JESÚS BOLAÑOS
FACULTO EN LA BAQUÍA
Omar Carrero Araque
Baquiano
2010
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Jesús María Bolaños fue uno de los Baquianos Mayores que habitó la región de los llanos montañosos del suroeste de Barinas y Apure, en donde alcanzaron nombradía las montañas de Caparo, Guacas, Cutufí, El Nula, San Camilo, Soropo y Anaro. Su centro de operaciones lo tenía establecido en El Cantón de Barinas, pueblo al que había llegado tal vez desde Santa Bárbara siendo apenas un jovencito de siete años aunque para la época, a esa edad ya se ejercía como adulto. La montaña y la sabana conformaron su entorno junto con un río que le servía de escape al brindarle la oportunidad de ociar en medio de los afanes obligados para sobrevivir en esa entonces aislada e inhóspita región. Hace casi un siglo que su familia junto a la de Don Pablo Rodríguez fue una de las primeras en establecerse en un recodo del Caparo, en lo que ahora se conoce como Cantón Viejo. Allí en medio del claro que abría el cauce y sus vegas, estaba su vivienda rodeada de la selva profunda.
Seguramente, el corral y el rebaño, el canalete y la palanca, la sabana y la espesura, y las señas del cielo, fueron su primera escuela. Allí aprendió a desentrañar los secretos del río, del bosque, de la sabana y del firmamento.
Los nombres de las plantas se le hicieron familiares así como el de los animales de tierra, de agua y de aire. Aprendió a reconocer a las plantas por sus efluvios, a las aves por su canto y a los peces por su aguaje. Aprendió también a interpretar las señas del cielo para predecir la proximidad de las lluvias o los días calinosos del verano.
La necesidad de subsistir lo llevó al conocimiento de los servicios que procuran las criaturas del monte. El sustento y la curación estaban a su alcance, sólo tuvo que reconocer dónde. La pericia del río la copió de su taita quien primeramente le enseñó en su canoa de diario, el oficio de Palanquero, y más tarde el de Patrón, en los bongos de espadilla en los que surcaba hasta Caicara del Orinoco, en los momentos máximos del intercambio comercial entre el alto llano y el costo orinocense, que adelantó en casi un siglo el proyecto Eje Orinoco-Apure.
La vastedad de saberes adquiridos en su trajinar le valió para ser incorporado como Baquiano en la nómina de la Universidad de Los Andes. Desde la Estación Experimental Caparo acompañó durante más 25 años a las camadas de estudiantes, profesores e investigadores que hicieron del bosque su laboratorio natural. A los sesenta años de vida no conocía horizonte diferente al que le ofrecía la sabana, por lo que en una oportunidad el Coco Guevara, Profesor de Dendrología, lo invitó a participar en práctica de la materia hacia el centro del país. Entonces presenciamos su primer encuentro con el espacio marino: Se quedó un rato avistando la lejanía que se la abría frente a la Bahía de Cata y emocionado definió al mar con una sentencia ¡! que extensidá !!
En otra oportunidad, mirando el cielo mayero a la llegada de las aguas, observó a un par de gabanes cuyo vuelo reconocía fácilmente por la particularidad que tienen estas aves de alinear horizontalmente las patas con el pescuezo, ganando así majestuosidad en sus desplazamientos por las alturas; entonces me dijo: Umar yo creo que el gabán y el carrao son los pájaros más llaneros que hay, significando con ello que estas dos aves eran a su entender, las más representativas de la avifauna llanera.
Después de su jubilación y su viudez se adentró por varios años en tierras guayanesas trabajando como viverista de una empresa forestal, pero después de tres años regresó a su tierra adoptiva donde estaban sus verdaderas querencias.
Jesús o Chuy, se mantuvo activo hasta el fin de sus días, que le sobrevino en agosto del 97, cuando un tapabuche le hizo entender que había llegado la hora de verle la cara a San Pedro.
Le sobreviven, además de sus enseñanzas, sus refranes y la membranza de sus cantos y su zapateo en los joropos, porque es conocido que cuando ya tenía una botella del anisado La Gaviota entre pecho y espalda, soltaba su canto como buscando contendores para el contrapunteo:
Con el cuatro y con el tres
con el dos y con el As
cinco por ocho cuarenta
tabla de multiplicá
permiso pido señores
para empezar a cantá
Hasta ahí llegaba su reto porque tal vez era el único verso que sabía de los tantos que se necesitan para mantener una porfía o porque en realidad no hallaba contendores.
Hoy, Chuy Bolaños debe estar contento de haberse encontrado en las alturas con su viejo Juan, con Lucho Ballesteros y con Jorge Virigay, quienes seguramente ya le habrán enseñado los nombres de los bichos y de las matas de los andurriales del cielo.

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