ABUNDANCIA, FRECUENCIA Y DENSIDAD.
Omar Carrero Araque
Baquiano
2010
A mediados de los 60 un joven venido del sur merideño
ingresó a la escuela forestal en pos del título de ingeniero. Ya en las
primeras de cambio se hizo sentir por sus costumbres rurales, muy marcadas en
su proceder y en su léxico.
La finca de sus padres y sus productos estaba presente en todas sus
conversaciones, comparándola siempre con otras fincas que iba conociendo en las
distintas regiones a las que llegaba en prácticas de campo. Todo su
planteamiento lo traducía en las ganancias que pudiera tener si él estuviera al
frente de las grandes posesiones que veía en el llano, en sur del lago o en el oriente del país.
A lo
largo de su carrera llegó a convertirse en un todo una figura en la Facultad y
sus anécdotas se hicieron notorias. Como
era la costumbre en esa época este joven fue apodado con el nombre de su pueblo:
Guaraque.
En 1970, al obtener su título y con la herencia que recibió de sus
padres se fue a probar suerte en la tierra barinesa del pie de monte, en esos
tiempos todavía “baldía y llena de
monte”.
A medida que pasaban los años
fue cambiando los pelos de su cabeza por billetes en los bancos, como
acostumbraba responder cada vez que le
hacían bromas sobre su acentuada calvicie.
En una oportunidad en uno de mis
viajes hacia la Reserva Forestal Caparo, iba yo en uno de esos yips
viejos y destartalados que tenía el Instituto en el que trabajaba, un willys de cuatro cilindros con techo de
lona, que se desplazaba a una velocidad máxima de 80 Km/hora.
A la altura de Santa Bárbara de Barinas
decidí tomar un descanso por lo que
entré a Las Palmeras, un restaurante-paradero recién inaugurado por una una
familia lusitana. Fue allí donde, después de una veintena de años lo volví a
encontrar!!
Estaba muy cambiado pues
su prominente vientre y su marcada
calvicie lo alejaban de la imagen de aquel joven delgado y de
abundante pelo, que para ahorrar el
dinero andaba en el bus de la línea El Obrero que cubría la ruta Santa Elena -
La Vuelta, dos populares sectores de la ciudad y que cobraba 0,12 céntimos (una
locha), la mitad de lo que pagaba en los “los carritos” .
Ahorro es ahorro decía cuando se le reprochaba su tacañería, a la vez que señalaba que prefería
caminar desde la Parada del Bus más cercana hasta la Escuela situada a unos 800 m. Ahora a mediana edad, disimulaba su pelona con un
Borsalino Marlboro 7X color Venado, que además le daba prestancia.
Quiubo
toche fue su saludo cuando me reconoció, a la vez que me invitaba a tomar un café.
Entramos en una buena conversación recordando los tiempos de su pasada por la
Escuela, preguntándome por sus antiguos
compañeros como Segundo, Rómulo y Valecillos.
En una de esas, recordando sus
clases de ecología vegetal, me preguntó:
Ole
toche, vusté todavía sigue preocupado porque los bosques sean húmedos o secos?.
Ironizando concluyó que
“esas tochadas no dejan nada”. Traté de explicarle la importancia de saber cómo
la vegetación ayuda en la interpretación del entorno ambiental, pero él seguía
pendiente de su reloj y de la carretera,
un gesto que me llevó a preguntarle por su impaciencia.
Jaula
Ganadera
(Foto
tomada de: agronotas.wordpress.com)
En ese momento sonaron tres fuertes
cornetazos emitidas por tres camiones ganaderos de esos que llaman “jaulas”,
cuyos sonidos parecieron tranquilizar a mi amigo quien con una sonrisa de
satisfacción me preguntó:
¿Viste esas
tres gandolas con remolques que pasaron
sopladas?
Claro que las vi y también
sentí el estruendo de sus cornetas de aire, ¿por qué?.
Ahora con tono burlón me dijo: pues
te las quería mostrar porque son mis gandolas, que ahora van llevando mi ganado
a San Cristóbal. La primera que pasó la
llamo ABUNDANCIA; a la segunda, FRECUENCIA y a la tercera, DENSIDAD!
Ahí llevo 90 toros que vendí
al matadero industrial. Desde el banco
regional me informaron que ya la “especie dominante” está a buen resguardo.
Sonriendo por la gracia y por la ironía, me despedí de él en la puerta de su Silverado, tratando de hacerme oír por
encima de una canción de Antonio Aguilar,
que estridentemente sonaba en su equipo reproductor de sonido.
Yo me quedé dándole chola al yisito para obligarlo a “prender” pues
debía llegar esa tarde a la Estación Experimental Caparo en donde los estudiantes me esperaban para oír
mi exposición sobre la abundancia, la
frecuencia y la densidad!!!, tres importantes parámetros utilizados para
calcular el Índice de Valor de Importancia de las especies!!
Glosario
Glosario
Chola:
En el habla coloquial venezolano se designa con esta palabra al Acelerador del
vehículo
Gandola:
Vehículo (Camión) especialmente diseñado para transportar ganado
Quiubo:
Que hubo. Saludo entre amigos
Silverado:
Modelo de camioneta tipo Pick-Up con cabina y especial confort
Tochadas:
En este caso significa Pendejada - Tontería
Toche:
Expresión de la gente de Táchira con múltiples significados. Aquí utilizado
en confianza como huevón.
Yip:
Transliteración de la palabra inglesa Jeep, marca comercial de un vehículo
rústico
Prender:
Dar encendido en el caso de las máquinas o motores



