Las
llamadas Selvas Estacionales que cubrían las planicies aluviales del alto llano
occidental, aproximadamente entre las cotas 120-220, conformaron hasta mediados
del siglo pasado un macizo boscoso de unas 3.000.000 de hectáreas sobre tierras
de Portuguesa, Barinas y Apure. Allí se encontraban, entre otras, las montañas
de Turén, Tucupido, Santa Rosa, La Luz, Masparro, Camital, Obispos, El Real, La
Tigra, Ticoporo, Soropo, Caparo, San Camilo, Cutufí y El Nula, estas últimas
confundidas con las selvas colombianas de Arauca. La mayor parte de estas
selvas, por no decir que casi todas, fueron arrasadas al ser consideradas un
estorbo para el “desarrollo” de la agricultura y la ganadería, en un acto
irracional que no respetó ninguna consideración, a pesar de las numerosas las luchas que desde
distintos frentes se plantearon en defensa de tan valiosas áreas.
Ante
el fracaso de estas luchas de carácter ambiental se recurre al acto de la oración, como
buscando la protección divina para tratar de salvar lo poco que queda de la
montaña de Caparo. Es este sentido se ha parafraseado al Arcángel de la Anunciación, para
escribir la Rogativa.

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