Tal día como hoy, hace 30 años murió uno de los más
grandes Cantadores de la música llanera legítima y prístina, una música sin adornos ni
rebuscamientos, con la que impulsó resolutivamente la llanerización musical de Venezuela.
ÁNGEL CUSTODIO LOYOLA:
EL
LLANO EN UN TAÑÍO
Omar Carrero Araque
Baquiano
2015
Foto tomada del LP EL
INDIO MODESTO LAYA (El Palacio de la Música 1977)
La noche del cuatro de septiembre de mil novecientos veintiséis un
llanto gritao estremeció las Fundaciones de Mata Arzolera, un hato remoto en la
desolada llanura guariqueña, rayana con la unión de los dominios de Barinas y
Cojedes. Con esta resonancia a modo de pregón se anunciaba la llegada de un
nuevo miembro al hogar de Casildo Laya y Albertina Loyola.
Un grito que desde entonces no ha dejado de oírse en los llanos de
Venezuela y Colombia porque se ha hecho eco repetitivo en el Pajarillo, el
Gabán o La Catira, un eco que ha servido para reafirmar la presencia de
una tierra abierta, cuna de la franqueza y del albedrío, que se arropa con una
colcha cultural tejida con hebras de sabana y vaquería.
Este niño que días más tarde fue cristianado en la Iglesia de Calabozo
recibió con las aguas bautismales el nombre de Ángel Custodio como
“premonitoriando” su misión de custodiar el canto puro y abierto de la tierra
llana.
Foto: Vivencias Llaneras
del Abuelo
Esta premonición se hizo patente a la temprana edad de catorce años
cuando dejó escuchar en público la fuerza de su garganta en una fiesta familiar
celebrada en El Berraco (1), un caserío barinés situado entre Santa
Rosalía y la Boca del Pao.
Desde sus primeros cantos empieza a definir un estilo cargado de
sentimiento llanero porque desde sus inicios entendió que el “cantar joropos
llaneros no es para cantores finos”, una apreciación que lo indujo a buscar ese
estilo propio que lo haría único e irrepetible en el canto recio del
llanero.
En sus primeras coplas da a conocer el entorno que lo marcó en sus años
de mozo cuando veía con embeleso como la lambedora que crecía en los bajiales de
Corocito, doblaba sus puntas “pa´ los lados que va el viento”.
Igualmente sirvieron para su inspiración pura y sencilla, las calcetas de Monte
Oscuro, el Palmar de los Rosas y los atascaderos de Fangurrial, pero sobre todo
la hermosa catira del Hato Corocito (2), fundado por Don Roberto Vargas en
tierras arismendeñas, pero en su tiempo en manos de su heredero Don José Miguel
Vargas, padre de esa bonita muchacha “ojos de culebra brava”.
Entre canto y canto alterna con el oficio de Llanero en el Hato Santa
Teresita que la familia Del Nogal poseía por los lados de Oliveros, una época
que no nunca olvidó pues más tarde en sus coplas recordaba al hato y a sus
propietarios: “Si algún día van a Oliveros y ven los Del Nogal”. De
Santa Teresita salió como conscripto junto a su compañero Pedro Rengifo con
quien se aparejaba como Puntero en las tripulaciones de arreo (3).
Después de su paso por la milicia, en la que fue enrolado a pesar del
defecto físico que acusaba su encuentro con la polio, se radica en Calabozo en
donde bajo la guiatura de Manuel Pérez Acosta aprende a tocar el arpa y a
cultivar la voz. A
mediados de los años 40 ya su valía es reconocida en el sur guariqueño y en el
bajo Apure por lo que, un hombre de los medios radiales aragüeños conocido como
como “Musiú” Abraham, se lo presenta a Juan Vicente Torrealba quien lo contrata
como de Los Torrealberos (4).
En 1951, una vez que ha superado las pruebas exigidas por el conocido
arpista, es integrado a este grupo musical y ese mismo año realiza las primeras
grabaciones entre las que destacan El Gavilán,
Tierra Negra, Pasaje Nº 1, El Carnaval, San Rafael y El Gabán (4),
composiciones de corte netamente llanero mediante el cual el artista quería dar
a conocer la música de su tierra y diferenciarla del joropo capitalino, tal
como se aprecia en su copla: “Muchos pasajes mi hermano – que por ahí se
oyen tocá – que dicen que son llaneros – como el tabaco e´mascá – te lo juro
por Dios Santo – del llano no tienen ná”
El canto
sabanero gritao no cuadraba con el gusto de Torrealba quien llegó a señalar que Loyola “con
sus gritos corría a los turistas”, por lo que el Cantador, de quien
se dice tenía un carácter “querrequerrístico”, se apartó molesto con el Maestro
Torrealba, en un acto que ahora agradecemos pues de haberse plegado a las
exigencias de su patrón, nos hubiéramos privado de ese tañío vibrante
y quitaflojera con el que marcó el rumbo de la llanerización musical de
Venezuela.
Después de su rompimiento con Torrealba se declaró “agente libre” por lo
que se unió al Indio Figueredo para grabar algunos discos en 45 rpm y además
ganar la experiencia que lo condujo a formar su propio grupo al que denominó
Los Guariqueños, compuesto en sus comienzos, entre otros por Rigoberto
Varela, Juan Briceño Zapata, Manuel Luna y Lucio Mendoza (1).
Con este grupo grabó varios larga duración (LP) para el sello Discomoda,
entre ellos: Pasaje Contramarcado, Buenos Aires Llaneros, Sentimiento Llanero,
Corrío Apureño, El Guachamarón, Travesías de Mata Larga, El Tigre de
Masaguarito, Señores aquí está un Llanero y Ay Catira Marmoleña. Después con
Cachilapo grabó El Guariqueño si sabe; con Palacios, El Indio Modesto Laya y
por último, con Philips grabó Sentir Venezolano. (1)
Aunque la
música de muchas de sus canciones, como quirpa, seis, carnaval, periquera o
gabán, había sido compuesta entre los siglos XVIII y XIX, llegó a nuestro
tiempo en el cordaje de las arpas de José Cupertino Ríos y Clímaco Herrera quienes
sirvieron de molde para Rafael Hurtado, Pedro Pablo Molina e Ignacio Figueredo. (4 )
Este último
tuvo el privilegio de poder grabar gran parte de la música creada por estos
arpistas “primitivos”, incluida la de su propio padre Francisco (Pancho) López,
pero sobre todo las del atamaiqueño Clímaco Herrera, creador de la Quirpa, del
San Rafael y del Carnaval, según lo apunta el afamado declamador, músico y
folklorólogo peruano Nicomedes Santa Cruz, después de sus conversaciones con el
propio Indio Figueredo (5).
Las letras de las canciones de
Loyola adaptadas a estas melodías se convirtieron no sólo en clásicas sino que
sirvieron para difundir estos aires musicales hasta ahora desconocidos por la
mayor parte del pueblo no llanero. La música del Pajarillo, el Carnaval,
la Quirpa, el San Rafael, el Gabán, el Seis por numeración y La Catira, entre
otras, se popularizaron al ser grabadas por Loyola para convertirse en
arquetipos melódicos que han servido de soporte para el montaje de otras
letras.
Entre las canciones grabadas por
Loyola se necesita de un estrado especial para montar a “Cajón de Arauca
Apureño”, un elevado poema de Julio César Sánchez Olivo que al ser
musicalizado por Lucio Mendoza fue grabado por Loyola para ensalzar a esa
impresionante llanura encajonada entre el Arauca y el Capanaparo, emblemáticos
ríos del llano genuino. En esta canción, en su primera versión, Loyola logra
mostrar cabalmente su facultad para expresar en el canto todo el sentimiento
que guarda el llano, al mostrar con este emblema musical la plenitud de una
tierra que se recuerda en toda su expresión así se tengan cien leguas de por
medio.
Porque es en ese llano de sabanas
parejitas donde la palma y el cielo se ven cariñosas besándose allá bien lejos,
mientras esperan a los aguaceros para que las garzas blancas vuelvan a
cubrir de blancura el rostro de los
esteros y apurando de esta forma la salida de las coplas desde el alma vibrante de sentimiento. Por estas
razones Cajón de Arauca Apureño es considerado por los apureños como su himno
sentimental, a la vez que adquirie también el viso de distintivo musical de los
llaneros de otros lados y de todos aquellos que sin ser llaneros, se sienten
como tales.
El 24 de
septiembre de 1985 cuando, en una tarde cagüeña, sobrevino su pase a otros
planos, seguramente que en espíritu fue a despedirse de los espacios de su
impronta juvenil: los topiales de Corocito, las sabanas sancheras del Ave
María, las fundaciones de Mata Arzolera, las calcetas de Monte Oscuro,
los bancos de Palo Quemao, los atolladeros de Fangurrial, los corrales de La
Perdisa y el médano de Los Moraos.
Su partida
física no logró acallar su resonante voz porque ésta permanece en el tiempo
como el puntero del alba, pero sin los indicios de haber sido “enlutado por llamas
de ayer” puesto que cada día aparece más refulgente entre las auroras que se
despliegan sobre la tierra de su querencia mayor: la tierra venezolana.
Los
testimonios que sustentan este artículo provienen en su mayor parte de la
memoria de la Sra. Belén González Parra, educadora villacurana y amiga personal
del “Renco” Loyola, trasmitidos a través de su sobrino José Guevara González
(el Coco Guevara), botánico-naturalista y llanerólogo. Igualmente, las
tertulias con el Poeta Ángel Eduardo Acevedo aportaron precisos datos que
refrescaron los que obtuve directamente del Cantor cuando vino a Mérida, tal
vez en 1971, para sus presentaciones en el actual Teatro César Rengifo de la ULA y en
el Auditorio del Liceo Libertador.
Los datos puntuales se obtuvieron de la consulta de
las siguientes páginas:
1.-
orinocopadrerio.blogspot.com/.../tejedores-de-nacionalidad-angel.html)
cellunerg.blogspot.com/2009/09/angel-custodio-loyola-el-cantor-del.html
3.- Belén González Parra - Conversaciones
4.- Ángel
Custodio Loyola, El Cantor del Llano
historiografias.blogspot.com/.../angel-custodio
5.- Nicomedes Santa Cruz. Obras Completas II.
Investigacion (1958-1991)
6.- Prof. Elvin Barreto
Guédez. Dpto. de Formación General y Ciencias Básicas
Universidad Simón Bolívar.
Sede del Litoral
7.-Premio Ángel Custodio Loyola. Fundallanura
dialogoconnelsonpadilla.com/site/.../option.../limitstart,40/)
dialogoconnelsonpadilla.com/site/.../option.../limitstart,40/)
También
se extrajeron frases de las Canciones:
Cajón
de Arauca Apureño
El
Palmar de Los Rosas
Los
Rosales
Pasaje
Contramarcado
Sentimiento Llanero


Fantástica reseña!! Del gran Angel Custodio Loyola!! Muchas gracias por compartirlo
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