LOS PASOS DE UN MAESTRO
A LUIS ENRIQUE RODRÍGUEZ POVEDA
(1936 – 2013)
Omar Carrero Araque
Mérida 2013
El Maestro Luis Enrique Rodríguez Poveda nació en Chía, departamento neogranadino de Cundinamarca, pero en 1953 adquirió la venezolanidad por corazón, al asentarse en tierras merideñas en búsqueda de la licenciatura en ingeniería forestal, porque veía en la esencia de esta profesión la senda para acercarse a la tierra, a los recursos naturales, a la ruralidad y al hombre. Una vez en la Universidad a la que ingresó como profesor obtuvo alto perfil en la docencia, la investigación y la extensión, tres oficios que le permitieron mostrar su idoneidad y su extraordinaria capacidad para el obrar con desprendimiento y honestidad en beneficio de la profesión, de los recursos naturales y de las comunidades rurales. Se le reconoce su capacidad para dominar auditorios gracias a su fácil verbo y a voz tronante, cualidades heredados de doña Trina Poveda y Don Jorge Rodríguez. Su increíble espíritu de perseverancia lo condujo a eliminar de su diccionario particular la palabra Imposible, un acto que le sirvió siempre para la defensa tenaz de sus ideas y sus proyectos. Diseminó la sapiencia adquirida en la academia entre la ecología, el manejo forestal, el estudio de la vegetación, la diversidad biológica, la problemática y los servicios ambientales, la extensión universitaria, el desarrollo rural y la investigación cualitativa, entre otros campos, en un todo relacionado con su esencia de educador y de formador. Se recuerdan sus tres décadas de vehemente dictado de clases en las escuelas de ingeniería forestal, geografía, capacitación forestal, humanidades y educación; postgrados de manejo de bosques, ordenamiento territorial y desarrollo agrario. Más allá de las fronteras marcó su huella en la creación de la escuela de ingeniería forestal en el Tolima (Colombia) en donde también hizo docencia; en el apoyo a los postgrados de forestal en las universidades de Quevedo y Esmeraldas (Ecuador), Pucallpa (Perú) y en el Ministerio del Ambiente de Honduras. Parte importante de su tiempo lo dedicó a estudiar en Caparo y en El Guri, la dinámica del bosque tropical como instrumento para su clasificación, herramienta necesaria para el manejo silvicultural. Cuando se desempeñó en el campo de la administración plantó huella en el LABONAC, en el Instituto de Silvicultura (ahora INDEFOR), en el Postgrado de la Facultad y en el Comodato ULA-MARNR.
En el pináculo de su obra se sitúa el Programa de Investigación con fines de Manejo Forestal de la Unidad Uno de la Reserva Forestal Caparo que propuso y materializó con el apoyo ejecutivo de Pausolino Martínez, el soporte científico-técnico de Larry Vincent y de un competente equipo de campo. Este programa de amplio horizonte aún mantiene su vigencia puesto que después de cuatro décadas de acción productiva, es considerado como un referente forestal y ambiental no sólo en Venezuela sino también en América tropical. El volumen y la calidad de la información generada se ha transcrito en un volumen monográfico editado por CIFOR en el cual el Profesor Rodríguez comparte autoría con Lawrence Vincent, Miguel Plonczak, Mauricio Jerez y Tania Zambrano.
Consideraba al Proyecto Caparo como su fruto dilecto y lo defendió a viva fuerza de las embestidas que este Proyecto recibía de quienes mostrando una oscurana científica, en el seno mismo del Instituto de Silvicultura, se opusieron tenazmente a su realización. También su obstinada defensa se extendió frente a enemigos externos como los traficantes de tierras ante quienes libró duras contiendas en diferentes instancias especialmente en la fiscalía ambiental del estado Barinas, en donde ganó una lucha de derecho más no de hecho.
Seguir la senda trillada por el Maestro Rodríguez Poveda no es tarea difícil pues sus pisadas, como las de un gigante, quedaron profundamente marcadas en el suelo fecundo de la Universidad y muy especialmente en el suelo forestal en donde su huella está llamada a persistir por siempre en el quehacer de la Facultad y de la profesión, objetos de su pasión.
Sus desvelos en pro de una tierra, de una América, de una universidad y de una profesión mejores han sido reconocidos al darle su nombre a la Estación Experimental de Caparo que con tanto esfuerzo creó y defendió y en la que hizo germinar una escuela de pensamiento.
En el pináculo de su obra se sitúa el Programa de Investigación con fines de Manejo Forestal de la Unidad Uno de la Reserva Forestal Caparo que propuso y materializó con el apoyo ejecutivo de Pausolino Martínez, el soporte científico-técnico de Larry Vincent y de un competente equipo de campo. Este programa de amplio horizonte aún mantiene su vigencia puesto que después de cuatro décadas de acción productiva, es considerado como un referente forestal y ambiental no sólo en Venezuela sino también en América tropical. El volumen y la calidad de la información generada se ha transcrito en un volumen monográfico editado por CIFOR en el cual el Profesor Rodríguez comparte autoría con Lawrence Vincent, Miguel Plonczak, Mauricio Jerez y Tania Zambrano.
Consideraba al Proyecto Caparo como su fruto dilecto y lo defendió a viva fuerza de las embestidas que este Proyecto recibía de quienes mostrando una oscurana científica, en el seno mismo del Instituto de Silvicultura, se opusieron tenazmente a su realización. También su obstinada defensa se extendió frente a enemigos externos como los traficantes de tierras ante quienes libró duras contiendas en diferentes instancias especialmente en la fiscalía ambiental del estado Barinas, en donde ganó una lucha de derecho más no de hecho.
Seguir la senda trillada por el Maestro Rodríguez Poveda no es tarea difícil pues sus pisadas, como las de un gigante, quedaron profundamente marcadas en el suelo fecundo de la Universidad y muy especialmente en el suelo forestal en donde su huella está llamada a persistir por siempre en el quehacer de la Facultad y de la profesión, objetos de su pasión.
Sus desvelos en pro de una tierra, de una América, de una universidad y de una profesión mejores han sido reconocidos al darle su nombre a la Estación Experimental de Caparo que con tanto esfuerzo creó y defendió y en la que hizo germinar una escuela de pensamiento.

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