UN MANDAMÁS BIEN MACHIRO
A CÉSAR BUSTAMANTE
Omar Carrero Araque
Baquiano
Foto: Vicente Garay
La llegada de un nuevo día en la Estación de Caparo se anuncia con la algarabía que forman loros y guacamayas al disputarse frutos y semillas sobre los copos de los grandes árboles. Esta sonoridad que se repite día a día retumba en nosotros “los capareños”, desde aquel 19 de enero de 1970 cuando un grupo de pioneros capitaneados por Larry Vincent se adentró al entonces macizo boscoso del Caparo, con la intención de emprender un ambicioso proyecto salido de la mente calenturienta de Luis Enrique Rodríguez Poveda e impulsado por la fuerza ejecutiva de Pausolino Martínez. Esta avanzada, compuesta además por Pedro Antonio Colmenares (+), Luis Ballesteros (+), Mario Valero (+), Antonio Araque (+), Custodio Colmenares (+), Wenceslao Virigay (+), Pacho, José León Soriano, César García y Marcos Morantes, estableció el primer campamento que un mes después recibiría al resto del contingente: César Bustamente, Amábilis García, Olinto Castillo, Honorio Campos, Martín Briceño, Melecio Soriano, Jesús Bolaños (+), Jorge Virigay (+) y este escribiente. Desde ese momento, César Bustamente, un joven de robusta contextura venido de San Cristóbal, de bien peinado cabello y fuerte capacidad de mando, asumió la conducción del personal. Desde entonces su voz clara y enérgica se escuchó en toda la Estación para dirigir las cuadrillas, organizar grupos, manejar la despensa, construir viveros, establecer plantaciones, realizar inventarios, inspeccionar explotaciones, tipificar la vegetación, combatir invasiones, controlar incendios, auxiliar moradores, adiestrar estudiantes, recibir investigadores, capacitar personal, y cultivar amistades.
Durante 34 años, este personaje se mantiene al frente de la Estación Experimental con el mismo ahínco, la misma firmeza y la misma voluntad del primer día. A la fecha de hoy, en su mente se acumula la más vasta experiencia de campo que técnico forestal alguno haya conseguido en el área de manejo del bosque tropical alto en Venezuela, un hecho singular que ha sido reconocido en el mundo forestal venezolano por individualidades, empresas y organismos relacionados con esta disciplina.
Desde el 2004, Bustamante como todos lo conocemos, ya no está en la Jefatura de la Estación; se ha jubilado de derecho. Ahora está, como el mismo dice, con el sol en la espalda, sobre la senda de la tercera edad, sin el cabello que tanto cuidaba en su juventud, pero con su ampliada frente muy en alto porque sabe que ha honrado el compromiso adquirido hace casi cuatro décadas con su escuela, con su universidad, con su país, con sus amigos y con su conciencia. Se mantuvo en estos espacios un tiempo más, mientras pasaba el testigo a su relevo, pero César Bustamante no podrá irse de Caparo, “la pizarra más grande que tiene la Facultad”, como él acertadamente define a la Estación y a su bosque, porque su espíritu estará fuertemente amarrado a esos “coñales de Dios”, una frase que acuñaba para representar al bosque. Su presencia se sentirá en los saqui-saquis, cedros, caobas y tecas que plantó, en las picas que abrió y recorrió, en los casildales, en las calcetas, en los bancos, en los bajíos y en el andillano río. No puede irse porque estará siempre en el recuerdo de Luis, Macedonio, Paipa blanco, Paipa negro, Camilo, Alí, Filiberto, Ciro, Medardo, Nano, Chucho y Yayita, sus hermanos de campamento.
Campamento Cachicamo 2005
1.- Machiro es un término del léxico hatero del llano occidental utilizado para señalar a las reses que se han criado en los Cachales (cachaleras), que además de bravías son de naturaleza desconfiada y mañosa. Por extensión se aplica a las personas de carácter fuerte indóciles y difíciles de engañar.Machiro es una de las palabras más usadas por Bustamante.

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