ANÉCDOTAS FORESTALES
Haber formado parte de la naturaleza agreste del campo venezolano durante más de cuarenta años, sin duda que deja marcas por las experiencias habidas, diversas de ellas presentes a través de historias, anécdotas, cuentos o leyendas. De esas tantas historias vividas en estas cuatro décadas de monte, se han escogido algunas de las más sonadas para que se mantengan vivas en el tiempo, ahora que muchas de éstas ya están huérfanas de sus protagonistas.
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Río Caparo
Foto: Emilio Vilanova
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EL PRIMER GUAMO!!
En cierta ocasión, un grupo de estudiantes en prácticas de campo regresaba a Mérida desde la Estación Caparo. Era la época del invierno de 1973 y la salida hacia El Cantón sólo era posible utilizando chalanas, que remontando el Caparo, demoraban unas cuatro horas en llegar al pueblo. Ese día, el río acusaba los efectos de las torrenciales lluvias que días antes habían caído en su cabeceras y, a su paso por el Campamento Cachicamo se mostraba de guamo a guamo, escondiendo tras su serena apariencia, los peligros del agua mansa.
El Profesor Blanco entonces se dio cuenta que los salvavidas que portaba no alcanzaban para todos, por lo que optó por preguntar quiénes eran buenos nadadores. Casi todos los varones levantaron la mano indicando su condición de tritones, pero también se sumó a este grupo una joven de débil contextura y de extrema delgadez, quien muy ufana se adelantó a decir con su voz atiplada y arqueando una ceja: Profesor, yo sé nadar muy bien en los estilos libre, mariposa, pecho y espalda!!.
El Profesor la felicitó por sus cualidades de sirena pero a su vez le señaló: Mire Bachiller aquí la vaina es seria, vea la condición en que está el río y entienda que esto no es una pileta. Olvídese de esos estilos y si el bongo se voltea, además de rezarle a Santa Bárbara y besar el escapulario, tienes que echarle bolas pa´ agarrarse del primer guamo que se le presente, así que póngase este salvavidas!!

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