Garcita:
Entre palmar y tonada!!
Omar Carrero Araque
Baquiano
Garcita, 2009
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| El Apurito frente a Garcita. Foto Coco Guevara |
Los
paisajes sabaneros hermoseados con palmares, esteros, caños o ríos, siempre han
sido fuente de poesía para los llaneros, que sienten a estos elementos como
parte integrante de su esencia. Este rasgo que conlleva a la inspiración se
manifiesta en la profusión de cantas en las que se exaltan estas expresiones
paisajísticas del llano.
Un poblado como Garcita, que brota en la confluencia
de dos emblemáticos ríos y en medio de sabanas, palmares y médanos y, además
obligado por la dinámica de las aguas, a la errancia estacional, no podía pasar
desapercibido en la coplería. Se tienen registros de la versación generada en Garcita por la brega trashumante
de los llaneros.
Algunas de estos cantos los registra Arvelo Torrealba en su
obra “Lazo Martí Vigencia en la lejanía” en la que el bardo barinés
destaca la importancia de las isletas del sur guariqueño y del bajo Apure para la supervivencia de los rebaños del llano
central guariqueño, sometidos a los rigores de la sequía. Estas isletas, entre
la que destaca Garcita, sirven de comedero cuando los pastizales del llano de
arriba ceden al efecto canicular y a la candela.
Entonces se inicia el traslado
del ganado hacia el bajo llano de la mano de hábiles vaqueros, que permanecerán
en Apure hasta tanto los pastizales del norte no se vistan de verde.
Dice Arvelo Torrealba que las muchachas garciteñas ante la llegada de los foráneos cantaban: “Llegaron los guariqueños – y trajeron sus ganaos – retírense de nosotras – los jediondos a pescao” , en alusión a sus coterráneos cuya ocupación era la pesquería. Al regresar a sus lares los guariqueños se despedían: “Adios señorita Juana – adiós Taita Bernabé – será hasta el año que viene – que nos volvamos a ver”.
Estas coplas que eran de “consumo
doméstico” lograron trascender cuando los copleros “buenos de verdá” tuvieron la oportunidad de llegar “al mundo
del acetato”, es decir, grabar sus canciones en discos de acetato. Entre estos
copleros destaca el sin par Ángel Custodio Loyola, quien incluyó alguna de
estas coplas en su primer “Carnaval”.
Más tarde en su pasaje El Socorreño en el
que recorre musicalmente a los pueblos
de su estado, hace mención a Garcita: “y
este verano que viene – me llegaré hasta Garcita”. Pero la mayor difusión
del nombre del caserío se alcanza con la sentida tonada de Simón Díaz que lleva
justamente el nombre del Caserío y de la que
se comenta que El Maestro la compuso como demostración de amistad hacia poeta garciteño
y su amigo preciado Ángel Eduardo Acevedo, con quien ha sido trochero del mismo
rumbo en el canto y la versación.
Para entender el sentido de esta composición
es necesario conocer el entorno de Garcita o por lo menos tener una exacta
noción de su dinámica. Es interesante hacer notar que ninguno de los habitantes
del poblado con quienes tuve contacto, conocía esta tonada.Trataremos
de explicar sucintamente la motivación que llevó a su composición.
Como se dijo anteriormente, durante los
fuertes meses de verano las sabanas arenosas del centro del Guárico se asemejan
a un desierto, obligando a los Hateros a movilizar sus ganados hacia el sur, en
donde están los pastos verdes que sirven de “comederos”. La llegada al pueblo
está bordada de nutridos palmares que ocupan las sabanas de desborde de los
ríos vecinos.
“Me
voy camino a Garcita - Donde están los comederos - donde la palma y el río -
aumentan mi desespero”.
Estos
ríos, el Apurito y el Guariquito, al desbordase en la época de invierno,
inundan durante largo tiempo, sabanas y palmares, así como al mismo Caserío,
obligando a sus habitantes a buscar refugio en los médanos vecinos o en chozas flotantes
asentadas sobre falúas. Sin duda este hecho que inspiró la copla:
“Río
crecido, río crecido - rebaja tu tempestad - que los chinchorros de noche - se
mueren de soledad”
La trashumancia que a
comienzos del verano movía al ganado
desde los medanales del centro guariqueño, una suerte de desierto en el que
apenas aparecen pequeñas lagunas y palmares que hacen el papel de oasis, parece
haber sido el lance en el que Simón, ubicándose como dueño de hato recomienda
al Cabrestero:
“bebe
cabrestero – bebe de mi morichal –
Indicándole,
además que la travesía será larga ya
“que mucho aguaitacamino – te faltan para
llegar”,
En
esta última estrofa muestra en una hermosa aproximación, cómo se miden las
distancias con la presencia de los aguaitacaminos apostados regularmente a la
vera de los senderos.
Ya
en una última copla parece que Simón hace referencia a su vaquita de ordeño de
nombre “Fruta e´ palma”, a la que busca todas las tardes en su comedero para
asegurar así la leche mañanera. Regresar al caserío en compañía de esta vaquita
significa que su esfuerzo y sudor será gratamente recompensado en la totuma
espumosa que le asegura la cuajada del desayuno.
“Fruta
’e palma, fruta ’e palma - acompáñame al andar - que contigo y mis sudores - es
más bonito llegar”
En
esta reseña se intenta pintar a Garcita, un pueblo atípico, puesto dentro del llano más bajo, en el que la gente se ve obligada al trasiego
periódico para ajustarse a la dinámica de las aguas. Se resalta la inmensa querencia
de los garciteños por su terruño en la manera asombrosa de apegarse a su suelo,
en donde viven felices y en el que de ninguna manera llegan a sentirse desesperados
en esas soledades, ni por la palma ni por el río, sus eternos acompañantes.!!!


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