MAL RUMBO LLEVA MI HERMANO!
| Foto: Edwin Mora |
Omar Carrero Araque
Baquiano
2006
Sobre un largo trecho de la Pica Veranera que unía al poblado de Santa Bárbara con la ciudad de Barinas y que ahora, al revestirse de pavimento ha sido apodada como Troncal Cinco, se explayaba un inmenso bosque que sombreaba el camino entre Pedraza y Capitanejo, sobre una travesía de unos 90 kilómetros aproximadamente.
La extraordinaria profusión de altos árboles de follaje permanente, daba a la cúpula vegetal la apariencia de una catedral. El verdegal de este bosque estaba condicionado por la sostenida provisión de agua, no sólo desde las nubes sino también desde el suelo, dado que por esta selva discurren una decena de importantes ríos que al descolgarse de la cumbre andina pasan por esta esta comarca, azarosos primeramente y serenos después, en la búsqueda de su nivel de base representado por el Apure.
Entre estos afluentes se destacaba el Socopó por su importante caudal, el cual se mantenía casi igualado tanto en verano como en invierno porque el daño en sus cabeceras, asentadas en las crestas de El Quinó, todavía no había comenzado. Para el entonces de 1958, sólo unos cincuenta años atrás, Socopó no era pueblo sino un punto de pernocta para los pocos viajeros que atravesaban esa espesura en la época de sequía, es decir, entre enero y marzo.
Dos casas, una cada lado del río servían de paradero o de pernoctada en aquellos días en los que el río no “daba vado”. En este punto asentado sobre la zona de su abanico fluvial, el Socopó todavía arrastraba piedras de gran tamaño, como aquella situada justamente en la mitad del río, una centena de metros más abajo de las casas y que servía de “medidora” del nivel del caudal.
Los moradores con solo mirar la piedra y apreciar el nivel del agua podían indicarle a los conductores de las camionetas Chevrolet tipo panel, de las Power-Wagon o de los poderosos camiones REO, que podían cruzar el río o esperar un tiempo más.
De igual manera los muchachos del lugar observaban el nivel del agua sobre la piedra para estimar la fuerza de la corriente y poder así escoger el punto orillero desde el cual debían lanzarse al río para ganar la piedra a fuerza de brazadas. la piedra les servía de descansadero para hacer la segunda travesía que los llevaría hasta el otro lado del río. era esta una de las pocas diversiones que tenían los mozalbetes lugareños.
Se recuerda que un día cuando el río bajaba más turbulento que de costumbre, los viejos previnieron a los muchachos de no lanzarse a la corriente en esas condiciones por el peligro que se escondía en el bramido de las aguas, pero los mocetones, muchachos al fin, hicieron caso omiso de la advertencia y en la primera oportunidad que tuvieron se lanzaron al agua como retando la fuerza del embravecido afluente.
El primero de ellos, después de una denodada lucha contra el torrente llegó jadeante a la piedra, desde la cual levantó los brazos en señal de triunfo y, en un ademán retador, obligó a los demás a emularlo. El segundo en intentar el difícil trance tal vez equivocó el punto justo de lanzamiento y midió mal sus fuerzas porque apenas comenzando la competencia ya se veía que el río lo estaba desviando de la línea que lo llevaría a piedra segura.
Su hermano menor, ante el impotente esfuerzo de su pariente y presintiendo lo peor, salió asustado en veloz carrera hacia su casa en busca de ayuda. Con el terror reflejado en su faz y acusando los efectos de la adrenalina a través del temblor y la palidez, apenas pudo susurrarle a su papá: Mal rumbo lleva mi hermano!!!
El viejo y sus primos salieron despavoridos hacia el río al que llegaron raudos, pero ya el torrente había cobrado la intrepidez del muchacho de quien no había señales pues seguramente había sido arrastrado hasta el raudal cercano, del cual sólo se oía el estrépito.
MAL RUMBO LLEVA MI HERMANO quedó por largo tiempo como una expresión del refranero local.
Nota: Los camiones REO fueron muy conocidos
en los años 40-50 por su resistencia para los trabajos duros como el de los
madereros. Su nombre se deriva de Ransom Eli Olds el inventor del
Oldsmobile, quien creó en 1904 la REO
Motor Car con sede en Lansing - Michigan