POR EL MUNDO
DEL YAGRUMO
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| Foto: Denis Alexander Torres - Visión Torres |
Omar Carrero Araque
Baquiano
2016
Puede afirmarse que
la totalidad de los pobladores de los espacios rurales reconocen fácilmente a
un árbol de Yagrumo (Cecropia sp.), aunque
también pueden hacerlo los citadinos que tengan curiosidad por su entorno, puesto que la
presencia de Yagrumos es habitual en parques, jardines botánicos y sobre cornisas, techos o paredes viejas. El
Yagrumo resalta por su tronco largo y delgado, de color blancuzco, con anillos
que lo cercan de trecho en trecho.
En la base del tronco se distinguen numerosos
Zancos, es decir, un tipo de raíz aérea que en algunas plantas salen desde el tallo para anclarse en el suelo, quizá
como artimaña de ocupación espacial. Sus ramas largas insertas en un
mismo plano (verticiladas) sostienen a
hojas grandes parecidas a un escudo griego tipo pelta, porque la
inserción del peciolo se hace por debajo y no por el borde. En algunas especies
estas hojas están cubiertas por una densa capa de pelos, que al desviar la luz las
hace aparecer de color plateado (1).
Por este hecho, Don Tulio Febres-Cordero,
el Patriarca de las letras merideñas llama a estos árboles “las canas de la
montaña”. Se sabe que la presencia de
este árbol dentro del bosque sólo ocurre en aquellos lugares donde el techo
forestal se ha abierto a consecuencia de la caída de grandes árboles. Esta particularidad ubica al Yagrumo en la lista de Árboles Pioneros.
Si la caída de los grandes árboles se asimila a una “herida” que es causada al bosque,
entonces el Yagrumo por esta última razón, desempeñaría el papel de “árbol
cicatrizante”.
Hasta aquí se reseñan
someramente los aspectos externos que generalmente vemos en el Yagrumo, que
sirven de gancho para llamar la atención del observador, sin embargo otras
particularidades menos notorias pero quizá más interesantes, harán que de ahora
en adelante miremos dos veces a este singular árbol, con la intención de
adentrarnos al mundo que gira a su alrededor.
Primeramente debe señalarse la facultad que el Yagrumo tiene
en sus raíces para penetrar y rebuscar el alimento en la podredumbre de los
troncos en descomposición, tal vez con la ayuda de hongos cómplices. Después
nos fijaremos en unas formaciones que aparecen en la base del peciolo, como si
dijéramos en el sobaco, las cuales son llamadas por los eruditos como “Cuerpos
de Muller”, por el teutón Heinrich
L. Müller (1829-1883) su descubridor.
Estos cuerpos son
semejantes a los huevos de hormigas del Género Azteca, que por esta razón
instalan sus viviendas en las cercanías de estos “nidos” y desde allí atacan a
otros insectos herbívoros que intenten “ramonear” a su hospedero. Las hormigas
Azteca logran penetrar hacia el tronco hueco del Yagrumo para instalar allí sus
“granjas” en donde crían a Pulgones del
Género Lachnodiella, unos hemípteros que hacen las veces “de vacas” de las que
extraen secreciones alimenticias (2).
También se señala que algunas aves como los
conotos o mamíferos como ciertos murciélagos, que al alimentarse de sus frutos
se convierten en sus dispersores. Estos agentes riegan sus excrementos sobre el
ramaje dejándolos a merced de las lluvias que llevan hasta el suelo las miles de
semillas para integrarse al potencial seminal edáfico (2). La penumbra de la
selva, que frena al proceso de germinación, cede ante la apertura de cielo
vegetal por caída de los árboles maduros. Entonces, gracias a la luz que ahora golpea
directamente al suelo, se dispara la germinación de las semillas. Sólo los
Yagrumitos que logren entrelazar sus raíces, como si “se agarrasen de las
manos”, tiene la posibilidad de alcanzar
la edad adulta (2).
Una curiosidad que ha llamado el interés de propios y
extraños es la habitual presencia de Perezosos (Bradypus sp.) sobre árboles de
Yagrumo asentados en su ambiente natural, en algunos lugares con tanta
frecuencia, que ha conllevado a que estos individuos sean conocidos como Árbol de la Pereza o Árvore
da Preguiça (3), para el caso de Brasil. Vale señalar que dentro del menú de este
extraño animal, las hojas del Yagrumo ocupan sitio especial, por eso se pasea
lentamente por el tronco y por las ramas en la búsqueda de su dilecto manjar
(2).
En estos paseos lo acompañan también unos compinches particulares, entre
los que destacan unas Algas del Género Protoccus, que enredadas en su pelambre sirven
para matizarlo de manchas verdes de diferentes tonalidades, como si vistiera
el uniforme militar de combate. Este
camuflaje los hace casi invisibles ante
el ojo de los depredadores, principalmente de las águilas que los otean desde
lo alto. Otros pasajeros que viajan en este pesado “carromato” están compuestos por un enjambre de mariposas
que se cobijan bajo el manto de pelos.
Estas mariposas pertenecientes a los Géneros Bradypophyla, Bradypodicola y
Cryptoses aprovechan “los sudores” del Perezoso para alimentarse, destacándose
que sobre “los lomos” del mamífero nunca
se han encontrado ni huevos ni larvas del insecto (2).
Como para los estudiosos
no existen ocultaciones, en la búsqueda de una explicación a este hecho se ha descubierto
que el Perezoso no defeca desde los árboles como lo hacen los monos, sino que
para efectuar esta necesidad deben descender dos o tres veces por semana para
depositar sus excrementos en el suelo. Es allí cuando las mariposas fecundadas,
abandonan el pelambre para depositar sus huevos en estos desechos fecales, los
cuales son cuidadosamente cubiertos con hojas secas por el propio causante de
los mismos.
Después de la eclosión, las
maripositas vuelan hasta lo alto del árbol en busca de su “casa” de cerdas. A toda
la interesante historia de este animalito de monte debe agregársele que el
mismo, es portador del parásito Leishmania
guianensis, que al ser trasladado hasta el hombre, vía mosquito, causa una
grave enfermedad (4).
Asombra el notable número de
interrelaciones que pueden acontecer en este nombrado arbolito, las que por lo
general pasan desapercibidas ante el ojo lego del común, pero que son traídas a
la luz por los estudiosos, quienes entonces nos las explican mediante
“jerizongas” como parabiosis, herbívoría, mimetismo, comensalismo, endozoocoría
depredación, ornitocoría, coprofagia, parasitismo, mutualismo, etc.
Aquí recuerdo mi
experiencia con Rogelio Hernández, un amigo colombiano de esos miles que la
violencia desplazó de su tierra y que a mediados del siglo pasado “montó carpa”
en las espesuras barinesas: “Yo sé más de monte que usté por eso le aseguro amigo, como que el topocho verde
mancha, que el Orumo produce gusanos”. No hubo forma de sacar a Rogelio de su
creencia que el Yagrumo, en vez de frutos, producía gusanos comestibles, pues
estaba viendo e interpretando a su manera, parte de las íntimas asociaciones
que se dan entre los organismos que aquí hacen condominio.
Estas interacciones forman parte del complejo tejido de la naturaleza,
conocido desde hace casi dos siglos, por
ese “salvaje” de la tribu amerindia Swamish, como se autodenominó el Gran Jefe Seattle (1786-1886)(5).
“TODAS LAS COSAS COMPARTEN EL MISMO AIRE - EL
ANIMAL, EL ÁRBOL, EL HOMBRE - TODOS COMPARTEN EL MISMO SOPLO”
“TODAS LAS
COSAS ESTÁN RELACIONADAS ENTRE SÍ”.
CONSULTAS
1.- Cecropia peltata - https://es.wikipedia.org/wiki/Cecropia_peltata
2.- Hallé, F. 1999 Un mundo sin
invierno. Fondo de Cultura Económica. México

