Se reseña la travesía entre
Calabozo y Guadarrama-Arismendi con Don Manuel Costa, Leonardo Lugo y José
“Coco” Guevara, rastreando información biogeográfica.
Paso del Río
Portuguesa
Fotopaises.com
Guadarrama: Tierra mojada por el Portuguesa. (2/2)
Omar Carrero Araque
Baquiano
2014
A escasos 5
Km del paso de la Chalana mencionado en la primera parte
de este relato se encuentra Guadarrama, pueblo fundado en 1810 bajo la
advocación de Santo Tomás por el presbítero español Juan Hernández (que
suponemos originario de la Comunidad de Guadarrama), en el que ahora se acogen
a unas 2.000 almas de las 5.000 que tiene la parroquia.
Es un pueblo típico
llanero, con sus calles de tierra que conforman el modelo de trama cuadriculada
traída por los españoles.
Su arquitectura primigenia casi ha sido borrada por la
llegada de nuevos materiales de construcción: el bloque de cemento desplazó a
las tapias de barro; los techos de palma son escasos pues mayormente han sido
substituidos por el zinc, el acerolit o la platabanda, y la misma construcción
de diseño “llanero” ajustado al medio, fue cambiado por el todo terreno de “la
vivienda rural”.
Sólo algunas de las casas alineadas sobre la barranca izquierda
del río conservan la arquitectura tradicional, casas éstas que fueron propiedad
de los comerciantes pudientes que vivieron la época de gloria de esos pueblos
del llano central, que por estar arrimados
a caudalosos ríos se convirtieron en importantes centros comerciales.
Estas casas todavía mantienen sus paredes de adobe de
fino acabado, altos techos de teja sostenidos por gruesas vigas de madera,
grandes ventanas de madera y amplios aleros.
En el pueblo no hay hoteles pero la amabilidad de la
gente subsana esta dificultad. En nuestro caso se nos abrieron las puertas de
la casa de la Señora Celia Torres, quien nos ofreció un caney para que
colgáramos las hamacas. Después de la atenciones de la familia y del consabido
cafecito de bienvenida, un buen baño nos permitió despojarnos de la capa de
polvo que nos había convertido en una especie de “guerreros de terracota” que nos hacía irreconocibles.
La manutención la proveía un pequeño restaurante en
donde a decir de la dueña los “tres golpes tenían el mismo sonido”, es decir la
oferta para el desayuno, el almuerzo o la cena era la misma: carne mechada, arroz y yuca, que en conjunto rebosaban al plato de
peltre en contraposición a su bajísimo precio que apenas llegaba a los 5 Bs.
En
los momentos de la cena estuvimos junto a unos insólitos acompañantes, que
aunque domesticados, no sufren entre los barrotes de una jaula: turpiales,
alcaravanes, patos güires, loros y
sangres de toro que revoloteaban y cantaban junto a la mesa.
Una visita al nombrado río, que hermana en aguas a este
pueblo con Turén y La Unión, deja ver como su discurrir por esta parte del llano
ahora con un rumbo mayormente norte-sur, se hace más recto, formando “tendíos”
de hasta 300-400 metros que se unen con el siguiente con suaves curvas, contrariando
el esquema que se tiene para los llanos occidentales, donde los ríos adquieren
formas muy sinuosas con pronunciados meandros.
Un hecho negativo observado
en las orillas del río, frente al pueblo, se relaciona con la poca atención que
las autoridades y la ciudadanía le presta a la disposición de los desechos,
pues la acumulación de plásticos, latas y vidrio ya se observa por doquier,
creando un problema, que en un pueblo pequeño como este, podría ser reparado a
tiempo, más que todo concienciando a sus habitantes, en una acción-homenaje a
la memoria de su hijo más preclaro: Don Virgilio Tosta, abogado, sociólogo,
historiador, educador y político de renombre nacional.
De Guadarrama
continuamos el viaje hasta Arismendi rejendiendo paisajes que en un primer
trecho se presentan similares a los que
encontramos en los días anteriores, con palmares y esteros.
Los bordes de estos últimos se
presentan poblados con grandes árboles de Cañafístola en cuyas copas se asoman
centenares de alborotadoras chenchenas. Más
adelante las palmas comienzan a desaparecer para dar paso a los paños de sabana
limpia, destacándose la Sabana de Altamizal, sólo interrumpida por un bosque de galería de fisionomía particular debido a la
presencia de un estrato único en su perfil vertical, con árboles caducifolios de
porte mediano entre los que se destaca el Totumo de caño; además es notoria la ausencia
de sotobosque, tal vez como consecuencia de prolongadas inundaciones.
En este trayecto,
el llano nos enseñó su faceta dura al mostrarnos, en un cuadro tétrico, la
agonía de un pollino que al acercarse a un pozo de agua quedó atascado hasta el
lomo en un tremedal, sin posibilidad de salir por sus propios medios. Allí
morirá de hambre tal como lo esperaban los zamuros y oripopos, que en las copas
de los árboles cercanos montaban macabra guardia.
Llamó la atención la
indolencia de los moradores quienes nunca intentaron salvar al animal,
aduciendo la cotidianidad de estos eventos en la época de sequía, tal como lo
reseña Jorge Guerrero en su expresivo y sentido pasaje Los Retoños del Laurel: “La vaca vieja merey – murió atollada en un
pozo – cerquita del terraplén”
Un profundo corte
en el suelo con propósito de extraer tierra para el relleno de la calzada deja
ver una gruesa capa de arcilla que profundiza a más de cuatro metros, un hecho que aunado a
lo bajo del terreno, explica las altas y prolongadas inundaciones que ocurren en
estas áreas. Las características de la vegetación responden a los cambios fisiográficos,
por lo que encontramos a las sabanas herbáceas con Celedonias dispersas, en la
zona de Esteros; los palmares, en la zona de los Explayamientos, es decir en
los declives entre las partes más altas y las más bajas y por último, los Bosques
ocupando las zonas de diques o albardones.
Después de hacer un recorrido de unos 50 Km, entre
nieblas de polvo, se llega a Arismendi, la cabecera del municipio, establecido en 1874 en tierras del reconocido
Hato Ave María, cuyo dueño de apellido Sánchez, había donado 2.400.000 varas
(unos 2 Km²) de sus tierras menos inundables para la fundación del pueblo, que
en un principio se llamó Ave María pero que después se renombró como Arismendi
para honrar la memoria del General José Loreto Arismendi, de notable actuación
en la Guerra Federal.
Al término de esta cruzada iniciada en Calabozo y que nos llevó por Mata Arzolera, por las proximidades de La Unión, por Guadarrama
y por Arismendi o Ave María, logramos entender las coplas que cantó Loyola con las
que marcó el espacio de sus primeras correrías, y que ahora aparecen en el
pedestal del monumento erigido en el lugar de su nacimiento: “Pajarillo,
Pajarillo – que vuelas por la ribera – voy a cantarte otra vez – con mi
garganta altanera – recordando aquellos tiempos – allá en Mata Arzolera – de La
Unión y Calabozo – y el Ave María Sanchera”




