ANÉCDOTAS FORESTALES
Haber formado parte de la naturaleza agreste del campo venezolano durante más de cuarenta años, sin duda que
deja marcas por las experiencias habidas, diversas de ellas presentes a través
de historias, anécdotas, cuentos o leyendas. De esas tantas historias vividas
en estas cuatro décadas de monte, se han
escogido algunas de las más sonadas para
que se mantengan vivas en el tiempo, ahora que muchas de éstas ya están
huérfanas de sus protagonistas.
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| Molino de Viento Foto tomada de: www.zazzle.es |
ESO NO ES UNA PALMA!
Omar Carrero Araque
Baquiano
2008
Hasta mediados de
los años setenta la práctica larga de ecología vegetal de la Escuela de Ingeniería Forestal (ULA) era larga de verdad pues
partiendo de Mérida, vía La Azulita, se
llegaba hasta San Cristóbal – Desde allí se ganaba El IREL – En otra jornada
se alcanzaba Calabozo y San Fernando de Apure – Más tarde a
Caripito y los manglares del Caño San
Juan - Dos días para el sur de Anzoátegui, el Delta y Upata – Otro empujón para
llevarnos a La Cueva del Guácharo – Casanay y Carúpano. Después se hacía el
trayecto Boca de Uchire – La Vela de Coro - En otra correría se alcanzaba
Maracaibo y por fin Machiques – La Fría y Mérida.
Los estudiantes además de una
visión muy completa del cuadro ambiental del país de la ecología del país, del ordenamiento del territorio y
del uso de la tierra basado en las zonas de vida, recibían 17 bolívares
diarios, un frasco de repelente, una hamaca con su mosquitero y sus respectivos
colgaderos.
En una de esas aceleraciones estábamos en las cercanías de los
hatos ecológicos de Mantecal. Serían las 3 de la tarde en medio del pastizal sabanero, con un sol
abrileño de esos tabardilleros1, cuando alcanzábamos la
quinta hora de la clase vivencial, con el Profesor Rodríguez Poveda inspirado y
sin visos próximos a un toque de recreo.
Los estudiantes sudando la gota gorda
y con la extenuación reflejada en sus rostros, consultaban el reloj a cada rato
mientras se abanicaban con sus cuadernos como tratando de alejar el rescoldo que
llegaba con la brisa. Uno de ellos, mirando el lejano horizonte interrumpe las
explicaciones para demandar el nombre de una palma que divisaba entre el
reverbero del aire.
El Profesor siguiendo con su mirada la dirección del índice
del joven, otea la línea del horizonte antes de voltear para decirme con su voz
de trueno:
Suspenda la
práctica por el día de hoy!!
Y, volviéndose hacia el bachiller
inquisidor le revela:
Esa no es
una palma, ese es un molino!!!
Sin duda el
joven insolado estaba entrando al plano del desvarío.
1 Los
llaneros llaman tabardillo a la fiebre producida en animales y humanos por una
insolación fuerte

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