”. Ante esta salida nuestro “rival” nos precisaba: Palabra Santa? Palabra Santa respondíamos y al día siguiente honrábamos el compromiso. 

Esa conducta se hizo práctica en todos nosotros los formados o influenciados por las sociedades pueblerinas. Sin embargo ahora vemos con extrañeza como la honradez, que sin duda aún perdura en la gran mayoría de las personas, amerita algo más que la palabra para hacerse sentir. 

La “Palabra de Honor” encerraba “una promesa cuyo cumplimiento estaba garantizado por la honradez o la reputación de la persona que la hacía” (2). Si se entiende que la honradez es un valor moral que adquirimos con la formación y con el ejemplo, porqué ahora para sustentarla se necesita algo más que la Palabra?


En la búsqueda de una razón de peso que nos pudiera explicar el porqué de este cambio, hemos tropezado con algunos razonamientos más o menos convincentes que podrían enfocarse en tiempos sociológicos y tecnológicos. En el primer caso la pérdida de valores morales estaría unida a la desintegración familiar, un fenómeno asociado a las crisis sociales que se viven en las zonas marginadas de nuestras grandes ciudades, donde la carencia es el denominador común. 

En estas barriadas, nutridas en gran parte por migrantes rurales que en la búsqueda de mejores oportunidades han cambiado campo por ciudad, se han perdido los valores ganados en la cultura rural (3). Se conjetura también que otros elementos relacionados con nuevas tecnologías que han trocado modales y conductas, podrían haber empujado hacia el ocaso el valor de la palabra de honor como garantía. Tal es el caso de los cheques u otros documentos contables que en el ámbito de las transacciones comerciales generan mayor confianza, aún entre personas que apenas se conocen.     
 
Sea cual sea la causa lo cierto es que ahora gran parte de la población ha borrado de su diccionario particular los términos Palabra de Honor, Palabra de Hombre, Palabra Santa, todos con el mismo sentido de responsabilidad, de honradez y de garantía, aun cuando estos valores se mantengan en lo más profundo de la mayoría de las personas.



Consultas en:  
1.- Estrada T., Natalio. 1967. María del Llano. CONAC.