ADIOS AL
PROFESOR JOSÉ R. “COCO” GUEVARA
(una despedida que se nos antoja de ficción)
Después de 38 años dedicados a la enseñanza
botánica y por consiguiente a favor del lado verde de la tierra, decide su
retiro oficial del trajín docente. Este retiro se hace efectivo, hoy 2 de
Febrero de 2018, el Día de La Candelaria, al cumplirse 38 años de su apostolado
universitario.
José Remigio Guevara González, nuestro
homenajeado en el día de hoy, nació el primer día de octubre de 1952 en el
entonces pequeño y rural pueblo de Cagua. La llegada del párvulo rellenó de
alegría el hogar conformado por León Guevara y Dolores (Lola) González.
Su
infancia la vivió feliz entre trompos y papagallos así como su juventud
temprana a la que disfrutó plenamente en
excursiones que, junto a sus amigos, organizaba hacia el cerro El Empalao y a las
vecinas playas caribeñas de Cata y Ocumare, o también en travesías hacia Puerto
Maya; además fue un crónico acompañante de sus tíos, comerciantes de ganado,
hacia a las desplegadas sabanas apureñas. La contemplación del campo y su gente, le
fue despertando interés por los entornos naturales y sociales.
La visión de la
anchura tanto del mar como de la llanura, así como el esfuerzo requerido para
el remonte de las crestas, le fueron moldeando su espíritu de libertad y de
lucha. La visión de un mundo más allá de la Cagua pueblerina la fue adquiriendo
con sus tempranos viajes a la Capital, pero también con la lectura de libros y
revistas que vendía Don León, y con las nocturnas entradas al cine Azteca, cuyo
acceso estaba bajo tutela de su progenitora. Su pasaje por la escuela primaria,
por lo inobediente de su espíritu, fue un hecho cuasi dramático, De estos
trances se recuerda su remoquete de Coco, su suspensión en el tercer grado y el
dominio, que sobre él, por fin ejerció la severa Maestra Amelia Dorta. El Liceo
Rafael Hernández León le abre sus puertas y allí se distingue por su
inteligencia, una condición que al ser percibida por el Profesor Gilberto
García, inclinó a este docente a darle su mano como Tutor.
Ya con el lauro de
bachiller sobre sus sienes y sintiendo la cercanía de la Universidad Central,
mira hacia la Escuela de Comunicación Social, cuyo acceso desde Cagua era expedito
para la época. Su debut como “periodista” se vio truncado por el allanamiento
que sufrió esta Casa de Estudios al considerársele como un foco urbano de la
guerrilla. Este acontecimiento, vista la incertidumbre sobre la apertura de las
aulas ucevistas, lo hace voltear hacia occidente, hacia los campus de la
Serrana Altiva.
Es así como un día llega a la neblinosa ciudad de Mérida en busca
de una carrera universitaria que le
valiera para un ejercicio profesional vinculante con el lado rural que resaltaba
en sus improntas. Allí estaba la Escuela de Ingeniería Forestal que les
ofrecía sus aulas, sus laboratorios y sus estaciones experimentales, todas impregnadas
con los bálsamos del bosque. Fue así como, en medio de penurias económicas, se
vio un día frente a Marcano-Berti, a Rodríguez Poveda, a Jesús Bolaños y a Jorge
Virigay, entre otros muchos, atesorando información y experiencias.
Su paso por
el herbario el 1 de Diciembre de 1977, en su condición de Auxiliar, le despertó
el interés por la ciencia de Tírtamo, el filósofo griego que hizo la primera
clasificación de las plantas y que por la gracia que ponía a sus clases, fue
apodado Teofrasto por su Maestro
Aristóteles (en eso de la gracia, cualquier parecido con la coincidencia es
pura realidad). Su aprieto económico alivió un poco más al abrirse un concurso
para una Preparaduría en Botánica en el que resultó ganador a medias, pues uno
de sus rivales lo igualó en calificaciones, por lo que debió compartir su
sueldo con aquél.
Como Preparador trabajó bajo la orientación de los profesores
Rubén Hernández Gil, Clemente Hernández Peña y Luis Marcano-Berti, en las
materias de Fisiología Vegetal, Botánica Sistemática y Dendrología. Las actividades
prácticas en el campo le sirvieron para reafirmar su vocación forestal, sobre
todo aquellas realizadas en la Estación Experimental Caparo, por ser ésta la única en la que se
desarrollaba un proyecto de investigación forestal que entroncaba las
diferentes disciplinas de esta ciencia, incluyendo la botánica. Por fin, el
siete de diciembre del año 79, termina los estudios de pregrado que lo llevan a
ser reconocido como Ingeniero Forestal.
Después de un breve lapso de búsqueda
de trabajo fuera de Mérida, es llamado a la Facultad para ejercer la docencia, firmando el Contrato el
2 de Febrero de 1980, una fecha especial para él en su condición de creyente, por el
simbolismo del encendido de la luz. Así comienza su labor como docente, en cuyo
cabal cumplimiento se paseó por las asignaturas de Botánica Sistemática,
Dendrología y Ecología Vegetal, mientras que en el Postgrado BOTANE de la
Facultad de Ciencias, fue responsable del Curso sobre “Inventarios de Flora y
Vegetación”.
En Caparo fue Coordinador Proyecto Área de Estudios Ecológicos y
de Reserva Biológica, y en Guri, dentro del Programa EDELCA-ULA, Coordinó el
sub-proyecto Inventario Florístico.
Su reafirmación como Botánico está fundamentada
en los estudios de Postgrado y de Doctorado, realizados el primero en la
Universidad Central de Venezuela y, el segundo, en la Universitat de Valencia
(España). La investigación sobre “Recursos fitogenéticos y relaciones florísticas de la flórula arbórea de
las comunidades forestales en la Estación Experimental Caparo, estado Barinas”
y una “Propuesta de Clasificación Biogeográfica para los Llanos del Orinoco,
Venezuela” fueron los meritorios trabajos de investigación que le permitieron
acceder a la maestría y al doctorado respectivamente.
Su hambre de conocimientos
lo empuja hacia la realización de diversos cursos atañidos al campo botánico como los de Taxonomía Avanzada, Técnicas Moleculares aplicadas a la
Taxonomía y a la evolución de las plantas superiores, Actualización en
Manejo de Herbarios, Colecciones de Germoplasma y Recursos Fitogenéticos, y por
último, sobre la Conservación de los Recursos Naturales y
Equilibrio Ecológico en Venezuela. El Herbario MER “Carlos Liscano” ha sentido
su mano conductora desde las posiciones de Curador, unas veces y Director, en
otras. En otra oportunidad presidió la Asociación Venezolana
de Herbarios.
Todo este esfuerzo del Profesor Guevara
no ha sido en vano, pues además de sus Pergaminos de Aula Magna, en varias ocasiones
ha recibido reconocimientos como el de Estímulo a la Investigación y de
Promoción al Investigador. En Congresos de Botánica, nacionales e
internacionales, ha sido Coordinador o Expositor.
Su gusanillo de pensador no le ha
permitido quedarse estático ni mucho menos atrincherarse sólo en la botánica,
pues otros campos del saber le han despertado su interés, colándose en ellos
por la menor rendija. Es así como, gracias a su afán y a su memoria portentosa,
lo encontramos montado sobre las plataformas de la ecología, la biodiversidad,
la fitogeografía, la astronomía, la religión, las bellas artes, la historia, la
astrología, la mitología, la música y las ciencias místicas; moviéndose con propiedad
y honestidad en estas ciencias o artes.
Después de 38 años dedicados a la
enseñanza botánica y por consiguiente a favor del lado verde de la tierra,
decide su retiro oficial del trajín docente. Este retiro se hace efectivo, hoy 2
de Febrero de 2018, el Día de La Candelaria, al cumplirse 38 años de su apostolado
universitario.
Hoy con este manifiesto le damos la
despedida a nuestro Profesor Guevara, con un adiós que se nos antoja ficticio, pues
su figura, sus enseñanzas y sus
lecciones, al igual que la lista botánica del Papiro de Ebers, perdurarán por
los años de los años.
