Haber
formado parte de la naturaleza agreste del campo venezolano durante más de
cuarenta años, sin duda que deja marcas por las experiencias habidas, diversas
de ellas presentes a través de historias, anécdotas, cuentos o leyendas. De
esas tantas historias vividas en estas cuatro décadas de monte, se han escogido
algunas de las más sonadas para que se mantengan vivas en el tiempo, ahora que
muchas de éstas ya están huérfanas de sus protagonistas
PA´ DEBAJO DEL PUENTE DOCTOR!
Omar Carrero Araque
Baquiano
2006
Puente en el área de Ticoporo (carretera Barinas-San Cristóbal) Foto tomada de : barinas.net.ve
Vale la pena contar la experiencia vivida por el Gerente de una de las
empresas que hacían vida en Ticoporo, cuando esa nombrada región barinesa
mostraba su exuberante perfil forestal y no el de pastizal que ahora enseña, un
perfil en el que se apreciaban centenares de caobas, pardillos, cedros,
saqui-saquis o mijaos y no las miles de Tecas que ahora aparecen como
acompañantes de las hebras de alambre de los cercados y que parecieran
justificar mi propuesta irónica de llamar a esa zona Tecaporo en vez de
Ticoporo.
El aliento económico que se sentía en esa región en la
década de los setenta estaba centrado en gran parte en el aprovechamiento de
los recursos forestales, sobre todo las finas maderas, una actividad que
impulsó la concentración de decenas de técnicos forestales, muchos de
ellos amigos y conocidos entre sí, por haber compartido aulas en la única
escuela forestal del país.
Se recuerda que entre las agendas “de trabajo” se incluía una fiesta con
la que se despedían las jornadas semanales. Esta fiesta de características
fastuosas se realizaba cada jueves, puesto que los viernes en la tarde
cada quien se enfilaba para su casa familiar, ya en San Cristóbal, Barinas,
Mérida, Barquisimeto, Guasdualito o Santa Bárbara, por nombrar algunas
localidades.
No es difícil imaginarse el jolgorio que formaban unas cien personas en
plan de fiesta y con el bolsillo repleto, en la que no se escatimaba en ningún
tipo de gasto. De estas reuniones nacieron muy buenas relaciones de amistad o
de amoríos y allí se zanjaban algunos problemas que pudieran haber surgido en
la faena semanaria.
El Gerente en cuestión, ya sobrepasaba la sexta década de vida y
la calvicie engrandecía su frente; era un hombre de hablar calmado y de mirada
huidiza que delataba señas de timidez. En círculos íntimos se sabía
que este señor sentía mucha atracción por una de sus jóvenes secretarias, pero
atendiendo el precepto de que uno debe abstenerse de “enredos” con la nómina y
además pensando que la diferencia de edades pudiera ser un freno para sus
apetencias, mantuvo siempre una actitud distante y circunspecta.
Sin embargo, ese jueves catorce de diciembre, la situación se presentó
diferente para el jefe, a quien por su condición de universitario se
habituaba llamarlo doctor. La fiesta estaba estupenda por ser la última del
año, con música en vivo de combos musicales o de arpas que acompañaban a los
copleros de buen galillo, numerosas varas de carne, abundantes y variados
licores, intercambio de regalos, de abrazos y buenos deseos.
A eso de las 3 de la mañana mucha gente empezó a despedirse, sobre todo
las jóvenes secretarias. El jefe, con unos grados de alcohol de más en su
sangre, estaba eufórico y se desvivía en atenciones con todos sus subalternos,
había bailado con todas quienes lo procuraron y contaba chistes a granel. El
propio personaje del Licenciado Esparragoza!.
Cuando vio que “su” secretaria estaba despidiéndose, presuroso se ofreció
a llevarla. Ella aceptó gustosa pero indicó que con ella se iban cuatro
más. What is the problem? replicó, rememorando su English
Course - Book One, del bachillerato. En su mente dibujó el mapa
del pueblo y de inmediato tramó un plan para dejar de última
a su preferida.
Así fue despidiendo una a una, hasta que por fin quedó solo con esa niña
que lo traía loco desde hace tiempo. Las tres y media de la mañana, turbado por
el alcohol y al lado de la niña de sus ojos y como queriendo romper esa valla
que lo separaba, tanto por su condición de jefe, como por la apreciable zanja
entre sus edades,se atrevió a preguntarle:
¿y ahora para dónde iremos?
La “niña” reaccionó raudamente y mirando su reloj, se le acercó al oído
para susurrarle:
Pa debajo del puente, Doctor!!!
En esa época la palabra Motel era desconocida
en el lugar, por lo que los espacios bajo el puente suplían, en horas
nocturnales, la ausencia de estos reconocidos templos de la pasión.

Jajaja... buenísimo! ;)
ResponderBorrar