LOS "LLANEROS-GUATES" DE LOS LLANOS
MONTAÑOSOS DE BARINAS Y APURE:
LA COMUNIÓN DE DOS CULTURAS
Omar Carrero Araque
Baquiano
2016
Los espacios de Caparo y San Camilo que ocupan el rincón occidental de
Barinas y Apure están montados sobre un escenario llanero-piemontano
caracterizado por la presencia de bosques estacionales, sabanas, calcetas, esteros,
y al oeste, a lo lejos, la azulada silueta de la serranía.
Por la presencia de espesas selvas, los pobladores originarios designaron a
estos lugares como “llanos montañosos”, en el entendido que estos pobladores
llaman “Montaña” a los bosques. La proximidad de esta zona montañosa a las
llanuras sabanosas de Venezuela y Colombia, así como al piedemonte andino y a
la propia cordillera, conllevó desde tiempo remoto, al establecimiento de un
intercambio comercial y cultural entre estas regiones, aprovechando los rumbos
de la sabana y los muchos caminos de agua que allí existen.
Estos
movimientos se registran desde la época de la conquista con las expediciones de
los Welser (Nicolás Federmann, 1535-1538), Hernán Pérez de Quesada y Ambrosio
Alfinger (1530-1541); Alonso Pérez de Tolosa, Pedro de Limpias, Diego de Losada
(1547) y desde de Nueva Granada, con el viaje exploratorio de Ruiz Maldonado en
1538, que cubrió la ruta Bogotá - Tunja y navegando por el Arauca llegaba al
río Sarare, (1) ese transitar se originó el comercio ganadero entre el
Virreinato y Venezuela, y es precisamente en el suroeste del territorio
tachirense, en donde entronca el camino ganadero se comenzaba en El
Tocuyo.
De todos estos caminos ganaderos, el de mayor figuración en la región fue
el establecido a mediados de 1800 entre Guasdualito y San Cristóbal, con un
recorrido de unos trescientos kilómetros, de los cuales uno 130 cruzaban la
selva de San Camilo.(1)
En 1960 se
pone en servicio la carretera nacional de los Llanos (Troncal 5), con una
derivación hacia Guasdualito, originando el nacimiento o la consolidación de
pueblos como El Milagro, Ayarí, El Piñal, Abejales, San Antonio de Caparo,
Guacas de Ribera, Santa Cruz de Guacas y El Cantón. Se produce un flujo de la
población andina (Venezuela y Colombia) hacia el suroeste barinés, donde buenas
tierras aparecían como ociosas.
Se trocó el orden establecido por las poblaciones autóctonas que habitaban
en la poligonal Guasdualito - Pedraza- Santa Bárbara-El Cantón El
Nula-Arauquita. Llegan nuevas influencias que modifican la manera de usar la
tierra, hábitos alimenticios, formas de construcción de viviendas, dialecto y
léxico, con tal fuerza que hoy se hace difícil encontrar en la zona gente de
autóctona baquía, notándose que sólo los pobladores más viejos guardan en su
memoria la visión de esa realidad casi desaparecida.
En el contexto actual, el hombre y la mujer que habitan el área de las
reservas forestales de Caparo y San Camilo, así como de sus zonas de influencia,
reflejan la mixtura del llanero con el andino, dos identidades disímiles,
hechura de entornos diferentes.
El llanero como tal, apareció después que el llano, pues como lo señala
Rago (2), cuando los europeos entran en contacto con el mundo americano, el
Llano ya existía como realidad geográfica, pero los aborígenes que lo habitaban
no eran llaneros. "El término Llanero, según el mismo autor, aparece por
vez primera en los trabajos de Humboldt quien los ubica en los inicios de la
guerra independentista: "Hombres desnudos hasta la cintura y armados
con una lanza recorren a caballo las sabanas f... J. Estos hombres pardos,
designados con el nombre de peones llaneros, son unos libres o manumisos, otros
esclavos".
El Llanero se formó al integrarse el indígena con el español y más tarde
con el negro. La llegada del ganado vacuno y caballar, así como de algunos
instrumentos musicales como el arpa, el cuatro y la bandola) y los bailes
ajustados a su música; así como también la formación de estructuras económicas
como la hacienda, el hato y el conuco, terminaron de forjar al hombre
llanero.
El llanero se conjuga con el caballo para formar una alianza que a decir
del Poeta Luis Alberto Crespo (3) es “la única que es viable en una tierra
armada de colmillos y pezuñas en el monte y en el caño, de cuchillos y puñales
en el chiribital y los coñales. Apenas lo hizo suyo, el llanero sabía que era
su casa errante”
De las actividades prioritarias de la hacienda y de su vida cotidiana, se
fue formando una estructura social que viene a definir al llanero veguero y al
llanero de sabana. El veguero trabaja la agricultura de subsistencia en las
costas de los ríos (vegas). Mientras tanto el hombre de sabana desarrollaba su
oficio sobre un caballo y siempre trabajando con el ganado, en unos trabajos de
cuya ejecución se originaron los nombres de los oficios de hato: caballicero,
becerrero, caporal, el cabrestero, puntero, traspuntero, chocoteros, guisa y el
blanco o el dueño.
Con excepción del dueño todos los demás trabajadores llevaban un modo de
vida que rayaba en el nomadismo puesto que nunca se apegaban a un sitio, siendo
empujados por su espíritu errabundo que los llevaban de hato en hato para
después volver a su "punto de arranque". Este sistema de trabajo
conllevó a que el llanero nunca se preocupara por tener un pedazo de tierra,
pues mantuvo la idea de que “el Llano, todo era de ellos”, por lo que sentían
la necesidad de tener un documento de propiedad. (4).
El andino por el contario ha estado ancestralmente arraigado a un pedazo de
tierra a la que trabaja con esfuerzo y dedicación generándose en él, un
sentido de pertenencia y originando los rasgos de topofilia que lo
caracterizan. La permanencia en el sitio le creo baquía sobre su espacio con la
cual desarrolló métodos de manejo de los recursos y respeto por la naturaleza.
Los ríos, las plantas, los animales y la tierra no le fueron ajenos sino que se
juntó a ellos en un sincretismo que atávicamente se mantiene.
El andino logró crear una cultura como resultante de su interacción con el
ambiente, la cual podría resumirse bajo un patrón general visualizado a través
de las manifestaciones tecnológicas que implementó para manejar su medio:
Construcciones de piedras, terrazas agrícolas o andenes, silos subterráneos o
mintoyes, acequias, domesticación de plantas (maíz, ruba, tachure, papa y yuca)
y animales, santuarios, templos, fortificaciones en los cerros, puentes
colgantes y momificación (5).
Las montañas que componen un encierro virtual para el hombre y la mujer del
ande, el frío como acompañante perpetuo y el velo neblinoso que limita y
distorsiona el panorama, fueron moldeando un espíritu taciturno, melancólico y
pensativo que manifiesta intensamente en su expresión cultural a través de su
cosmovisión, de donde nace su religiosidad, su denuedo, su música, su
arquitectura y su oralidad, entre otras.
El espíritu del andino lo han comparado con volcán dormido pero que al
erupcionar se hace indetenible tal como lo atestiguan las andanzas de los
guerreros andinos en las montoneras de las centurias pasadas.
La fundición de estas dos etnias resultó en la configuración del hombre y
de la mujer de suroeste apureño-barinés conocidos en el bajo llano como los
Llaneros-Guates, con rasgos fisionómicos alejados del perfil indígena que
caracteriza a los sabaneros. Los llaneros-guates aparecen en Guasdualito y en todos los pueblo aguas arriba. Se conformó con esta mixtura a un ser apegado a la tierra que
trabajan con ahínco como agricultores y como vaqueros, que se yerguen
desafiantes sobre la bestia caballar, semejantes a un centauro, porque en la
tierra plana y abierta el caballo es movilidad y es prestancia.
El Joropo y el vallenato comparten igual preferencia.
Aparecen nuevas palabras y acentos como resultado de la fusión del léxico y del
dialecto. Con los elementos de construcción se tiene que la palma como techumbre y
el bahareque en las paredes se conservan preferentemente entre la gente de escasos recursos,
mientras que la teja y la tierra pisada o los bloques, son usados por los pudientes. En cuanto a
la gastronomía puede señalarse que ahora
se tiene un mejor balance en el consumo de carbohidratos y las proteínas de
origen animal puesto que antes, los
llaneros comían mucha carne y los andinos, mucha harina. A la dieta diaria se
integran los Caldos antes rechazados por los llaneros, así como la yuca y los
topochos que suplantan a las arepas de trigo y al apio.
Como elementos comunes a ambas etnias se mantienen: el apego al trabajo, la
unión familiar, el patriarcado, el amor a la libertad, las creencias religiosas
y animistas, las fiestas y el baile, la caña clara e indudablemente el galanteo
y el amorío.
Consultas
en:
1.- Maldonado D, Héctor A 2003. Caminos, ganadería,
comercio y poblaciones andinas entre Venezuela y Colombia. Siglos XVI-XX. Aldea
Mundo Año 8 Nº 15
2.- Rago, V. 1999. Llano y llanero: Contribución al
estudio del forjamiento de una Imagen.
Boletín antropológico nº 45 enero – abril, 1999, ISSN 1325-2610. Centro de
Investigaciones Etnológicas – Museo Arqueológico – Universidad de Los Andes –Mérida.
3.- Crespo, Luis A. Loa al Caballo Llanero
4.- Pérez, H. 2007. La hacienda y el hato en la
estructura económica, social y política de los llanos colombo-venezolanos
durante el período colonial. Procesos Históricos. Revista Semestral de
Historia, Arte y Ciencias Sociales Número 11. Enero 2007. Mérida-Venezuela.
Universidad de Los Andes - Universidad Autónoma de Bucaramanga (Seccional
Yopal). Institución Educativa Braulio González (Yopal). [publiop@hotmail.com]
5.- Suárez, N. 2001 Espacio, tiempo y cultura:
Encuentros y desencuentros de la memoria prehispánica andina de Venezuela. -
Revista de Historia Año 6. Volumen 6. Nº 11/12. Enero-Diciembre, 2001.
Glosario
Baquía: Conocimiento práctico de un lugar
o de un arte
Becerrero: Peón que en los hatos cuida de los
becerros o que en las faenas de ordeño deja pasar al becerro
que el ordeño pide con coplas. Por lo general son jóvenes. "No puede ser Caporal quien no haya sío becerrero"
Blanco: Propietario del Hato
Caballicero: Persona que en los Hatos y Fundos
se encarga del cuidado de los caballos ejecutando
además aquellas labores relacionadas con los caballos y con atajos.
Cabrestero: Peón a caballo responsable de
guiar rebaños de ganado. Se apoya en cantos y silbidos.
Caldo: Especie de sopa poco espesa que se
tiene al hervir en agua, las carnes, granos o verduras.
“llanero no come caldo ni pregunta por caminos” dice un refrán sabanero.
Caporal: Capataz en un hato ganadero
Chocotero: Persona que ayuda a la Cocinara,
por lo general un muchacho o mozalbete.
Coñales: En las lejuras de llano se llama
así a un lugar remoto, agreste y poco confortable dado su ambiente adverso.
Guate: En los llanos occidentales de
Apure, Barinas y Portuguesa, persona venida de la cordillera andina de
Venezuela o de Colombia, no acostumbrada al ambiente del llano.
Guisa: Cocinera. Término utilizado en el
alto llano barinés y apureño.
Puntero: Este es otro nombre del
Cabrestero. Guía las “puntas” o manadas de ganado
Ruba: Tubérculo comestible semejante a
la papa que sirvió de alimento a los indígenas de los páramos andinos
venezolanos. Pertenece a la especie Ullucus tuberosa
Tachure: Voz quechua que identifica a una planta de color morado, de usos tintóreos y medicinales, también
conocida como Tuatua (Jatropa gossypifolia). Originó el nombre del estado
Táchira.
Topocho: Variedad de plátano o cambur que da un
fruto más pequeño cuya “concha” se hace notoria porque la unión de sus carpelos
forma 3 filos. En Zulia se conoce como Tres Filos.
Traspuntero: Los traspunteros son peones a
caballo que ayudan a conducir los rebaños de ganado.
Se sitúan a ambos lados de la manada, detrás del Puntero.