ROMA: UN RUINERO LOCO!!
Omar
Carrero Araque
Baquiano
1995
El Foro Romano
Foto: www.disfrutaroma.com
En 1978 el Profesor Rodríguez Poveda, uno de los Catedráticos más
reconocidos de la Universidad de Los Andes en el área de las ciencias
forestales, tuvo la oportunidad de realizar en Roma un curso sobre Sensores
Remotos Aplicados al Estudio de la Vegetación Tropical, un área novedosa para
ese entonces, el cual le demandó un intenso mes de estudios en la ciudad de las
siete colinas.
Allí, además de captar el cúmulo de información que le transmitió la FAO
en los recintos de su regio edificio
situado en la Viale delle Terme di Caracalla, y rendir satisfactoriamente las
pruebas finales exigidas para la aprobación del curso, le quedó tiempo para
visitar la ciudad que muestra a través de célebres monumentos, los vestigios del
Imperio que le dio gloria.
Por su vista pasaron en vivo lo que sus estudios
secundarios de historia universal le habían mostrado en imágenes. Ahora tenía
frente a sus ojos el Coliseo Romano, el Arco de Tito, La Columna de Trajano, La Vía Apia, Las Termas
de Caracalla, las Catacumbas, y en el Museo Capitolino a la archiconocida
estatua de Luperca, la Loba que amamantó a los gemelos Rómulo y Remo.
También
recorrió a la ciudad-estado de El Vaticano en donde admiró a la monumental
Plaza de San Pedro y su imponente Basílica, epicentro del catolicismo y acopio
de valiosísimas obras de arte. A su regreso a Mérida, cargado de información
sobre las técnicas de fotointerpretación y con una más amplia visión del viejo
continente que logró recorrer en parte, se incorpora a su afán organizador y docente.
Ya de regreso a Mérida, un viernes por la tarde recibe en su cubículo al Profesor José Manuel Briceño Monzillo un apasionado de la historia y de la
cultura italiana, una pasión heredada de sus ancestros, pero que ahora después
de su larga permanencia con miras doctorales en la tierra florentina, se le
hizo más acentuada.
Su avidez por conocer la visión que el Profesor Rodríguez traía de
su Roma añorada y de su impresión sobre su admirable legado histórico, lo induce
a realizar esa visita. Conocedor de la
excelente capacidad de observación y de análisis de su amigo, decide el encuentro ese fin de semana con el deseo de
prolongar la conversación en un lugar más agradable. Así que de sopetón lo
interroga:
Qué tal Roma, Luis Enrique?
Sin duda una frase con la que dejó perplejo al visitante a
quien no le quedó más remedio que dar media vuelta y salir.

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