EL ABUELO
EMBLEMA VEGETAL DE LA ESTACIÓN EXPERIMENTAL
CAPARO
Omar Carrero
Araque
Baquiano
2012
| El Abuelo proyectándose al cielo |
Foto: Kicke Gámez
Cuando en 1967 se realizó el primer inventario forestal de la Unidad I de la Reserva Forestal Caparo, se estableció la red de
picas que cada dos kilómetros cruzan al bosque casi en sentido norte-sur
(70°N-O), esquineando con la Pica
Central. El Área Experimental de la Reserva cedida a la ULA en Comodato, se extiende desde la Pica 5, en el Este
hasta más allá de la Pica 9, hacia el Oeste.
La investigación ecológica con
fines de manejo se centró inicialmente
en esta última y más tarde en la Pica 8 pues ésta fluye por un área boscosa
menos intervenida y con mayor variedad de paisajes.
Allí en la Progresiva 2+400
de la Pica Ocho, sobresale con su silueta imponente, el “árbol emblema” de la
Estación Caparo, un ejemplar de la especie conocida comúnmente en los llanos
como Saqui-saqui blanco, ahora distinguido con el mote de “El Abuelo” porque empíricamente se ha relacionado su
gran porte con su senectud.
Este árbol llama la atención de los visitantes
porque su soberbia copa de unos 3.500 m²
se eleva hasta los 45 m y su tronco
provisto de enormes contrafuertes, con una
primera bifurcación a los 22 m de altura, registra un poco más de 9 m de
circunferencia. Su fronda, que a esa altura crea una isla vegetal, es el
asiento de centenares de otras plantas que aprovechan sus gruesas ramas como
substrato: Orquídeas, Cactáceas, Bromeliáceas, Hongos, Algas y Líquenes no
desaprovechan ese leñoso espacio, convertido ahora privilegiado “penthouse”,
que les brinda sostén, agua, luz y nutrientes.
Asociados a estos residentes aparecen también enjambres de insectos,
lagartijas y animales de vuelo que llegan hasta allí para descansar o para
otear a sus presas.
El nombre de “El Abuelo” resultó de un comento de Don Jesús Bolaños, uno de los baquianos mayores de Caparo. Ocurrió que en el verano de 1974, empujados por el avance de
los proyectos se hizo necesario abrir una pica intermedia entre la 8 y la
9 la cual se designó como Pica 8
Auxiliar (P8-A), que facilitaba la planificación de los trabajos y las
comunicaciones. En esta Pica, a unos 150 m al norte del camino antecesor del
camellón y antes de la Calceta se encontró una “mancha” de saqui-saquis en el
lugar conocido tiempo después como el Popo1, conformada por unos 160
árboles agrupados en una superficie algo menor de 3 hectáreas.
Esta
concentración llamó la atención por su rareza pues en el inventario apenas se contaban
unos 5 árboles de saquisaqui por hectárea. El viejo Bolaños resaltó que en “la
mancha había colinos de diferentes camadas”, creencia a la
cual llegó después de observar que los individuos presentaban muchas
diferencias en diámetro y altura.
Para esa época todavía no se había recorrido
completamente esta área de la Estación por lo que, fuera de los baquianos no
había mucha gente que conociera la existencia de los gigantescos saquisaquis
que medran en los bancos arenosos y que se salvaron del hacha de los madereros
justamente porque sus enormes aletones o “cachamas” en el lenguaje de aquellos,
dificultaban su tumba; los madereros perseguían más al saquisaqui rosado de
fuste más cilíndrico y de aletones más pequeños.
Fue entonces cuando Bolaños,
en una de sus salidas, señaló que él conocía al abuelo de todas esas generaciones y acto seguido nos condujo hasta
el célebre árbol, localizado a unos mil metros hacia el sureste. Desde ese
momento se le conoce como “El abuelo”, uniéndose así a la lista de árboles que
han servido de referentes toponímicos en el área, tales como la Palma Pintada,
el Apolo 11, el Charo de la 8-A o el
Manguito.
A este admirable ejemplar se le calculan unos 500 años de vida aunque
nunca se le han hecho estudios de datación. Si esta conjetura es válida, podría
especularse que en 1531, siendo apenas un jovencito de 20 años conoció al
welser Nicolás de Federman, de paso para Santa Fe de Bogotá por el camino de
indios que cruzaba la zona, y en 1534 al
Cacique Manuare en su viaje hacia los llanos. En este mismo supuesto,
seguramente presenció las ceremonias fundacionales de Santa Bárbara en 1710 y
de Guasdualito en 1770 y, un poco más tarde,
en 1813 pudo haber sido testigo del hecho histórico de la incorporación
de Páez al ejército patriota en Santa Bárbara, y en junio de ese mismo año, de
la captura en San Camilo del Coronel Antonio Nicolás Briceño.
Desde hace unos 40 años a la fecha, El
Abuelo se ha convertido en el árbol más fotografiado de Caparo pues los
centenares de visitantes que pasan bajo
su sombra no desperdician la oportunidad de fotografiarse frente al Gigante o
haciéndole ruedo entrelazando sus manos. También ha sido objeto de crónicas y
artículos de prensa, de manera que ahora su altanera figura es familiar hasta
en las páginas de internet. Quiera Dios que El Abuelo viva por muchísimo tiempo
más y con él la selva que lo rodea en las 7.900 hectáreas de la Estación.
1 El POPO es un topónimo de referencia de la
Estación Caparo cuyo nombre se deriva de la nomenclatura utilizada por Carrero y Bustamante en la preparación de las
áreas para la tipificación. Allí en ese punto está el Botalón P0-P0 que divide
al Rodal y que señala al Punto Cero de la Pica Cero.
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