ANÉCDOTAS FORESTALES
Haber formado parte de la naturaleza agreste del campo venezolano
durante más de cuarenta años, sin duda que deja marcas por las
experiencias habidas, diversas de ellas presentes a través de historias,
anécdotas, cuentos o leyendas. De esas tantas historias vividas en
estas cuatro décadas de monte, se han escogido algunas de las más
sonadas para que se mantengan vivas en el tiempo, ahora que muchas de
éstas ya están huérfanas de sus protagonistas.
MIENTRAS TANTO!!
Omar Carrero
Araque
Baquiano
2005
![]() |
| MACHETÓN .
Foto: www.ucs.louisiana.edu
|
En
uno de mis viajes por uno de los tantos caños del Delta del Orinoco tuve la
oportunidad de conocer al señor Renó (que en realidad era Renaud), un conocidísimo
comerciante de víveres, pescado, gasolina y madera que hacía vida en el borde Este
de Venezuela, cerca de la salida del Río Grande al mar océano.
Su influencia y su fama se movían desde Araguaibisi y San Francisco de Guayos hasta la Boca de Navíos. Su apellido seguramente registraba la influencia francesa extendida por las Antillas menores, aunque su color acusaba una buena dosis de la sangre africana regada en esas islas por esclavos traídos en el siglo antepasado, como mano de obra para los grandes Ingenios azucareros.
Su influencia y su fama se movían desde Araguaibisi y San Francisco de Guayos hasta la Boca de Navíos. Su apellido seguramente registraba la influencia francesa extendida por las Antillas menores, aunque su color acusaba una buena dosis de la sangre africana regada en esas islas por esclavos traídos en el siglo antepasado, como mano de obra para los grandes Ingenios azucareros.
Convencido de que “el ojo del amo engorda al ganado”, el señor Renó estaba pendiente de la marcha de sus negocios por lo que siempre andaba moviéndose de un lado a otro en tareas de supervisión, para lo cual se valía de su rapidísimo Balajú (balahoo), una embarcación de hidrodinámico diseño traída por los vecinos guyaneses.
En
una ocasión en la que compartí equipo con los estudiosos de los manacales
productores de palmito conocí a Renó, quien también transitaba por los terrenos de la industria
palmitera, en la que tenía intereses.
En
una de las tardes en las que trabajábamos en las parcelas de investigación sobre
la dinámica poblacional de la palma manaca, por un mal cálculo se me acabaron
las planillas de levantamiento estructural de la vegetación, lo que me obligó a
improvisarlas sobre papel estrasa, señalándole al resto del equipo que esas
anotaciones eran “mientras tanto” puesto que al llegar al Campamento las
reescribiría sobre las planillas apropiadas.
Fue en ese momento cuando conocí
el ingenio y la sapiencia de Renó, quien al oír mi expresión se quedó mirándome
ceñudamente al tiempo que me decía: pero
que ese mientras tanto no sea como el del culo del machetón1
Ante mi extrañeza por la expresión, con una sonrisa que dejaba ver la saludable dentadura que caractertiza a los criados cerca del mar, me explicó: Aquí en estos caños tenemos un pez al que llamamos Machetón, que esta tarde verás en el Campamento y allá te referiré el origen de la sentencia.
En
efecto esa tarde Renó sacó un machetón de la cava, un pez que por sus características
me pareció un gimnoto. Al ver su cuerpo alargado como el de una anguila pude
apreciar que la apertura anal estaba casi debajo de la boca, tal vez a unos 5
cm. a pesar de que el animal medía tal vez un medio metro.
Al hacerle la acotación sobre este llamativo detalle me explicó que según la conseja, cuando Dios estaba haciendo el mundo dedicó un tarde a crear los peces y justamente cuando le tocó el turno al Machetón, el ángel-ayudante, se acercó al Creador para decirle con toda humildad:
“Maestro, estaba haciendo a este bonito
animal pero ahora me doy cuenta que me acabó
la tripa y apenas me queda este pedacito que no me alcanza para ponerle
el culo en su justo sitio”.
Entonces El Maestro lo mira pensativo y viendo que
ya iba por el quinto día de la creación y que el tiempo se le estaba acabando,
le dijo: Pónselo ahí mientras tanto.
Y
así se quedó para siempre dando lugar al dicho: “Mientras tanto como el culo del Machetón”.
1 En
la ciencia se registra al Machetón como Sternopygus
macrurus

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