Los llaneros de
oficio siempre tienen un cuento a flor de labios, las más de las veces de un
perfil jocoso que elevan con su peculiar manera de narrarlo. En este espacio de
escriben algunos de estos…
RELATOS
Omar Carrero Araque
Baquiano
2014
Relato Uno
Contaba Don
Erasmo García allá en las profundidades de la sabana apureña, que en una
oportunidad su papá recibió a unos
compradores de ganado que bajaban de la serranía andina atravesando la
renombrada montaña de San Camilo.
La llegada de comerciantes guates era
frecuente en el Alto Llano por lo atractivo que resultaba el bajo precio de las
reses (en el año de 1935, en Guasdualito,
una arroba de carne costaba entre
4 y 4,50 Bs.).
El relato señala que en cierta ocasión uno de los recién llegados venía en condiciones
deplorables a causa de la ingesta excesiva de miche claro, razón por la cual no
se había percatado de la amplitud del paisaje que había recorrido entre Boca de
Monte y Periquera.
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| El horizonte apureño (Foto: mintur.gob.ve) |
A la mañana siguiente cuando despertó observó la inmensa planicie
que lo circundaba y que por primera vez tenía ante sus ojos, sin dar crédito a
tan impresionante espectáculo. Maravillado por ese horizonte sin límites expresó
ante el dueño del Hato:
Hala, de verdad ustedes si
que tienen tierra aquí en Apure
A lo que el viejo llanero respondió:
No Pariente, más tierra
tienen ustedes allá en el Táchira, lo que pasa es que la tienen amontoná!!
Relato Dos
En una ocasión, tal vez en
1968, me encontraba en el archiconocido “Bar Capanaparo” de Doña Antonia Volcán,
para ese entonces el santuario barinés de la música llanera, en donde se congregaban
los mejores músicos y copleros de la región.
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| Doña Antonia Volcán (Foto: Vivencias LLaneras del Abuelo) |
Esa tarde además del conjunto que
acompañaba a José Jiménez, un joven apureño que se abría paso en el ambiente
con el seudónimo de El Pollo de Orichuna, estaba también un viejo
ganadero que emocionado por la música y el canto recio brindaba cervezas a
granel a músicos y presentes.
Ocurrió que en un momento el efecto del alcohol
se sobrepuso a la voluntad del viejo, quien se entregó a un profundo sueño
suspendiéndose así el flujo etílico por más de una hora.
Entonces el arpista,
también bastante entonado, trancó las cuerdas de golpe al tiempo que, en una de
esas bellacas salidas propias de los llaneros, le gritó al maraquero:
Menéame
la mata pa que caigan los mangos,
que para el buen
entendedor se traducía en “despierta al viejo para que siga brindando”.
Relato
Tres
Por boca de mi amigo
Melkicedes supe de un joven humilde nativo de Guanarito y amante de las artes
de la pesquería, un deporte que difícilmente practicaba por la carencia de los
equipos necesarios.
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| Río Guanare (Foto:www. flickriver.com) |
Este joven tenía por costumbre apostarse, los viernes a
media tarde, en la Bomba de la salida del pueblo a la que acudían los jóvenes ricos
a proveerse de lubricantes y combustibles, antes de partir hacia los pesqueros
famosos del río Guanare.
Hasta allí llegaban unas cuatro camionetas de doble
tracción con sus respectivos remolques en los que transportaban lanchas de las
llamadas Voladoras, con motores fuereborda
de 75 HP. También llevaban cavas con suficiente hielo que les serviría para
congelar el producto de la pesca y para mantener frías las cervezas y otros
licores espirituosos.
El joven asediado por los deseos de participar en esa romería
pesquera, pintaba en su mente su capacidad para ayudar en las tareas que fueran
necesarias, como raspar o tasajear los pescados, desenredar anzuelos atorados
en las carameras sumergidas, servir las cervezas, limpiar las propelas o llenar
los “fulles” cada vez que fuera necesario.
Absorto en estos pensamientos y
viendo como los jóvenes hacían los primeros descorches antes de partir, se
acercaba al que parecía ser el líder del
grupo y le decía:
Pregúntame
si quiero dí
Su
alegría se notaba cuando en el pecho desnudo recibía la fuerte brisa que se
originaba por la velocidad de las Voladoras que rompían la tranquilidad del
Guanare!



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