El
contacto de los pueblos originarios con el pueblo “criollo”, más intenso en los
últimos tiempos, ha dejado ver cierta sumisión de las sociedades aborígenes, ya
que ante el choque cultural han adoptado
muchas de las maneras criollas para asumir conductas, sobre todo de aquellas
que les aportan netos beneficios.
OTRAS
TORTAS SOBRE LAS CHURUATAS!
Churuata en construcción
Foto:GIMEFOR
Omar Carrero Araque
Baquiano
2015
Las viviendas tradicionales de los indígenas de la
etnia Piaroa que habitan en las cuencas de los ríos Cuao y Sipapo en el estado Amazonas,
son llamadas Churuatas. Estas constituyen un tipo de choza de forma circular,
de unos 15 metros de diámetro en su base, con un esqueleto de varas distribuido
en círculos concéntricos que sostiene a un techo cónico, en cuya cúspide se
erige una vara larga que apunta al cielo, como símbolo del empalme entre el cosmos y la tierra.
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| Foto: Leo Lugo-Omar Carrero |
Además de la importancia de la churuata como
vivienda principal, los techos de éstas sirven como “asoleaderos” de las tortas
de casabe, cumpliendo así con la función de hornos que aceleran el proceso de
secado de este producto, base de su dieta alimenticia. Es frecuente observar
sobre cada inclinado techo estas blanquecinas tortas que llaman la atención del
extraño.
Sin embargo, en los últimos viajes realizados a
comunidades piaroa insertas en el estudio de conucos en el que participábamos,
se pudo constatar la aparición de unas nuevas “tortas” que no alimentan el
estómago, sino que, alimentan o tal vez "indigestan" al cerebro: Son unas antenas
redondas instaladas allí por una empresa trasnacional de televisión por satélite.
La Churuata está siendo substiuida por
"viviendas rurales" que exiben nuevas "tortas"
Foto tomada de Flickr.com
Ese hecho explica claramente una ocurrencia que se
vivió una tarde en que uno de los integrantes de la comunidad llegó apresurado
a la churuata de huéspedes que ocupábamos, solicitando con urgencia un GPS!! En
un primer momento quedamos asombrados por la propiedad con que los indígenas hablaban
de estas nuevas tecnologías, pues se referían a un GPS como si se tratara del
sebucán donde exprimen el yare de la yuca amarga.
Después de asumir la sorpresa que nos deparó esa petición
y que compartimos con un intercambio de miradas suspicaces con Leo, Alicia,
Domingo y el Coco Guevara - y aquí vale señalar que para ese momento corría el
año 2005, es decir hace unos 10 años, cuando todavía estos aparatos “geoposicionadores”
no habían tocado la generalización de que gozan hoy - alcancé a preguntar para
que necesitaban ese ingenio con tanta premura.
La respuesta no se hizo esperar:
Necesitamos orientar la antena diretiví para mejorar
la señal de iespien porque hoy es el Clásico!!.
Ajeno totalmente a la referencia que me hacía, al
escuchar la palabra “clásico”, de manera
automática “me monté en la máquina del tiempo” para ubicarme en los CLÁSICOS que se disputaban en el hipódromo de La Rinconada, asiento de una de
las “palancas” que por allá en los años setenta, gracias a un giro de la
suerte, podían impulsar la movilidad social. Entendía que ya la actividad
hípica de tanta notoriedad en el pasado ahora ya no tiene tanta importancia,
por lo que no parecía razonable, más aún para ese medio, que hubiera un interés
tan manifiesto por “un clásico”.
En ese óvalo eran famosos los Clásicos: Presidente
de la República, Natalicio del
Libertador, La Rinconada, José Antonio Páez, etc. Se me representaron
entonces las figuras de los “jockeys” Gustavo Ávila, Juan Eduardo Cruz y Balsamino
Moreira; del entrenador jamaiquino Millard Ziadie y del “Pavo”
Noguera Mora, de Luis Plácido Pisarello, así como de Mr. Chips y de Aly Khan,
el narrador estrella orgullo de Ciudad Bolívar.
Esos breves momentos de cavilación no pasaron
desapercibidos para mi interlocutor pues en la expresión de su rostro se revelaba extrañeza.
Entonces me atreví a preguntar tímidamente de que clásico me estaba hablando y
allí su sorpresa aumentó porque seguramente en su mente no había espacio para
concebir que sobre la tierra pudiera existir alguien que no manejara el tema
del que me hablaba.
Entonces me lanzó:
Cónchale, como te digo! Tú me estás mamando gallo!
No puede ser que tú no sepas que hoy se juega el Clásico.
Allí, con vergüenza le confesé mi ignorancia.
Cónchale
Profe, hoy juegan el “barsa y el rial”.
Una explicación nula para mi entender, pero que fue asentida
con un ¡Ajá, ahora sí!
Después de entregarle mi Garmin 12 de la primera
generación pero aún funcional, comenzó a operar el ingenio como el más avezado
de los cartógrafos, paseándose con maestría sobre el teclado que ante la
presión le ofrecía una gama de opciones: Búsqueda de satélites, Setup, Menú,
Navegación, Brújula, etc. Después se desplazó rápidamente al sitio donde estaba
instalada la antena, y tras mirar los registros que aparecían en la pantallita,
a gritos, comenzó a girar instrucciones:
Un poco a la derecha… está bien así… enfoquen el
plato un poco hacia arriba… muévala, muévala, ahí … ahí… oquei.
La gritería cesó cuando sobre la pantalla gigante de
televisor apareció claramente la imagen de un estadio que identificaron como el
cannú, repleto hasta las banderolas, con
la mitad de los espectadores vestidos de tonos rojizos y la otra mitad de
blanco, los mismos colores que lucían las camisetas de los pobladores de la
comunidad y de los que llegaron en decenas de canoas desde otras localidades cercanas.
En un principio relacione a los jugadores con
equipos árabes, vistas los distintivos que lucían en las camisetas: Qatar Foundation la unas, y Fly
Emirates, las otras, pero después me explicaron que esos eran lemas comerciales
de los patrocinadores más fuertes de los equipos de futbol españoles barsa o
barça, que es un apócope de Barcelona y que el rial, era en realidad en Real
Madrid.
Más extrañeza me causó saber que los indígenas conocían
los nombres de todos los jugadores, sus nacionalidades así como las posiciones
que ocupan en el campo de juego. No faltó sorpresa al oír sus pronósticos y los
argumentos en que los sustentaban.
A la hora pautada para el inicio del juego, todo el
padrón del poblado, más los recién llegados estaban con ojos pegados en ese
recuadro luminoso que en 5.000 centímetros cuadrados reunía a las 100.000 almas
que a 7.000 Km NE, presenciaban el
“Clásico” en vivo.
Al iniciarse el partido me retiré sigilosamente
aunque no hacía falta la discreción porque todas las miradas estaban dirigidas
al televisor por lo que nadie podía darse cuenta de mí ausencia. Desde mi
hamaca, a la distancia oía el vocerío y los aplausos de los espectadores, arrancando
comentarios
y risas de mis compañeros de aposento.
Al día siguiente me excusé con los dirigentes
deportivos de la comunidad por no haberlos acompañado, explicándoles mi total
desconocimiento de ese deporte y que el mismo no tenía ninguna significación
para mí; que no seguía sus incidencias y que nunca había asistido a un estadio
ni visto un juego por TV. Noté su sorpresa y su incredulidad pero aceptaron las
disculpas que presenté.
En las tardecitas siguientes, grupos de niños que
adoptaban los nombres de los futbolistas más nombrados, con una pelota hecha de
trapos, repetían las incidencias del partido!
Consultas en:
saber.ucv.ve/jspui/bitstream/123456789/3775/3/INFORME.pdf



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