AL RESCATE DE MANUEL
GUTIÉRREZ: AQUÍ ESTOY SI NO ME HAN VISTO!!
Omar Carrero Araque
Baquiano
2015
Foto: Luis Manuel Carrero Gámez
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| Llanero |
Conocí a Manuel Gutiérrez cuando yo apenas contaba con
12 años de edad. Fue en sus aposentos de Buena Vista en las vecindades de
Almorzadero, en un paño de sabana pedraceño para ese entonces, pero zamorano
ahora.
Bastante tiempo atrás había llegado de Zaraza, un poblado
asentado en el punto donde se hermana la planitud llanera con la depresión de Unare. Siendo
apenas un mozalbete se aventuró por las
tierras del Cajón bañadas por el
Arauca, un río que han dado en llamar vibrador o bramador, un epíteto que
cobra validez cuando este afluente serpentea por las montañas de Boyacá, de
donde se desprende, porque en su traspasar
por el llano venezolano, este río legendario es silente a más no poder.
Gutiérrez, como se le conocía, era alto y de
contextura recia, de piel cobriza retostada, pelo negro extremadamente liso,
cara alargada y huesuda, de sobresaliente pómulos, nariz aguileña y ojos rayaos
y vivaces. Pero lo que más llamaba la atención era su dentadura pues todas sus
piezas estaban totalmente cubiertas de oro antioqueño de la mejor calidad.
Montaba en Coporo, un bonito alazán tostao al que cuidaba con
esmero, aunque en su cola chucuta se acusaban los efectos del intenso trabajo
de llano y de la agresión de los
tábanos, una característica de toda bestia llanera. Como vestimenta
dominguera lucía pantalón de kaki arremangado en su pierna izquierda y una
blusa de hilo crudo y botonadura de hueso.
Cubría sus pies con alpargatas de suela doble y
capellada negra bien tejida como las ahora llamadas guachareñas. Se retocaba
con un borsalino marrón de alas volteadas que ya mostraba secuelas del uso
prolongado. En el lado izquierdo de su cintura colgaba un cuchillo puntelanza,
mientras que del bolsillo derecho se asomaba la negra cacha de su esmisangüeso.
Su fama de chalequero lo perseguía y por todas partes
se tejían historias en las que era el protagonista, las más de las veces
achacadas, pero que él las aceptaba y les daba vida, creando lances que luego
pasaban a convertirse en anécdotas o en refranes, Así se tiene por ejemplo que,
después de la venta de las reses que traía de su Fundación, se dedicaba a la
jerga en la cantina del pueblo en la que gastaba parte de los riales en
alguna de las buenasmozas que atendían esos negocios.
Sus peones al verlo en tales artes le gritaban: ¡Coño
Camarita que tal si Lorenza te viera! En una referencia a Lorenza, su
compañera de vida que lo esperaba en Buena Vista, unos 30 kilómetros al sur del
poblado. Gutiérrez con su brillante sonrisa y sin ningún atisbo de
perturbación, contestaba: No conozco a esa tal Lorenza!! Una
expresión que se hizo popular utilizándola como adagio cada vez que era
necesario esquivar algún contratiempo.
Manuel Gutiérrez frecuentaba mi casa materna dada la
estrecha relación que mantenía con mi familia, por eso sus conversaciones, las
recuerdo bien. Desde la puerta principal lanzaba su frase de presentación para
anunciar su llegada: Aquí estoy si no me han visto!
Memoro que en una de su frecuentes visitas comentó
sobre sus andanzas por Periquera y su estancia en un parrando que allí
celebraban con la presentación de Cupertino Ríos, el renombrado músico e
improvisador que había llegado para amenizar las fiestas acompañándose con su
arpa que llamaba Venaíta. En su relato remarcó la calidad de músico y de
cantador del guariqueño, que según sus propias palabras habría nacido en Isla
Crecencio (Barinas) pero que desde los seis meses de edad había sido criado en
Camaguán.
Mucho tiempo después, encontrándome en esta población
guariqueña recordé el comentario de Gutiérrez, al que relacioné con el pasaje MIS CANTARES de Fleitas
Veroes, que en una de sus estrofas validaría la confesión del Coplero sobre el
lugar de su nacimiento: “Aquí nació Pedro Pablo y más allá Cupertino y en El
Paso Arauca el Diablo no pudo con Florentino. (Pedro Pablo Molina, otro
afamado músico, sí había nacido en Camaguán, pero Cupertino, según esta
canción, nació “más alla”). Crecencio es un islote del Apure en el
municipio Arismendi a unos 40 Km al suroeste de Camaguán.
A Gutiérrez se le tenía por Cuatrero ladino, una
condición que nunca negó pues cuando se le consultaba al respecto, él señalaba
que ya tenía ganados cien años de perdón, remachando su sentencia con un guiño
de ojos y con la sonrisa brillante y socarrona. El hecho de que su Fundación
estuviera en medio de los grandes hatos de la región, limitados por accidentes
geográficos más no por cercas, generaba la entremezcla de los rebaños, dejando
las reses orejanas a disposición de los “guarales” de este zaraceño que en estos menesteres, parecía tener la
vista más clara de noche que de día.
Cuando la zamurá que revoloteaba encima de su casa
antecedía al atiborro de la tasajera, se le preguntaba si en esas madrugadas
había visto la brillantez del Puntero o el centelleo de las Cabrillas, se
limitaba a aclararse la garganta con un buche de aguardiente para soltar la
copla que lo había hecho reputado:
“Gutiérrez no
come puro
Gutiérrez come
bordao
Lorenza come
gallina
Gutiérrez come
ganao”
Con esta copla y con su notoria malicia daba por
afirmativo que efectivamente su silueta oscura, entre gallos y medianoche,
había visitado alguno de los cachales semi-encerrados por las vueltas de
Caño Jesús o del Suripá.
Nunca supe cuando murió este hombre de huella, pero
cada vez que encontraba a viejos que lo conocieron rememorábamos sus pasajes.
Así en cierta ocasión, a mediados de los 70, en conversación con el Baquiano
Jesús Bolaños salió a relucir la leyenda de Gutiérrez. Jesús, ya con medio
litro de anisado corriendo por sus venas y recordando la condición de sus
dientes enchapaos en oro, me dijo a manera de ocurrencia:
Mira Umar, si
tú averiguas donde está sembrado el viejo Manuel, Yo soy capaz de ir a la media
noche a sacarle los granos de oro, 16 para cada uno.
Después de las
risotadas de rigor le señalé que no era de buen cristiano ofender a los
muertos por lo que me respondió:
El viejo Manuel
no está muerto porque todos los días alguien lo recuerda, además dicen que su
sombra anda de noche espantando las rochelas desde Mata e´Zamuro hasta La Idea
y desde Camachero hasta Mata e´Conuco.
Nunca la comenté al Viejo Bolaños que Gutiérrez está enterrado en las
sabanas de Poyire, cuidando de que mi amigo pudiera dar cumplimiento a su deseo.
Personajes como Gutiérrez, que se cuentan por cientos
en las sabanas venezolano-colombianas, son los que han dado vida a leyendas y
mitos, elementos éstos que son la esencia y el nutrimento del folklore llanero.
Lastimosamente sus historias se esfuman una vez que sus osamentas, así como
aquellas de las generaciones que los acompañaron, reposan bajo el peso de
varios quintales de tierra.
Sólo algunos pocos han logrado
sobreponerse al olvido, sobre todo aquellos que pasaron a formar parte de la
literatura escrita, como en el caso de Pancho Cuevas, un apureño bellaco que
marcó hondamente sus huellas tanto en Colombia como en Venezuela, ahora
inmortalizadas por el escritor araucano Umberto Amaya Luzardo en las páginas de
Una Mina de Historias.
Glosario
Bordao: El plato de
carne “adornado” con yuca o topocho y pasta.
Cabrillas: Nombre popular de la constelación de las Pléyades.
Cachal: Bosquecito
entramado que crece en zonas bajas e inundables dominado por plantas como el
Cachito e´Venao principalmente y Uverotes y Casildos. Sirven de escondite para
el ganado mañoso.
Cuatrero: Abigeo
Chalequero: Bromista
Esmisangüeso: Revolver fabricado por la empresa
Smith and Wesson, la marca del mayor fabricante de armas cortas de
Estados Unidos.
Guarales: Sogas en el argot de los llaneros de oficio.
Puntelanza: Punta de lanza se llama al cuchillo que diariamente acompaña al llanero
de oficio.
Puntero: nombre con el que también se conoce al Lucero del Alba porque puntea al
“rebaño de estrellas”, al que antecede en el tiempo.
Rochela: Término usado en las sabanas llaneras para señalar la costumbre que tiene
el ganado cimarrón de formar rebaños o “reuniones” en determinados
espacios, por lo general aislados.
Quintal: Unidad de masa equivalente a 4 arrobas (46 kilos).
Tasajera: Troja ubicada en las afueras de la casa del hato utilizada para
colgar carne en tasajo. Se hace con 2-3 varas largas colocadas
horizontalmente y elevadas hasta unos 3 metros.
Venaíta: Venadita. Las arpas se encordaban con cuerdas hechas de tripa de venado.
Arpa venada o Vená
Zamurá: Zamurada.
Concentración de zamuros revoloteando sobre la carroña.

