PALABRA DE HONOR
¿Juráis a Dios, y
dais vuestra palabra de honor al Congreso de Venezuela….?
(Sesión inaugural del Supremo Congreso de Venezuela. 2 de marzo de 1811)
(Sesión inaugural del Supremo Congreso de Venezuela. 2 de marzo de 1811)
Omar Carrero Araque
Baquiano
2016
Don José Natalio Estrada (1901-1992) fue un apureño
que además de Hatero reconocido dejó profunda huella como Escritor, Poeta y
Periodista, con una somera incursión en el campo de la cinematografía.
En un
aparte de su libro María del Llano, publicado en 1967, relata las andanzas de
Francisco García Camacho (El Guate García), el más conocido de los compradores
de ganado que en el primer cuarto del siglo pasado, bajaba desde Táchira hasta
el Alto Apure a través del camino ganadero que cruzaba la Montaña de San
Camilo.
En ese escrito Don José Natalio nos recuerda que “a diferencia de la
forma en que se negocia hoy, el arreglo de los ganados negociados se hacía a
caballo, en plena sabana, en sendas libretas de bolsillo y sin más garantía que
la honradez de los contratantes” (1). En este relato se deja constancia del
valor de la palabra empeñada, un valor que se mantuvo vigente, sobre todo entre
la gente campesina y pueblerina hasta hace apenas unos 60 años.
En el mismo
tenor recuerdo las palabras de mi padrino Dimas, un viejo sabio quien ante
situaciones en las que la responsabilidad andaba de por medio, manifestaba a
manera de enseñanza: LA PALABRA ES UN DOCUMENTO. Mi Padrino por su sólida
formación autodidacta y su condición de “hombre leído” llegó a ser una de las
cabezas visibles del pueblo, sobre todo en los aspectos jurídicos, un campo en
el que ejerció cargos públicos que demandaban ejemplo y probidad.
El respeto por la Palabra se aprendía desde temprana
edad en la propia casa, con el ejemplo de los viejos, pero también en la
escuela con el ejemplo del Maestro, porque el Maestro de esa época además de
historia, geografía o castellano, enseñaba modales y valores, es decir moral y
luces.
Recuerdo que estas enseñanzas las poníamos en práctica en la misma
escuela, a la hora del recreo, cuando perdíamos en una “partida de metras” y
quedábamos en deuda, hacíamos la promesa de “mañana te las traigo”. Ante esta
salida nuestro “rival” nos precisaba: Palabra Santa? Palabra Santa respondíamos
y al día siguiente honrábamos el compromiso.
Esa conducta se hizo práctica en
todos nosotros los formados o influenciados por las sociedades pueblerinas. Sin
embargo ahora vemos con extrañeza como la honradez, que sin duda aún perdura en
la gran mayoría de las personas, amerita algo más que la palabra para hacerse
sentir.
La “Palabra de Honor” encerraba “una promesa cuyo cumplimiento estaba
garantizado por la honradez o la reputación de la persona que la hacía” (2). Si
se entiende que la honradez es un valor moral que adquirimos con la formación y
con el ejemplo, porqué ahora para sustentarla se necesita algo más que la
Palabra?
En la búsqueda de una razón de peso que nos pudiera
explicar el porqué de este cambio, hemos tropezado con algunos razonamientos
más o menos convincentes que podrían enfocarse en tiempos sociológicos y
tecnológicos. En el primer caso la pérdida de valores morales estaría unida a
la desintegración familiar, un fenómeno asociado a las crisis sociales que se
viven en las zonas marginadas de nuestras grandes ciudades, donde la carencia
es el denominador común.
En estas barriadas, nutridas en gran parte por
migrantes rurales que en la búsqueda de mejores oportunidades han cambiado
campo por ciudad, se han perdido los valores ganados en la cultura rural (3).
Se conjetura también que otros elementos relacionados con nuevas tecnologías
que han trocado modales y conductas, podrían haber empujado hacia el ocaso el
valor de la palabra de honor como garantía. Tal es el caso de los cheques u
otros documentos contables que en el ámbito de las transacciones comerciales
generan mayor confianza, aún entre personas que apenas se conocen.
Sea cual sea la causa lo cierto es que ahora gran
parte de la población ha borrado de su diccionario particular los términos
Palabra de Honor, Palabra de Hombre, Palabra Santa, todos con el mismo sentido
de responsabilidad, de honradez y de garantía, aun cuando estos valores se
mantengan en lo más profundo de la mayoría de las personas.
Consultas
en:
1.- Estrada T., Natalio. 1967.
María del Llano. CONAC.

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