SUSTO
MAYOR Y TABACO EN RAMA
| Foto: Yoahana Rivas |
Omar Carrero
Araque
Baquiano
2002
Una mañana de agosto
después de sortear las embravecidas aguas de Río Grande logramos llegar a
puerto seguro, es decir a los muelles de Curiapo. Esa mañana habíamos salido
desde Merejina en una pequeña lancha aperada con un motor Yamaha 75 y manejada
por un merideño “sin mucho conocimiento de agua”.
Después pasar algunas juanas1 que nos sirvieron de atajo, a eso de las once de la mañana llegamos al eje
principal del Orinoco, en un punto donde este río asume las veces de mar, tanto
por el fuerte oleaje como por separación entre sus orillas, unos 20 kilómetros
según la escala de los mapas, una distancia que hace difícil distinguir de un
borde al otro.
El ruido casi suplicante del motor indicaba que ya no podía
seguir luchando contra la corriente a pesar de los esfuerzos del “guacho” (así apodaban
al improvisado piloto, un mote resultante de la mezcla de warao con gocho). Las
caras de susto de mis acompañantes sin duda reflejaban la mía en la que sentía
la rigidez de los músculos y seguramente
mostraba una palidez de arracacha.
Los
rezos y las promisiones a Santa Bárbara
felizmente encontraron eco en la Mártir, porque al fin logramos salir
del difícil trance. El alargado muelle
del pueblo estaba repleto de gente a la
espera del seguro naufragio. Pasado el susto, con el pantalón empapado de
agua y urea y la frente perlada de sudor, soportamos la reprimenda con la que nos recibieron las autoridades por
el desatino cometido al exponernos a semejante peligro.
Nos dijeron que entre
las 10 de la mañana y las 3 de la tarde ninguna embarcación ligera estaba
autorizada para navegar en ese sector. Para
terminar de salir de este trago amargo fuimos a una bodega a quitarnos
la resequedad de la garganta y tratar de recuperar enteramente la capacidad de
vocalizar. La tienda estaba llena de gente que compraba mercancía por grandes
cantidades para llevarlas a unas gabarras ancladas frente al pueblo. Supe que
eran comerciantes guyaneses venidos de Anna Regina y Georgetown.
La tienda era atendida por varias
personas, todas de la misma familia, en
las que sobresalía el jefe por su impresionante humanidad y sus enormes manos.
En medio de las cervezas, yo había entablado una conversación más que todo
gesticular con uno de los guyaneses
quien me comentó sobre su negocio de llevar guacamayas de contrabando para
venderlas a los turistas ingleses y gringos, un comercio que le reportaba
pingües ganancias. También me indicó que para su consumo personal, quería
comprar “tabaco en rama” presentado en
el mercado en forma de rollos semejantes a los de mecate.
Después de algunas
horas me percaté que el guyanés no había hecho ningún pedido a pesar de que
frente al negocio estaba una joven de
rara belleza, tal vez producto de la mezcla de los culí con los negros, quien
despachaba los pedidos de esa cabuya de nicotina. Sólo cuando la doncella salió a cenar y al cerciorarse
que el mastodonte de su padre se había encargado de las ventas, fue cuando mi
amigo decidió hacer su petición.
Entonces, rememorando mis lecciones de aprenda inglés en diez días
logré armar una frase para preguntarle porque había demorado tanto en
hacer su pedido. Después de una sonrisa
maliciosa, que dejó ver sus bien conformadas piezas dentales procedió, entre
gestos y frases entrecortadas, a darme
una respuesta que logré interpretar así:
una Porción de Tabaco equivale a
una medida de 4 dedos horizontales lo que me obligó a esperar que viniera el
padre porque la señorita tiene los dedos
muy delgados, yo esperé entonces a que
viniera su padre porque así por el mismo precio puedo obtener el doble de tabaco!!!
Sin
duda mi “amigo” guyanés era un buen
comerciante!! En verdad, yo me había
fijado en los dedos de la joven más no en los de su padre!!
1.
Juana = caños pequeños que conectan los
brazos del río en tiempos de marea alta
