CONVERSAS DE HATO
Omar Carrero Araque
Baquiano
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Conversa con Erasmo García propietario del Hato El Merey
Riecito, (Rómulo Gallegos, estado
Apure) Foto de Kicke Gámez
2012
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En una de mis estadas en fundaciones ganaderas
de la altillanura y de la bajura apureña tuve la oportunidad de compartir vivencias y
conversatorios con peones, caporales y con algunos dueños de hato, una
experiencia única por lo enriquecedor que resultó el contacto con llaneros de
faena del Cajón araucano.
En la frescura de los corredores de la casona y desde
la quietud del chinchorro enmosquiterao, pude escuchar antes que intervenir, las
conversas que sostenían los peones, referidas a su participación en los
trabajos de ese día, unas conversas casi siempre cargadas de picardía y
chalequeo.
Estos parlamentos me llevaron
a las coplas "jorgeguerrereñas" de “Al café y a los caballos” en las que este
cantador y poeta elorzano hace una bonita apología de la faena llanera:
“La
diversión en la noche comienza
porque
no falta nunca un jodío chalequero,
que está pendiente del mínimo error de sus compañeros,
y el que agarra para un chiste y hace el rato placentero”.
que está pendiente del mínimo error de sus compañeros,
y el que agarra para un chiste y hace el rato placentero”.
Lo
interesante de este hecho se puntualiza en los vocablos especiales que manejan
los llaneros de oficio, un vocabulario
restringido y las más de las veces incomprensible para todo aquel ajeno a la
vida hatera. Parte de estas conversaciones pasaron a rellenar algunas páginas
de mi cuaderno de anotaciones, las cuales transcribo para su lectura y ensayo
de comprensión por parte de los legos en materia de la llanería auténtica:
Cipriano: Mire parientico, déjame asegurá el jico para guindá y tratá de enderazá este chinchorro que está como chaciao porque me salió con tanta pierna que se me hace difícil pegá el ojo. Esta la madrugá yo entuavía estaba finito, con los ojos más pelaos que bocachico en nevera, cuando apareció Becerrero más brillante que nunca, poallá encima de aquel Toco viejo.
Nicolás: Está bien familia, yo también voy a guindá pa´ ve si pongo los chíscanos de pa´ rriba y así dales un reposito porque ya llevo una semana metiendo la mocha en estos barriales que me han puesto las ñaras taquiás de sabañón y de seguí así, segurito primo, que me cae hormiguillo. Hoy voy a pegá el ojo bien contento porque me rindió la brega, moví bien los guarales y pegué 20 chifles y encima deso maté de un chaparrazo a una bocafría de esas que mi agüelo nombraba Palpo, que por poco me malogra.
Carmelo: Yo tampoco me puedo quejá porque en la tardecita, de vuelta a la casa, vide un aguaje en el pozo de Las Chenchenas y apenas lancé el albarico y ahí mismito atravesé a un buen chereco. “Chacá la toca le dije al Sute Salvador”, mi compinche de siempre, pa´ raspá y tasajiá este bocao. Después, un poco más abajo, en el pozo de La Caramera, revisé el chirare y ahí estaba la cena, un pijoleto rayao empeñao en meté retroceso para juyí, pero que vá, ya güelía a sancocho.
Nicasio: Esa es la suerte que nos da El Viejito cámara, que nunca le falta a naiden, en mi conuco la macuca y los topochos ya están pidiéndole a la Guisa ya al Chocotero que los saque y los ponga a jerví y que revise el agaje pa´ que los junten en el mismo plato con un buen pedazo de queso pumé de ese concha negra, jecha de bosta fresca y baba e´guamacho, dese que ponen a madurá en los arenales.
Cipriano: Bueno Catire a dormir tempranero porque en la mañanita te tienes que ajilá a cebá el molino del rincón, pero no se te olvide llevarte un ñaure por si te encuentras con los báquiros y también te cargas el murrial porque los jobales están soltando mucha marapa y así podrás traerte un buen bojote pa´ echale a los chuzos enchiqueraos, que así tendrán como chasquiar por unos días. Endemás deja ya de está chalequeando al guate Leonidas porque tú sabes que ese niguatoso así con lo jipato y to, es muy corisco y de ná se pone como chinata cuquiá y lo más jodío es que tira pata y manga sin piedá, y de verdaita te digo que nunca le falta una pico e´loro empretiná.
Mira Rafelinacio, tu que estás más cerca del mecho, apágalo porque ya es hora de llamá sueño, pero antes nos suelta un buen cacho pa´pegá los ojos entre chacotas y así dormí como pijita con teta.
Rafelinacio: Ahora Ñerito no estoy pa´cachos porque entuavía ando con un tembleque por todo el cuerpo y asustao por el topetazo que me di con manomota, frente a frente en la Pica del Caujaro. Allí de sopetón me jayé en la boca de ese animalón pintao y bigotú que ya estaba con la capotera subía y que me mostró los de rompé ñervo casi a medio metro de mis chingas.
Yo me entregué a Matasilva y entre chorros de miao, le imploré por mis suticos, que me sacara de esa desgracia. Ahí mismito vi un puntico de luz por entre las agallas del tigre lo que entendí como un milagro y por ahí mismo, sin dilatá un segundo, metí la zurda por ese hueco con tal juerza que me salió pal otro lao y como por obra de Dios le apañé el rabo por la punta y con la misma voluntá jalé patrás con to el alma, logrando en ese trance, voltiá al animal que quedó con el costillar pa´fuera y roncando chiflao.
Así parienticos por esta esta vez me discurpo pero les prometo que en la primera los cacheo!! Buenas noches y que sueñen con Yo!!
A la propuesta de uno de ellos de lo necesario que era encomendarse al Señor antes de dormir para alejar los espantos como El Silbón, le ripostaron diciéndole que durmiera tranquilo porque ese espanto sólo aparece en las sabanas de Barinas, Cojedes y Portuguesa ya que no puede atravesar el Apure porque se le moja la mochila donde carga la osamenta de su papá.
Así entre carcajada y chanza se fueron apagando uno a uno, dejando en el cobertizo un aire de camaradería y alborozo, no sin antes soltar las últimas prendas relacionadas con las jocosas interpretaciones que hacen del canto de las guacharacas que en ese momento, a costa e´ caño, comenzaban su concierto, a cuyo griterío le asignaban una connotación sexual humana, pues aseguraban que el macho le preguntaba a la hembra: cuantotemeto, cuantotemeto y ésta le respondía: cuatrobrazás, cuatrobrazás.
Un nuevo día comienza con el desdibujo del alba y el apagamiento del fulgor de Puntero como también llaman a Becerrero. El amago de una llovizna se vislumbraba en el "caballorucio" que se asomaba en el horizonte como una cortina gris, alborotando a las Carrizas, que en sus chiflidos de alegría se adivinaba que ya venteaban el frescor del riego que bajaría del cielo y que de gota en gota iría enchumbando los lambedorales del fangurrial.

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