En esta tercera parte se relata la entrada a la altillanura, el viaje por el Capanaparo y las experiencias hateras.
De por los
lados de El Viento (3/3)
Omar Carrero Araque
Baquiano
Población de Elorza
2012
Paseo Alma Llanera a orillas del Arauca
La aparición de
los moriches, de la palma macanilla y del saladillo sobre una matriz sabanera
de paja saeta es una señal inequívoca de que estábamos dejando atrás los llanos aluviales para
entrar en los altillanos de origen guayanés.
Estando en medio de estas consideraciones
territoriales el Maestro Andrés Luciano volvió a intervenir para señalarnos un
médano a la distancia, al que distinguen como el Médano del Parque pues se
comenta que allí están enterradas las armas de Maisanta y Arévalo Cedeño.
Acotó
también que esa zona estuvo muy poblada antes de 1920, pero que ese año ocurrió
una rebelión indígena pumé en contra de las fundaciones de los criollos,
matando a la mayoría de éstos y ahuyentando a los sobrevivientes.
Cuando el sol
había caído un cuadrante, Abraham Díaz Araque, quien nos atendió en La Coronadeña nos
indica que el ágape está servido por lo que sin más rodeos nos instalamos en el
largo mesón justo enfrente de un
generoso plato de gὓire guisado bien escoltado con arroz y
yuca.
En la conversación post-comilona
se tocaban temas referentes al quehacer del hato y de las artes de las que se
valen para superar pequeñas trabas. Así supimos que los llaneros prefieren las
sogas de nylon antes que las de cuero no sólo por la facilidad de conseguirlas
en el mercado sino porque a decir de nuestro anfitrión, para la “talla” de
estas últimas se está utilizando cuero de
ganado mestizo que es menos fuerte que el del criollo, haciendo que las
sogas o “guarales” como se les llama en
argot, se revienten al menor
templón.
También supimos en esta
conversa, a propósito de la llegada al patio de la casa de una gallina piroca
seguida de un batallón de pollitos guinea, que en el llano apureño se hacen empollar los
huevos de las gallinas de Guinea por las
gallinas criollas porque estas últimas cuidan mejor a sus polluelos, pues las Guineas se meten a los matorrales
dejando a los pollitos y las pollitas a merced de los gavilanes y caricaris.
La continuación
del viaje lo hicimos en buen trecho
siguiendo el curso meándrico del Capanaparo, cuyas orillas estaban bordeadas por bosques de
galería en menoscabo, en los que sobresalen chiguales emplazados justo al borde
del agua.
Del otro lado del río se abre la sabana ondulada cubierta por saeta,
algunos chaparros esparcidos y, en las hondonadas con agua permanente, por
altivos moriches. No hay horizonte porque el mismo está encubierto por el lomo
de los médanos.
Llama la atención la ausencia de aves vadeadoras en los charcos
interdunales de la altillanura, una ausencia posiblemente unida a la escasez de alimento, pues estos charcos que
se generan por la acumulación de agua durante la época de lluvias no alcanzan
la condición de esteros, rompiéndose de esta manera la afirmativa de una
alusiva copla popular:
“aquí, el gabán y
el carrao, tienen su comía segura, el gabán en la guabina y el carrao en la
guarura”
La llegada a
Rancho Lejos se hace casi al final de la tarde. En la estancia fuimos recibidos cordialmente por Andrés Luciano y el Encargado del Hato. Un vistazo a las
instalaciones basta para saber que hay mucho trabajo y corazón puestos allí en
ese pedazo de sabana. Un molino de viento mueve lentamente sus aspas como si
quisiera saludarnos.
Nos espera la casa de visitantes, con buenos servicios en
cada una de sus habitaciones y, un
amplio corredor protegido con malla anti
mosquitos, invita a guindar las hamacas. Una caballeriza con su canoa para
picar pasto, los garabatos sogueros, los aperos en una vara, mandadores y
marotas. En otra casa se emplaza la
cocina donde las señales visuales y olfativas indican la hora del café o de las
comidas.
El humo azulado delata la combustión del chaparro manteco. En medio de
esa niebla se mueve Sonia, la joven Pumé que se encarga de preparar las copiosas viandas. Un gran mesón convoca a
la asamblea tres veces al día. En esos encuentros se manifiesta la
proximidad entre los hombres del Hato;
porque dueños, caporales y obreros concurren a la mesa en una nota de igualdad.
La comida nocturna se adereza también
con cuentos y chacotas que se prolongan más allá del propio convite.
Al sur de
las instalaciones, a una centena de metros discurre hacia el este el caño Los
Canarios, una corriente de aguas vivas y trasparentes cuyas playas sombreadas
por altos moriches, ejercen de balneario providencial para después de la dura
brega.
Un apretón de
manos con Andrés Luciano, Milko, Edgar y Rogelio marcó la despedida de Rancho Lejos, un gesto simple en el que sentimos que ese adiós sólo nos distanciaría en la geografía y
no en el afecto, pues en el espíritu
abierto y franco de los apureños está
reciamente labrado el sentido de la amistad.
Se revisó a:
1.
Rago,
V. 1999 Llano y llanero: contribución al estudio del forjamiento de una imagen.
Boletín antropológico nº
45 enero–abril, 1999, ISSN 1325-2610. Centro de Investigaciones Etnológicas –
Museo Arqueológico – Universidad de Los Andes – Mérida.
2.
Páez J.A. Autobiografía. Colección de Libros
Revista Bohemia. Caracas
3.
Botello, O. 2009 Elorza o El Viento. El Paralelo Siete. Colección Monografías.
Centro Nacional de Historia. Caracas.
4.
Méndez E., A. Historia de Apure
www.portalapure.com/Elorza1.htm -
50k -
5.
Alcaldía Bolivariana de Elorza – UE -Total. -
Rómulo Gallegos: Municipio Ecológico de Los Llanos Venezolanos. 2011
6.
Tapia, J.L.
1980 La Música de las Charnelas.
Ediciones Centauro 80. Caracas

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