ALGO DE IDIOMA Y MUCHO DE AMENAZA
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| Área socalada por ocupantes ilegales en la Estación Experimental Caparo Foto: periódico ecológico VERDE |
Omar Carrero Araque
Baquiano
2018
Los agricultores Canarios acostumbraban
recortar las puntas de las plantas de Alcacer o Avena para evitar que fueran
abatidas por la lluvia o por el viento. A esta acción la llamaban SOCOLAR.
Seguramente los Canarios que se le unieron a
Colón en sus viajes de encuentro con las nuevas tierras, trajeron esta palabra
que se arraigó en algunas de las regiones que más tarde conformarían a los
países americanos. En muchos lugares el término ha perdurado con el mismo
sentido, aunque en algunos de éstos, cambiando su grafía a SOCALAR,
SOCALAR alude a la acción de desbrozar,
desmontar o rozar la maleza, los matorrales o el sotobosque. Con esta
significación se conoce en Ecuador, Honduras, Costa Rica, Nicaragua y Colombia.
(Aunque en algunos lugares de Centroamérica aún conservan la grafía original).
En Venezuela, el término Socalar es registrado
por Don Lisandro Alvarado a comienzos del pasado siglo. En su diccionario de
neologismos y arcaísmos, el sabio larense la define como “limpiar en un bosque
la maleza que rodea los árboles para talar éstos y dejar el campo despejado
para el plantío”.
A mi práctico
entender esta palabra no se usó en el alto llano occidental lindante con la
cordillera andina, sino después de la llegada en masa de los colombianos que huían
de la violencia desatada en su país, a raíz del asesinato de Jorge Eliécer
Gaitán.
En Ticoporo, San Camilo y Caparo ahora es de
uso común tal como se vio durante la vigencia de las Concesiones Forestales que
tuvieron vida en estas Reservas, pues el Socalado formaba parte de las
actividades de preparación de las áreas para plantación.
Se trae a colación la reseña sobre el verbo
Socalar ahora cuando una parte importante de la EEC ha sido socalada por la
acción de los invasores que ya tienen casi 11 meses actuando impunemente. La
información se ha obtenido de las notas que acompañan a las imágenes
satelitales presentadas por la Ingeniero Andreína Carrero, en su oportuno y
excelente trabajo sobre este invasión.
Allí deja ver que, además de los pequeños
conucos puede haber áreas Socaladas no detectables con las técnicas utilizadas
en su informe gráfico. Puede suponerse que a cada “conuquito” de una hectárea,
que serviría en este caso para marcar presencia, está asociada un área
socalada, sin duda mucho mayor que la deforestada. De no lograrse el desalojo
de estos ocupantes ilegales en los próximos meses, se pasará del “tiempo de
socalo” al “tiempo de quema”, que deberá darse a medio marzo cuando la broza
esté bien seca.
Esta acción representaría un grave riesgo para
el bosque, y para todo lo que éste encierra, porque serían al menos 148 “ojos
de candela” bien distribuidos en el espacio, los que sin las precauciones
necesarias, podrían extender el fuego sobre gran parte de bosque causando un
incendio “programado” con daños incalculables, muy útil a las apetencias de los
invasores.
Consultas en:
Alvarado, L. 1984 Neologismos y Arcaismos. En
Obras Completas L a Casa de Bello. Caracas
Análisis y descripción onomasiológica del
léxico canario
https://riull.ull.es/xmlui/handle/915/10034
Diccionario de Real Academia Española
Fotografía de Área socalada en el Estación
Experimental Caparo tomada de verde periódico ecológico
