USTÉ ES DIOS?
Omar Carrero Araque
Baquiano
2010
El Profesor Jan viajaba cada año desde Surinan hasta Mérida en cumplimiento de su función como Profesor Invitado del Postgrado de Manejo de Bosques en la Facultad de Ciencias Forestales (ULA).
En uno de sus viajes cuando desarrollaba la práctica del curso de Ecología del Bosque en la Estación Experimental Caparo, mostró su interés por conocer la sabana apureña, motivo por el cual se le programó un viaje hasta la cercana población de Guasdualito.
Su estirpe neerlandesa se manifestaba en su
alta y delgada figura, sus ojos muy azules sombreados por abundantes cejas claras,
de piel muy blanca por lo que al tostarse bajo el sol se tornaba tan rojiza
como su barba.
En
esa oportunidad vestía una blusa blanca sin botonadura, bien holgada, de mangas largas y amplias, más
parecida a una bata que a una camisa. Su figura y su vestimenta confrontaban
notoriamente con la de los llaneros.
Tenía el don de la cordialidad por lo que se ganaba
rápidamente la simpatía de la gente, ayudándose con su sonrisa y su hablar tan
pausado que más bien parecía que estaba deletreando.
A
los niños los atraía obsequiándoles golosinas y les hacía fotografías, al tiempo que les tomaba el nombre y la dirección
para hacérselas llegar.
Foto tomada de: www.pinterest.com
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| Crepúsculos sobre el Sarare |
Hasta allí llegaron los niños para oírlo y él los sentaba a su derredor y al finalizar sus interpretaciones les pasaba ese instrumento para que intentaran hacerlo sonar.
Para éstos, el instrumento musical ahora en sus manos, les
causaba asombro puesto que ellos estaban acostumbrados a las figuras de cuatro,
de la bandola, del arpa o de las maracas. Uno a uno, para su alegría y
sorpresa, recibía “clases” musicales.
Hacia el final de la tarde, cuando el sol rojizo parecía zambullirse en
el río, la silueta del “maestro” se recortaba en el escenario crepuscular y proyectaba
una sombra alargada sobre las arenas, entonces uno de los niños que rondaba los
diez años de edad, se acercó hasta él y tomándole una mano, tal vez recordando
las figuras de su cartilla de religión, le preguntó:
¿usté es Dios?.
Ante
esta inesperada pregunta, El Profesor con la turbación reflejada en su cara,
sólo atinó a sonreír ante la ingenuidad del pequeño llanero, al momento que le
colocaba su diestra sobre la cabeza revolviéndole sus lacios cabellos. Lamentó
que en su limitado español no pudiera hilvanar la respuesta precisa que su
religiosidad anglicana, sin duda, le
trajo a la mente.



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