Haber formado parte de la naturaleza agreste del
campo venezolano durante más de cuarenta años, sin duda que deja marcas por las
experiencias habidas, diversas de ellas presentes a través de historias, anécdotas,
cuentos o leyendas. De esas tantas historias vividas en estas cuatro décadas de
monte, se han escogido algunas de las más sonadas para que se mantengan vivas
en el tiempo, ahora que muchas de éstas ya están huérfanas de sus
protagonistas.
SE
CUMPLIERON LOS OBJETIVOS, PROTEJAN LA INFORMACIÓN!
Omar Carrero Araque
Baquiano
2011
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| Foto. Coco Guevara |
En Julio de 1980 el río
Caparo bajaba embravecido o “capaz” como decía Don Pedro Rodríguez, uno de los
últimos baquianos mayores del alto llano. Tres chalanas repletas de estudiantes
de la asignatura Ecología Vegetal de la Escuela de Ingeniería Forestal,
remontaban lentamente al caudaloso río, rumbiando hacia el oeste.
Este numeroso
grupo de estudiantes había finalizado las prácticas de campo que el Profesor Luis
Rodríguez Poveda desarrollaba en la Estación Experimental Caparo. En las tres
barcazas viajaban unos noventa bachilleres que sentían como los minutos pasaban
uno a uno, descontado lentamente, los doscientos cuarenta que se requerían para
alcanzar el atracadero de El Cantón, punto de inicio de la carretera que los
llevaría de regreso a sus aulas en Mérida.
Entre estos jóvenes vale destacar a una
pareja de enamorados que recibían las bromas de sus compañeros porque como
expresión de su romance pasaban la mayor parte del tiempo agarrados de la mano,
aun cuando cruzaban sobre caños, calcetas, bancos, bajíos o esteros.
Después de
unas dos horas de navegación ocurrió un malogro causado por el choque de una de
las barcazas alquiladas contra un chirolo hincado en la mitad del río, el cual no fue percibido por Abedulio, el improvisado
chalanero, al no percatarse de su aguaje. El fuerte topetazo con el tronco
abrió un hueco en la proa por donde comenzó a entrar el agua a borbotones.
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| Foto: unanden.wordpress.com |
El
accidente ocasionó el desespero y en llanto en las jóvenes estudiantes,
entrando muchas de ellas en crisis de pánico. Pasado el primer momento de confusión
y susto, se procedió al rescate de
“los náufragos“. Algunas cajas
repletas de libros y libretas de
campo flotaban dentro de la chalana
mientras que otras ya eran arrastradas por la corriente, aunque la pericia de
los otros bongueros permitió su recuperación.
Como hecho tragicómico se
recuerda que la joven más perturbada resultó ser la de las “manos agarradas” no
tanto quizá por el susto sino por el hecho de haber visto como su amador se
olvidó de ella en el momento álgido y se lanzó al agua de primerito para ganar la
orilla a punta de brazadas, seguramente
pensando que “en las puertas de cielo, primero yo que mi padre”.
El accidente de la chalana
había generado muchísima preocupación en el Profesor Rodríguez pues creyó que se
había perdido el esfuerzo y el trabajo intenso desarrollado en diez días, por
lo que desde una poyata cercana, con su vestimenta completamente empapada,
gritaba a todo pulmón con su retumbante voz que hacía eco en el otro barranco:
Protejan
la información! Protejan la
información!
Desde ese momento, esta
angustiosa expresión, pero en tono ocurrente se ha hecho simbólica para todas las demás prácticas y hasta traspasó las puertas de
nuestra Facultad para irse hasta otras Escuelas de la misma ULA y también de la
UCV, pues investigadores y estudiantes de esta última universidad también participaban
en los trabajos dirigidos por el Profesor Rodríguez Poveda en el área de
inundación de la presa del Guri.
Como anécdota de estos viajes se recuerda que
en agosto de 1983 se instaló el Campamento en el área de Paviche, sobre una
especie de península que se adentraba hacia el oeste del lago. Allí una noche
de tormenta de características diluvianas puso en peligro a los cobertizos que
servían de alojamiento, a los vehículos y sobre todo a los cajones que
guardaban los cerros de datos recogidos por 180 estudiantes en 15 días de duro
trabajo, prendiendo las alarmas, particularmente en el Profesor, quien repetía
incesante su ya difundida frase.
Es conocida y recordada
también la costumbre del Profesor Rodríguez de realizar una sesión final
después de cada misión de campo para señalar logros y dificultades, así como
para dar agradecimientos a cuantos prestaron su apoyo en la ejecución de los
trabajos.
Al final concluía:
Se
cumplieron los objetivos!
Estas
dos sentencias son ahora el epílogo de las prácticas de campo en varias
escuelas universitarias:
Se
cumplieron los Objetivos, Protejan la información!
Glosario:
Poyata: banco de arena, a
manera de terraceta (repisa) formado entre el ribazo (barranco) y la playa de
un río
Chirolo: Tronco sumergido
y clavado en el lecho de la corriente.


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