LARRY, TIENES
FIEBRE?
Foto de Santi Sinsawad tomada de
Google - es.123rf.com
Omar Carrero Araque
Baquiano
2005
Corría el año de 1972 y en la
estación Experimental Caparo se vivía y se sentía el avance del Proyecto de
Investigación con fines de manejo forestal que la Facultad de Ciencias
Forestales y CORPOANDES ejecutaban en el área.
Ese año había suficiente dinero
para las inversiones como producto de la venta de unos dos mil metros cúbicos
de madera. Se habían contratado más de setenta obreros y estaba por ejecutarse
una plantación de veinte y tantas hectáreas de Teca en la zona de bancos de las
Áreas 2 y 3.
El Campamento estaba a reventar con los obreros, los contratistas
y los técnicos. Muchas actividades a realizar por cada equipo, cuyos capataces
debían multiplicarse para atender tantos oficios. El responsable de campo era Lawrence
“Larry” Vincent, cuyo apellido extraño para la zona había sido traducido como Winche.
Este Profesor, originario de
New Mexico, una vez terminada su Maestría en Mérida y su Doctorado en Tennessee
y tras una de las más acertadas decisiones tomadas en esta Facultad, pasó a
formar parte del cuerpo profesoral del Postgrado en Manejo de Bosques.
De
inmediato fue designado Jefe del Proyecto Caparo. Cuando cumplía trabajos de
campo en la Estación Experimental, Larry compartía su habitación con otro Jefe,
el del Campamento, un técnico con tantos conocimientos prácticos en su mente, como vinagre en su carácter.
A la época,
la luz eléctrica dependía de una pequeña planta que sólo permanecía
encendida entre las siete y las diez de
la noche después de la cual, sólo se
tenía la luz reflejada por el satélite natural.
La preocupación de Larry
Vincent era grande por tantas actividades acumuladas, sobre todo las que debían
realizarse al día siguiente por lo que pasaba largas horas planificándolas
mentalmente una vez que acomodaba su
largo cuerpo en ese invento arahuaco que llaman hamaca.
Como en la oscuridad de
la noche no podía anotar en su pequeña libreta las obligaciones de mañana, como
buen “americano” optó por apoyarse en la
tecnología de punta, por lo que se compró un pequeño grabador Tipo Periodista de
esos que usaban cintas magnéticas o Casetes.
Allí constreñido entre la hamaca y
el mosquitero, de madrugada y cada vez que se acordaba de algo importante,
encendía el citado artefacto y,
micrófono en mano registraba la idea venida a su cabeza: pagarle a Donatto el alquiler del D-8, o más tarde, transportar material vegetativo para el área
tres o comprar platinos para la Power Wagon. Y así iba grabando, una a una,
las tareas más importantes a realizar al día siguiente.
Pero al lado de su
hamaca, en una cama con aires victorianos dormía Bustamante, el Técnico-Jefe
que en ese momento ignoraba la estrategia de Larry y su Grabador por lo que no entendía
nada de lo que oía y elucubraba sobre lo que podía estar pasándole a su vecino.
En el momento crítico, para salir de toda duda, cuando el Jefe volvió a realizar
una nueva grabación, sacó la cabeza del mosquitero y acercándose a la vecina
hamaca, con voz cargada de preocupación, espetó: Larry, tienes fiebre?
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