ANDANZAS DE UN TROPICANO (1)
A LARRY VINCENT
Omar Carrero Araque
Baquiano
Larry Vincent en las plantaciones de eucalipto de Eucapacific (provincia de Esmeraldas-Ecuador)
A mediados de 1966 llegó a Venezuela un joven procedente de Taos - Nuevo México, pleno de ilusiones y con su mochila cargada de recuerdos del Río Grande y de las montañas de Sangre de Cristo, naturalezas geográficas que marcaron su juventud temprana. A los 25 años se le presentó la oportunidad de escoger entre el entonces conflictivo sudeste asiático y esta bituminosa “tierra de gracia” como la distinguió Colón. Hoy casi medio siglo después de esta disyuntiva se puede asegurar que para Lawrence Vincent o Larry como lo conocemos, Venezuela sigue siendo su opción!! En su mochila traía también el título de licenciado en manejo de recursos que aquí complementó con una maestría en manejo de bosques. Más tarde la Universidad de Tennessee lo ungió de Doctor. La llegada de un estadounidense a Caparo en esa época causó un poco de recelo entre los obreros más viejos, quienes comentaban en voz baja: Ese musiú lo que anda buscando es petróleo porque lo hemos visto oliendo terrones de suelo y guardándolos en una bolsa!!! Larry, procedente de una región que aún conserva en parte la lengua castellana que hablaba Don Diego de La Vega, maneja el español intachablemente y en su pronunciación no se nota acento alguno que lo identifique como extranjero pues su tono se asemeja más bien al del merideño. Larry además es un músico de altos quilates que puede sacar del cordaje de la guitarra o del cuatro, preciosa melodía. Recién llegado a Mérida compartió residencia con Johnny Colmenares un joven elorzano quien lo invitó a vacacionar en el hato de su familia en el alto llano apureño. Allí conoció a los llaneros de hato que alternan faena y canto. Una mañana de claro cielo los peones quisieron lucirse mostrándole su destreza sobre el caballo y sobre la ejecución de las faenas llaneras sin saber que Larry, nacido en el oeste americano conocía muy bien los secretos y las ejecuciones del rodeo, lo cual para sorpresa de todos demostró con bravura al enlazar y maniatar a un becerro en pocos minutos. El asombro de los llaneros no paró allí pues esa noche “el catire” pulsando un cuatro con factura de Pablo Canela, tocó y cantó pasajes llaneros que su amigo le había enseñado.
Desde su ingreso a la ULA como profesor de postgrado en el área de la silvicultura se dedicó a innovar esta vieja ciencia alcanzando notables éxitos en este intento, ahora plasmados en sus libros sobre métodos cuantitativos de planificación silvicultural. Antes había desarrollado un método para clasificar la vegetación a nivel local aplicado con éxito en el manejo del bosque tropical. Su escuela fue la Estación Experimental Caparo, un laboratorio natural donde la Universidad puso en práctica un proyecto cuya dirección y ejecución compartió con el Maestro Luis Rodríguez Poveda.
La Universidad, algunos ministerios, empresas básicas del estado, empresas privadas y organismos internacionales como la Organización Internacional de las Maderas Tropicales (OIMT), han sido marcados con su sapiencia. Países como Bolivia, Colombia, Costa Rica, Argentina, Perú, Panamá, Surinam y el estado americano de Nuevo Mexico han incorporado su conocimiento en programas de manejo del recurso forestal y de la biodiversidad.
Como una de las tantas anécdotas en las que Larry aparece como protagonista en sus 48 años que lleva enraizado en el país vale señalar una con la que tal vez inicia su proceso de venezolanización: En su primer contacto con Caracas, Larry no sabía que en un país petrolero como el nuestro con mucha influencia de las compañías petroleras gringas, el idioma castellano ha sido penetrado fuertemente con términos anglosajones y que aquí, en un afán esnobista, pronunciamos o creemos que pronunciamos los nombres de empresas y marcas comerciales con fonética inglesa. El recién llegado se encontró de pronto en el maremágnum del terminal del Nuevo Circo y allí en el cafetín se acercó tímidamente al empleado de la barra y le dijo: QUIERO UN SIETE UPÉ POR FAVOR, a lo que el joven dirigiéndose al empleado de adentro, gritó a todo pulmón: SALE UN SEVEN OP PAL MUSIÚ!!! Allí el joven musiú empezó a entender nuestro spanglish y a explicarse porque decimos MAYAMI, YENERAL, FAIRESTON, FRÍZER O VIAIPÍ. Tiempo después, ya venezolano de cepa, me comentó su extrañeza de que en este país en donde todo se pronuncia a lo inglés, se llame PERRO CALIENTE a esa anti exquisitez que en todo el mundo y en el idioma que sea se conoce como HOT DOG.
1.- Tropicano es el epíteto que Jenny Vincent (en su poco español) le endilgó a su hijo para señalarle que después de casi 50 en Venezuela ya es un hombre de costumbres tropicales, que soporta a duras penas los rigores extremos del invierno neomexicano.

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