PICAS FORESTALES

La palabra Pica de amplio uso en las comunidades rurales de Venezuela designa a “un sendero provisional abierto en un lugar montuoso”, tal como nos enseña Don Lisandro Alvarado en su Glosario de voces indígenas de Venezuela. Es voz de uso frecuente que en otros diccionarios la señalan como sinónimo de Trocha. Con tal significación se emplea también en Colombia y Ecuador. La historia patria la registra en 1821 cuando Páez para apresurar su entrada a la gloria de Carabobo atraviesa la nombrada Pica de La Mona que une a Nirgua y Valencia. También la historia y la geografía señalan que en 1940, el explorador y baquiano amazonense Melicio Pérez inició la apertura de la llamada “Pica de los Piaroa” que uniría a Puerto Ayacucho con Manapiare sobre un trayecto de 170 kilómetros, la cual serviría de guía para la apertura de la carretera. En el ámbito jurídico se usa con propiedad este vocablo tal como se muestra en el artículo 35 de la Ley Forestal de Suelos y Aguas: Cuando se trate de la apertura de picas, ordenadas por la autoridad judicial en juicio de deslindes ….. En otro contexto esta palabra se utiliza para referenciar las áreas de investigación en las que se ubican ensayos de diferente índole como los de la Pica 8 de la Estación Experimental Caparo o la Pica Garciera, del bosque universitario Caimital. Por último, no podía faltar la exaltación de las picas en el ámbito de la poesía popular como se muestra en los versos arvelianos: por estas picas tan solas; por la pica de una canta; se me cerraron las picas. etc., o bien en coplas populares, como las referidas a los peligros que encerraba la montaña de San Camilo y que conllevaban a la pérdida de los baquianos: Se metió montaña adentro - Por una pica que había.
Se ha escogido el nombre de PICAS FORESTALES para identificar esta página dado que la connotación de la expresión se compagina bien con la trayectoria seguida por el responsable de la misma en sus faenas forestales que a la vez acompañaba con la de baquiano, a lo largo y ancho del país. Bajo esta fundamentación se presenta una serie de relatos originados en las experiencias acumuladas en una cincuentena de años de trajín en la ruralidad, en un entorno lleno de picas que se entrecruzaban en uno u otro derrotero y de cuyo tránsito brotaron centenas de anécdotas

14 enero 2016

USTÉ ES DIOS?



USTÉ ES DIOS?

 
           

Foto: slideshare.net
 

Omar Carrero Araque
Baquiano
2010

El Profesor Jan viajaba cada año desde Surinan hasta Mérida en cumplimiento de su función como Profesor Invitado del Postgrado de Manejo de Bosques en la Facultad de Ciencias Forestales (ULA). 

En uno de sus viajes cuando desarrollaba la práctica del curso de Ecología del Bosque en la Estación Experimental Caparo, mostró su interés por conocer la sabana apureña, motivo por el cual se le programó un viaje hasta la cercana población de Guasdualito. 


Su estirpe neerlandesa se manifestaba en su alta y delgada figura, sus ojos muy azules sombreados por abundantes  cejas claras, de piel muy blanca por lo que al tostarse bajo el sol se tornaba tan rojiza como su barba.   


En esa oportunidad vestía una blusa blanca sin botonadura,  bien holgada, de mangas largas y amplias, más parecida a una bata que a una camisa. Su figura y su vestimenta confrontaban notoriamente con la de los llaneros. 

Tenía el don de  la cordialidad por lo que se ganaba rápidamente la simpatía de la gente, ayudándose con su sonrisa y su hablar tan pausado que más bien parecía que estaba deletreando.


A los niños los atraía obsequiándoles golosinas y les hacía fotografías,  al tiempo que les tomaba el nombre y la dirección para hacérselas llegar.


Foto tomada de:  www.pinterest.com

Crepúsculos sobre el Sarare
Una tarde a orillas del río Sarare, sentado sobre una caramera qué había quedado varada en la playa, interpretó con su flauta traversa algunas melodías de corte europeo, si mal no recuerdo, algunos fragmentos del Otoño de Las Cuatro Estaciones.



Hasta allí llegaron los niños para oírlo y él los sentaba a su derredor y al finalizar sus interpretaciones les pasaba ese instrumento para que intentaran hacerlo sonar. 

Para éstos, el instrumento musical ahora en sus manos, les causaba asombro puesto que ellos estaban acostumbrados a las figuras de cuatro, de la bandola, del arpa o de las maracas. Uno a uno, para su alegría y sorpresa, recibía “clases” musicales.


Hacia el final de la tarde, cuando el sol rojizo parecía zambullirse en el río, la silueta del “maestro” se recortaba en el escenario crepuscular y proyectaba una sombra alargada sobre las arenas, entonces uno de los niños que rondaba los diez años de edad, se acercó hasta él y tomándole una mano, tal vez recordando las figuras de su cartilla de religión, le preguntó:

¿usté es Dios?.


Ante esta inesperada pregunta, El Profesor con la turbación reflejada en su cara, sólo atinó a sonreír ante la ingenuidad del pequeño llanero, al momento que le colocaba su diestra sobre la cabeza revolviéndole sus lacios cabellos. Lamentó que en su limitado español no pudiera hilvanar la respuesta precisa que su religiosidad anglicana, sin duda, le  trajo a la mente.


Seguramente que para este niño, nacido en una tierra donde todavía corre la leyenda del tránsito del Profeta Enoc por el Alto Apure,  quedó grabada en su memoria la idea de haber conocido a Dios!
El Sarare a su paso por Remolino
 Foto tomada de: gelvez.com