En 1961 la montaña de San Camilo fue declarada
por el estado como reserva forestal, es decir que se reservó para que un puñado
de “empresarios de la madera”, aprovecharan
su riqueza bajo la práctica minera, en copia fiel al modelo seguido en Turén,
Ticoporo y Caparo. Hoy en día sólo quedan pequeños fragmentos del bosque sin valor maderero, gracias a la
interpretación que estos “empresarios” dieron
al Manejo del Bosque: El manejo de los camiones “roleros”.
SAN CAMILO: LEGENDARIA MONTAÑA APUREÑA (1/2)
Omar Carrero Araque
Baquiano
Ilustraciones tomadas de "Reserva Forestal de San Camilo: Un caso de extinción. Fundación Ecológica Doña Bárbara- San Fernando de Apure 1994
San Camilo, la legendaria selva que ocupaba la lengüeta occidental de
Apure, rayana con Barinas, Táchira y Arauca (Colombia), estuvo integrada al
macizo boscoso de Caparo, Cutufí y Arauca, se extendía por más de un millón de
hectáreas. Condiciones ambientales favorables permitieron el establecimiento de
San Camilo, una exuberante matriz forestal que albergó una profusa manifestación
de vida y generó un hecho cultural, manifiesto en la aureola mítica que
encerraba la selva.
Una intrincada red fluvial compuesta por más de una docena de corrientes
de envergadura como las del Sarare, Uribante, Doradas, Burgua, Nula, Teteo y
Río Frío; los caños Burgüita y Teteito, y las quebradas Torondoy y La Zancuda
que también ayudaban en el desagüe del exceso de agua aportada por los copiosos
aguaceros que se batían sobre la región.
Estas corrientes, que casi siempre bajaban “de orilla a orilla” y un piso
cubierto en su mayor parte por terracetas (zuros o tatucos) de hasta un metro
de altura, dificultaban enormemente el tránsito, a tal punto que los llaneros veían a la montaña[1]
como el “infierno vivo”; un epíteto bien ganado por las dificultades que encerrada
la selva, donde a lo inhóspito del paraje se sumaba su aislamiento y su
condición fronteriza que la convirtieron en un paraíso para bandoleros,
salteadores de caminos y, en épocas más recientes, en aliviadero para los
grupos de la guerrilla colombiana.
Hoy en día, la selva ha desaparecido casi por completo a pesar del
intento del estado para conservarla, primero declarando parte de ella, unas 430.000 ha como reserva
forestal y después como parque nacional (P.N. Río Viejo de 80.000 ha) que ha sido el
postrer intento por mantener el último vestigio de la selva (2). Actualmente sólo
se conserva un 10% de la espesura original, sin embargo en las crónicas y en el
recuerdo de los viejos queda su historia legendaria. Se hace necesario entonces,
tratar de rescatar estas crónicas y estos recuerdos para que no corran la misma
suerte que la selva.
La historia se remonta a los primeros años de la conquista cuando los
europeos reconocieron en los caminos de los indígenas, una vía para sus propósitos
de expansión. Así establecieron el contacto entre Coro, El Tocuyo, los Llanos
occidentales, Tunja y Bogotá, tal como lo señaló en 1577 el representante de la
Casa Welser, Nikolaus Ferderman (9). En esta ruta, unos
100 Km
después de Periquera (Guasdualito), se cruzaba la selva que después se conoció
como San Camilo, de la que debían sortearse 125 Km antes de alcanzar la Villa de San Cristóbal (6).
También en la historia patria se registra la presencia de esta montaña,
pues allí ocurrió en 1813, la batalla que perdió el Coronel Antonio Nicolás
Briceño (El Diablo), un hecho de armas que originó su captura y posterior
fusilamiento en Barinas (1). Igualmente, en junio de 1819, en un parte
de guerra se informa al Coronel realista José María Barreyro, que Páez al mando
de setecientos hombres había salido desde Guasdualito hacia San Camilo para
dirigirse a Barinas (8).
Se menciona también el paso del Profeta por esta montaña en la primera
década del siglo pasado. Este personaje de nombre Laureano Ojeda se llevó a su paso a centenares de personas que buscaban la salvación, pues según su convincente prédica el fin del mundo estaba cerca. Según le oí a un viejo lugareño de San Camilo de nombre Erasmo Rosales, cuyo padre conoció al Profeta, éste tenía la facultad de escribir salmos bíblicos sobre hojas de platanillo, en los que se conservaban por siempre.
Más
recientemente, hacia la primera mitad de siglo XX, se registra el intenso
intercambio comercial entre el alto Apure y Táchira y sobre todo con el
comercio ganadero hacia Colombia. En este viaje los llaneros llevaban su ganado
desde Guasdualito haciendo un recorrido de unos 300 Km, 95 de los cuales por
sabanas y 125 por la renombrada montaña.
Saliendo de Guasdualito se atravesaban
las sabanas de El Caimán, Boquemonte y El Consejo para llegar a Los Mangos,
punto donde los llaneros de a caballo o "nalgas pelás"
entregaban el ganado a Los Cagones
(peones de pantalón corto que arreaban el ganado a pie, a través de la
montaña), estos peones eran los encargados de conducir las manadas hasta La
Sabana de La Concordia
(en las cercanías de San Cristóbal), aunque la selva sólo llegaba hasta La Esmeralda de Teteo (6).
El
comercio ganadero eran tan intenso que entre 1935 y 1938 se movilizaron runflas
de ganado por una cantidad cercana a las 140.000 reses. Los viejos llaneros del
alto Apure recuerdan que 14 obreros bastaban para movilizar 300 novillos en
cada viaje (3). Si tomamos esta cantidad como referencia tendremos que en los
cuatro años que van de 1935 al 38, debieron realizarse unos 460 viajes, es
decir unos 115 viajes por año lo que indica la dinámica del intercambio
comercial de la época y la importancia de San Camilo como ruta comercial.
Como
dato curioso se señala que para ese tiempo una
arroba de carne valía 4,50 Bs en Guasdualito y 6 Bs en San Cristóbal (13). También se recuerda
a un comerciante que alcanzó mucho renombre pues regularmente bajaba desde San
Cristóbal hasta Guasdualito o Elorza, con sus mulas cargadas de morocotas. Su
nombre era Francisco García Camacho (El Guate García) quien se hacía acompañar
de su hombre de confianza o Edecán, llamado Trinidad Castro.
El Guate, quien
bajaba siempre en los meses en que se efectuaban las ventas de ganado (Mayo
y Diciembre), sobrevive además de las
crónicas, en coplas y corridos. Según cuanta Don José Natalio Estrada, “fue uno
de los personajes más destacados y de una influencia profunda en la vida del
estado Apure” (15).
En
Guasdualito vive todavía el viejo Casimiro Delgado quien con sus 80 y tantos
años a cuestas aún recuerda sus viajes por San Camilo y en un esfuerzo memorístico,
hilvana algunas coplas en las que mienta las 32 travesías de la montaña (3). Una travesía era
el recorrido que se hacía entre uno y otro sitio de descanso después de una
jornada. Estos sitios eran los llamados Paraderos. Señala Calzadilla Valdés (4) que el ganado se
“paraba” en claros del bosque, hechos a propósito con capacidad para 100-120 reses. Indica también que se
requerían 8 días para atravesar la montaña llevando ganado y 4 si se andaba
escotero.
Los
Paraderos más nombrados aparecen registrados
en documentos de la época o en la memoria de los viajeros que aún quedan, como
el caso de Don Pedro Rodríguez en El
Cantón de Barinas o Casimiro Delgado en Guasdualito. También memoran algunos
sitios que por presentar mucha dificultad para atravesarlos adquirieron
renombre, tales como el Barrizal de Las Auyamas, Los Pozones de Ricaurte, las
Saltanejas de Santo Tomás y el paso del Burgua.
En
cuanto a los Paraderos se tiene que, uniendo los relatos de Casimiro Delgado,
Pedro Rodríguez y Calzadilla Valdés ha sido posible restablecerlos, sobre todo
los más conocidos. En las coplas que se cantan en el alto llano se recuerda que la montaña tenía treinta y
dos travesías.
Las
más nombradas fueron: 1. El Escoplo 2. Rivera 3. Mi Ruta 4. El Biscocho 5.
San Agustín 6. El Hoyo 7. Palmas Quemadas 8. Concha 9. José Miguel 10. Mancilla 11. Santo Tomás
12. Somaza 13. La Pica 14. San Ignacio 15. El Registro 16. El Burro 17.
Marquito 18. Marcos Toro 19. La
Piedra 20. Los Isleños 21. El Rial 22. Los Guillenes 23.
Bravo Ricaurte 24. Bruja 25. Santa Bárbara
26. La Ceiba
27. San Juan 28. El Chiquito 29 Canoas
30. Los Medanitos 31. Tinajas 32. El
Puerto.
Los
arreos no siempre seguían esta ruta porque las dificultades del terreno, las
inundaciones o los grupos de asaltantes los obligaban a desviarse hacia otros
paraderos como los de Gritadero – Hospital– El Loco – Buenos Aires – Tronqueras
– La Burusa – La Barriga – Las Tapas – Grifo – El Delito – El
Burro – La Piedrita – Cobalongo – Macolla – Pensamiento – Rancho Cuero –
Chiricoa – El Tapón – El Burgua – San
Roque – Canoas – El Banco – La
Ratona – Tinajitas – Casa de Juan Murillo y
Buena Vista.
Una
vez a cielo libre y ya enfilando hacia la serranía tachirense se encontraban la Hacienda Naranjales
– El Porvenir – Paso de Jají – Casa de Ricardo Contreras – Cementerio de La Morita – Paso de La Zancuda – El Helechal –
Cuite – Río Frío – San Josecito y al
final, la Sabana
de La Concordia, en las proximidades de San Cristóbal (6).
Vía principal de la antigua Sabana de La
Concordia (1930)
Sitio donde se negociaba el ganado
Foto tomada de:servidor-
opsu.tach.ula.ve/profeso/maldo.../parroquia_la_concordia_sc.pd
[1] En el léxico
llanero, el término Montaña tiene
significado de bosque o selva y no la geográfica de elevación del terreno.

